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Managua, Nicaragua. El escándalo de un complejo entramado de encubrimientos a miles de abusadores sexuales dentro de la Iglesia católica erosiona la credibilidad de esa milenaria institución a nivel global, en la medida que se dan a conocer episodios espeluznantes protagonizados por hombres con sotanas.

Hasta la fecha en Nicaragua no tuvo lugar una denuncia de este tipo de aberración, destapada en diversos países y congregaciones, con miles de víctimas, principalmente niños y niñas.

No obstante, en la nación centroamericana la violencia y el odio sí encontraron refugio e impulso bajo la sotana del influyente obispo auxiliar de Managua, Silvio Báez, quien quedó en evidencia como uno de los principales conspiradores contra el gobierno del presidente Daniel Ortega.

La revelación de dos audios en los que se escucha a Báez promover e incitar al derrocamiento del gobierno sandinista por vías de hecho, menguan aún más la confianza en la Conferencia Episcopal de Nicaragua como agente de paz.

Hoy muchos se preguntan hasta qué punto la jerarquía católica del país, de la cual forma parte el obispo auxiliar, sabía de las andanzas políticas y conspirativas del prelado, escudado bajo el manto de su dignidad religiosa para operar contra un gobierno legítimo.

A ello se suma el fracaso de un diálogo nacional mediado por la Conferencia Episcopal, cuyo accionar inconsistente, ambiguo y desbalanceado puso en entredicho su labor en medio de una crisis que devino en un intento de golpe de Estado, cobrando cientos de vidas, sobre todo de seguidores del sandinismo.

Y es que en los citados audios Báez llama abiertamente a reinstaurar la violencia y el terror en el país, como única vía para sacar del poder a Ortega, a quien descalifica junto a los presidentes de Venezuela, Nicolás Maduro, y Bolivia, Evo Morales.

En una de las grabaciones de sus reuniones clandestinas, Báez utiliza un duro lenguaje contra todo lo relacionado con el actual Ejecutivo y los que no apoyan a la llamada Alianza Cívica (de oposición).

Monseñor exhorta, según se escucha en el audio, a presionar al gobierno por medio de la reinstalación de los tranques (bloqueos de vías), que ocasionaron muertes, violaciones, desabastecimientos, entre otros males, todos calificados aquí de actos terroristas.

 “Se necesita presionar nuevamente al gobierno para que vuelva a pedir a la Conferencia Episcopal la reanudación del diálogo. Se ha pensado en la opción de volver a poner tranques…”, expresa Báez, quien desde el estallido de la crisis mantuvo una labor activa en las redes sociales en contra del sandinismo.

Igualmente señala que la denominada Unidad Nacional Azul y Blanco debe incluir a todos los opositores al gobierno, “aunque haya sospecha de ser oportunistas, abortistas, homosexuales, narcotraficantes (…) para lograr el objetivo final”.

Báez también reconoce que “la situación actual de la gran Unidad Azul y Blanco, como una primera etapa, no es la de un partido político, sino la de una unidad de toda la nación, de cara a quitar (derribar) el gobierno actual”.

A su vez, en sus conversaciones admite que junto con él, otros miembros de la jerarquía católica conspiraron y alentaron la desestabilización social, a fin de arrinconar al pueblo y provocar un fuerte estallido violento en las calles para propiciar un estado de ingobernabilidad.

Incluso, como parte de ese plan desestabilizador, el obispo llama a golpear instituciones como el Ejército de Nicaragua, ente que mantuvo a lo largo de la crisis una postura firme de no confrontación, pese a las provocaciones y difamaciones de las que fue objeto por parte de los violentos y golpistas.

Pero más allá de estas declaraciones, la pregunta que pesa hoy sobre la opinión pública es cuán profundo es el complot y la conspiración dentro de la Iglesia católica y quién dará la cara ante un pueblo que se precia de su fervor religioso y las conquistas sociales alcanzadas tras superar años de guerras y muertes.

De momento, el cardenal Leopoldo Brenes confirmó la autenticidad de uno de los audios revelados, el cual –dijo– fue grabado durante una reunión privada y cuya intervención “desgraciadamente” alguien filtró.

El arzobispo de Managua y presidente de la Conferencia Episcopal, no obstante, evitó ahondar en sus declaraciones y sostuvo que no ha escuchado muy bien el audio, al alcance de cualquier ciudadano a través de los formatos digitales de medios de comunicación.

Asimismo, Brenes indicó que el papa Francisco, atorado en disímiles escándalos sexuales de connotados obispos y sacerdotes en varios países, es el único que puede decidir si Báez se va del país o no, como lo han solicitado grupos de cristianos o ciudadanos particulares.

Según la Comunidad Cristina San Pablo Apóstol el obispo auxiliar es un obstáculo para la paz y la reconciliación en Nicaragua, al considerar que el prelado se corrompió por el odio y la sed de poder.

En ese sentido, el miembro de la citada comunidad Rafael Valdez reiteró que el pedido al papa Francisco es que retire al obispo de la nación centroamericana por el daño ocasionado a la Iglesia y a sus seguidores, sin distingo de credos políticos.

“Lo que pedimos es que se vaya porque está haciéndole daño a la Iglesia católica, porque la Iglesia católica no es la curia, no es la jerarquía, la Iglesia católica es el pueblo creyente (…) Y a ese pueblo creyente le está haciendo daño, porque con estas sus acciones ha logrado dividir a la grey”, subrayó.

Valdez lamentó que ahora los cristianos católicos están divididos, como consecuencia de las posiciones divisorias y sesgadas de los obispos.

 “No han sido realmente lo que deberían ser: pastores que llaman a la paz, a la reconciliación, que luchan para que la gente se entienda dialogando y no matándose; y ellos (los obispos) han estado haciendo todo lo contrario”, afirmó.

En opinión de Valdez, monseñor Báez es nocivo para la  iglesia y por tanto debe abandonar el país para el bien del pueblo nicaragüense y la institución que dice representar.

Por otro lado, el periodista y comentarista Moisés Absalón, en un artículo titulado “Más allá de toda duda”, sostiene que la viralización comprometedora del audio es en realidad la muestra más evidente de que todo lo actuado en calidad de pastor no fue más que una pantalla para dar rienda suelta a una posición política contra el presidente Ortega.

También advierte que los medios de comunicación que se prestaron a destruir el país, lanzados por quien públicamente se manifiesta como el padre de la llamada Alianza Cívica, están diciendo “un montón de locuras para tapar la enorme pestilencia de este destape y lo hacen porque les afecta”.

No faltarán quienes esgriman que los audios son una invención o están manipulados y el obispo no ha hecho más que “servir” al prójimo, pero difícilmente tales argumentos podrán silenciar las propias palabras del hombre con sotana que apostó por la violencia sin importar que los nicaragüenses se mataran entre sí.

Alberto Corona/Prensa Latina

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