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El adjetivo correcto de lo que están haciendo Del Mazo III y Peña en el Estado de México en sus últimos días de príncipe consorte, es precisamente: despilfarro. Con lo que estos dos cómplices en el abuso del poder, al parecer serán los últimos de la dinastía de Atracomulco-Atlacomulco, ya que se han dedicado a derrochar, dilapidar, disipar, malgastar, tirar, gastar dinero sin necesidad, en mucha más cantidad de lo necesario o prudente o en cosas innecesarias. Esto según el diccionario de María Moliner.

Ahora, conforme al Código Penal Federal, también cometen abuso de autoridad según el Artículo 215, fracción VIII; y el Artículo 217, fracción III. Así como otros delitos de mayor jerarquía que están en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en sus Artículos: 198 al 114. Y los respectivos Artículos de la Constitución del Estado Libre y Soberano del Estado de México. Además de que Peña sigue usando el avión presidencial de miles de millones de pesos para viajar como pasajero solitario; claro, con  sus guardaespaldas. Y no tiene para cuándo desocupar Los Pinos, para seguir gozándola como virrey y usando el Palacio Nacional para sus fiestas de Informe presidencial.

Su primo hermano, Alfredo del Mazo Maza, ofreció su primer informe con lujo de publicidad millonaria, para anunciar su mal gobierno. Y Peña fue como representante de sí mismo para dictar frívolo discurso al anunciar que en cuanto sea el 1 de diciembre, se irá a vivir a su casa-mansión con campos de golf en el Estado de México. Y estarán con él Videgaray, Miranda y el propio Del Mazo III, para burlarse de López Obrador. Ha pagado Del Mazo publicidad por prensa escrita, radio y televisión, exagerando sus acciones con fotos entregando canastas, mostrando el auxilio a los adultos mayores y el salario rosa… todo para hacer creer que ha ido más allá de los ofrecimientos de AMLO; pero al que le cierra un ojo para quedar bien, agradeciendo a Peña que lo haya recomendado con el nuevo Presidente de la República. Es un gran despilfarro con abuso del poder.

Peña anda como si nada e incapaz de un acto político republicano, ya que, como la esposa de Javier Duarte: “se lo merece”. Así que ambos son las dos caras de la misma moneda de la corrupción. Nada los detiene y siguen actuando como dos cesaritos del sistema priísta. Del Mazo III publica su foto como ha hecho Peña, ya que los dos cojean del mismo pie: se creen galanes; uno con el copete muy menguado y el otro con su blanca cabellera anunciando sus “éxitos” con dinero del pueblo mexiquense; entidad que posee el récord de feminicidios a nivel nacional. Y donde la corrupción permea las funciones gubernamentales.

Uno y otro siguen despilfarrando como virreyes. Peña se irá –lo cual es de dudarse– a refugiar en Atlacomulco, pero ya sabremos cuando se vaya de viaje a gozarla de lo lindo con sus ahorros, sus propiedades, sus ingresos de los que no gastó ni un peso; sus joyas, obras de arte e inversiones, bastaste aumentadas respecto a lo que declaró como bienes (El Universal, 17 de enero de 2013). Ya obtuvo el perdón y olvido de su sucesor. Y Del Mazo la bendición de Peña. Ese mediocre funcionario, pésimo presidente encabezando la corrupción de su sexenio que la noche del 15 de este septiembre se puso ridículamente sensiblero, para desde el balcón de Palacio Nacional escenificar, pues, un cuadro repugnante para despedirse ante los mexicanos presentes en la Plaza de la Constitución.

En un espectáculo degradante, abrazaba a sus hijos. A su esposa. Lloriqueaba y cuando, supuestamente, con los dedos de sus manos quiso hacer la figura de un “corazón”, no dudo que realmente eran los famosos “caracolitos” que es la expresión para mandar a la chingada, lo que trató de enviar en vivo y por la televisión; pues sabe que es odiado hasta querer que sea llevado a responder de su fallido gobierno que ha dejado a la nación en la devastación social, económica y política. Sus lágrimas de cocodrilo fueron porque con su neoliberalismo económico se tragó la riqueza del país; y lo mostraron como un actor de quinta ya que su esposa, actriz de Televisa, no logró que aprendiera el “abc” para lucir su apagado copete ante sus acarreados del Estado de México (de donde salieron los “porros” que atacaron a los estudiantes de la UNAM) y el resto del público que fue a vitorear a los Héroes de 1810. Y, de paso, a pitorrearse de Peña quien se desquitó con sus “caracolitos”.

Deja Peña una nación en ruinas. Caótica por la sangrienta violencia, funesta por los cientos de miles de fosas clandestinas repletas de cadáveres, en las entidades donde desgobernaron sus Javier Duarte. Hay desgracias por todas partes. Abandonó a su suerte a los afectados por los terremotos. Sus cómplices saquearon el dinero del pueblo. Enriqueció a sus socios de la empresa Higa y a otros más como Odebrecht; dejando a Lozoya como presunto destinatario de millones de dólares. El Peña del 15 de septiembre, cínicamente, maloliente de corrupción, enseñaba la Banda Presidencial que deshonró por 6 años, para con sus gritos nerviosos, dizque vitorear al pueblo y a sus héroes que nos dieron la Independencia; pero varios descendientes de los virreyes han perdurado con el priísmo de los Salinas, Zedillo y el mismo Peña, más los panistas de Fox y Calderón.

Álvaro Cepeda Neri

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