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La Habana. La secta terrorista Boko Haram, que opera en la cuenca de lago Chad, en África occidental, continúa sus agresiones contra objetivos civiles aunque pierde fuerza, por lo cual varía tácticas.

El lago Chad es la frontera fluvial entre Nigeria, Camerún, Níger y Chad, un espejo hídrico del que se aprovechaban económicamente millares de personas hasta que la banda fundamentalista comenzó sus asedios y a ocupar parte de sus islas, lo cual generó pánico en agricultores y pescadores, quienes abandonaron el lugar.

Ese grupo extremista de confesión islámica pierde fuerza por las ofensivas de las tropas de Nigeria, su país de origen, y de Camerún, un vecino muy afectado por sus incursiones, por lo cual varía la táctica tremendista sistemática por otra de acciones espaciadas en el tiempo.

Dicho grupo armado, cuyo nombre completo es Jama’atu Ahlis Sunna Lidda’awati Wal-Jihad, que significa “Gente Comprometida con la Propagación de las Enseñanzas y la Jihad del Profeta”, se conoce comúnmente por su denominación en síntesis en el idioma árabe-hausa como Boko Haram: “La educación occidental es prohibida”.

Esa formación insurgente perdió la capacidad operativa que en su momento la colocó entre las primeras 10 organizaciones terroristas del mundo y entre las cinco más letales del Continente Africano, donde actúa militarmente desde 2009, cuando atacó comisarías y otras dependencias oficiales en el norteño Estado nigeriano de Borno.

Según fuentes de las ofensivas castrenses lanzadas contra Boko Haram en la región septentrional de Nigeria, donde también sufren el castigo terrorista los Estados de Yobe y Adamawa, la secta causó más 20 mil muertos en sus nueve años de insurgencia y convirtió a un millón de personas en desplazadas.

Sus agresiones se extendieron y golpearon duramente en zonas fronterizas de Camerún, en las cuales es notoria la presencia de refugiados y en las orillas del lago Chad, donde atacó campamentos de desplazados internos y de procedencia foránea, pese a la vigilancia policial y militar existente en esas áreas.

Una fuerza conjunta se articuló para enfrentar a la secta extremista y es evidente que esa opción defensiva dio resultado, de ahí el declive de Boko Haram, que desde hace mucho parece perdió la brújula doctrinaria y sus acciones de un tiempo a esta parte se remiten a procurar logística, con el robo de ganado y esclavas sexuales.

La secta terrorista se aleja del propósito de su fundador, Mohamed Yusuf, que a finales de los años 90 y principios de 2000 se pronunciaba por establecer un (neo) califato en los estados norteños nigerianos de Yobe, Adamawa y Borno, de mayoría musulmana, y en los cuales esperaba imponer con rigidez la Sharía o Ley islámica.

También el desgaste y los cambios en esa formación insurgente se evidencian con el empleo reiterado de menores de edad, por lo general niñas, en la ejecución de atentados suicidas contra entidades civiles, en las que se concentran cantidades significativas de personas, como son los centros comerciales.

Caudillos de la organización extremista -autotitulados emires-, detenidos por las fuerzas de seguridad, manifestaron en varias ocasiones su desconocimiento del Islam y fueron incapaces de interpretar aleyas o versículos del Corán, por lo cual se resume que hay mucho que esconder más allá del umbral.

¡La garra de la CIA?

Desde hace tres años, el presidente de Nigeria, Muhammadu Buhari, mantiene su promesa de erradicar al grupo insurgente, del cual investigadores no descartan que sea un instrumento de desestabilización empleado por la estadounidense Agencia Central de Inteligencia (CIA) para avivar el fuego integrista contra el gigante petrolero africano.

“El objetivo de la presencia militar estadounidense en África está bien documentado: contrarrestar la influencia china y controlar los lugares estratégicos y los recursos naturales, incluidas las reservas petroleras”, afirmación “confirmada hace ya más de ocho años por el Departamento de Estado estadounidense”, apuntó Julie Lévesque en Global Research.

En mayo de 2014, African Renaissance News publicó un reportaje sobre Boko Haram y la posibilidad de que fuese otro operativo secreto de la CIA para hacerse con el control del combustible en Nigeria.

“El mayor triunfo del Africom (Comando de Estados Unidos para África), con vistas a implantar una Pax Americana en ese continente, sería lograrla en el país más estratégico, Nigeria.

“Es en este marco donde entra en perspectiva el asunto de Boko Haram, que causa furor, y la predicción del Intelligence Council de Estados Unidos de la desintegración de Nigeria en 2015 (…)”, aseguró.

Ante las elecciones

“Seguimos comprometidos con acabar con la crisis y hacer que el nordeste sea seguro para todos”, manifestó el presidente de Nigeria, Muhammadu Buhari, en cuya carrera política resultaría muy positivo eliminar a la secta integrista y postularse para las elecciones de 2019.

Las expresiones de Buhari cobran mayor importancia cuando su país se prepara para los comicios, en los que el tema seguridad centrará el discurso de muchos aspirantes y no solo sobre Boko Haram y sus exacciones en la cuenca del lago Chad, sino también acerca de la situación en el delta del Níger, donde se halla el emporio del hidrocarburo.

Esa es en realidad una carrera contra el tiempo que el Estado nigeriano requiere vencer porque el país y sus instituciones no deben correr el riesgo de una escalada terrorista que amenace, primero, su integridad y soberanía, y segundo, agudice la crisis socioeconómica -en término de pobreza- en que se debate casi la mitad de su población.

Sin dudas es tiempo de resolver el asunto de la seguridad nacional, en lo cual están enfrascados el Ejército, las fuerzas policiales y las milicias de autodefensa aliadas a esos institutos. Resulta un momento de acción en el cual la institucionalidad está en juego.

Si bien la secta terrorista declina y ya las grabaciones de vídeo de su jefe Abubakar Shekau son cada vez más desconcertantes cuando se expresa en nombre de una agrupación que, aunque en 2005 se comprometió con Al Qaeda, hoy es una entidad en fase de regresión con el liderazgo debilitado, dividido, aún resulta peligrosa.

Julio Morejón*/Prensa Latina

*Periodista de la redacción África y Medio Oriente.

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