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“Existe en el imaginario social [la idea de] que una persona de 60 años va perdiendo habilidades, es decir, que ya no tiene la misma capacidad laboral para desempeñar ciertas atribuciones que su empleo le requiere, ya sean de actividad mental, de movilidad o de interlocución”, señala Jacqueline L’Hoist Tapia, presidenta del Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México (Copred).

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), este sector de la población ocupa una posición laboral precaria o inexistente, producto de la discriminación de la cual llegan a ser sujetos. L’Hoist precisa que es “el nivel educativo el primer detonante de la discriminación”.

La presidenta del Copred expresa a Contralínea que el fenómeno de discriminación laboral se puede dar por 3 prejuicios: uno personal, “ya tengo 50 años y ya voy pensando en mi jubilación”, y otros dos que atañen a los empleadores: “ya trae sus ideas firmes, no es como una persona joven a la cual yo puedo hacer a mi manera” o “para qué lo contrato si nada más va a tener una vida laboral activa de 5 o 6 años, [luego ya] no tiene las habilidades”.

Esto termina por poner a la persona en una situación de vulnerabilidad, puesto que se trata de un prejuicio, “una opinión antes de que tú conozcas a la persona”.

Lo anterior explica por qué, además de ser el sector poblacional que menor número de prestaciones laborales concentra (con un 50 por ciento según la ENOE), es el grupo que se encuentra mayormente empleado en la informalidad (74.2 por ciento de acuerdo con el Inegi).

La Ley de los Derechos de las Personas Adultas Mayores establece que las personas mayores de 60 años deben gozar de igualdad de oportunidades en el acceso al trabajo. Sin embargo, ahora “te ponen una edad límite, dicen menores de 25 años [y], de repente, te das cuenta que toda esta maravillosa experiencia laboral que puede enriquecer a una empresa, un negocio, o una industria, con los prejuicios, no los valoran”.

L’Hoist también precisa que el fenómeno no es nuevo y que se encuentra plasmado en una idea generalizada entre empleados y empleadores que viene de tiempo atrás.

El 14 de diciembre de 1990 la Asamblea General de las Naciones Unidas designó al 1 de octubre como Día Internacional de la Personas de Edad (adultos mayores), para reconocer sus contribuciones al crecimiento económico y social, así como las oportunidades y retos asociados al envejecimiento y el entorno laboral.

Fabián Vega