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Tras la matanza del 2 de octubre, hubo quienes no se dejaron aplastar y se organizaron para responder al Estado: cientos tomaron las armas y dieron pelea toda la década siguiente

Archivos de inteligencia militar reconocen que la represión contra los estudiantes en 1968 (y luego en 1971) orilló a cientos de jóvenes a optar por la lucha armada. Algunos se integraron a guerrillas ya existentes y otros formaron nuevos movimientos revolucionarios.

Documentos elaborados entre 1970 y 1982 por analistas de inteligencia militar –a los que Contralínea tuvo acceso– dicen que el movimiento estudiantil fue un “fracaso” para sus organizadores; pero reconocen que “la represión policiaca y militar” motivó a “ciertos grupos” a “desatar” la lucha armada.

Además de la masacre del 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco, Ciudad de México, otros hechos provocaron el florecimiento de organizaciones revolucionarias. Analistas de inteligencia militar destacan el encarcelamiento de la Dirección del Partido Comunista Mexicano y la ruptura entre esta organización y su Juventud Comunista.

Uno de los legajos, titulado simplemente Movimiento de Acción Revolucionaria (MAR), señala que grupos de jóvenes hicieron crisis, quedaron sin control del partido o de alguna estructura política, e “iniciaron los preparativos para desencadenar la lucha armada”.

En el mismo documento se señala que desde finales de octubre de 1968 se conformó un grupo que más adelante desarrollaría acciones de guerrilla urbana. Destaca que el movimiento estudiantil –y gracias a la “crisis” del Partido Comunista– “fue el semillero de una serie de grupos, en su mayoría estudiantes miembros de la Juventud Comunista Mexicana, que iniciaron una serie de acciones armadas a partir de 1969”.

Señala que, en efecto, una de estas organizaciones armadas creadas por estudiantes fue el MAR. Y no sólo con alumnos de la Ciudad de México. En Morelia, Michoacán, en octubre de 1966, se había desarrollado un movimiento estudiantil-popular con las mismas características del que se desarrollaría en la capital del país 2 años después:

 “[…] la misma constelación de fuerzas de oposición, el mismo enfrentamiento entre autoridades universitarias, la misma movilización del aparato político oficial, la misma búsqueda de ‘culpables’ dentro del grupo gobernante y la misma solución del conflicto: la represión y la invasión militar del recinto universitario […].”

En el legajo se destaca que si algunos estudiantes se mostraban indecisos sobre optar por la lucha armada, la represión del 10 de junio de 1971 les confirmó que la lucha pacífica no tenía sentido.

 “Un acontecimientos que empujó a definitivamente a estos grupos a pasar a la acción directa fue la violenta represión que sufrió una manifestación estudiantil en la Ciudad de México el 10 de junio de 1971, realizada en apoyo a las demandas de los estudiantes de la Universidad de Nuevo León.”

Otro documento, titulado Movimiento armado en Guerrero, da cuenta de la intensa actividad del Ejército Mexicano para sofocar a los movimientos armados actuantes en diversas regiones del territorio nacional desde principios de la década de 1960.

Los capítulos de este documento se titulan “Movimiento de Genaro Vázquez Rojas”; “Movimiento de Lucio Cabañas”, y “Respuesta del Gobierno ante el movimiento armado en Guerrero”. Cada uno de ellos se divide en subcapítulos con actores principales (personas y organizaciones).

En el escrito queda claro que la agitación social que vivía la entidad comenzó a registrarse desde la segunda mitad de la década de 1950. Para 1968, el Ejército se encontraba ya en plena campaña contra grupos insurgentes en Guerrero y Chihuahua, principalmente.

Los grupos guerrerenses que se fortalecieron con grupos del movimiento estudiantil de 1968 fueron la Asociación Cívica Nacional Revolucionaria (ACNR, guerrilla rural y urbana) y el Partido de los Pobres (Pdlp, guerrilla rural, con la que terminaron rompiendo los estudiantes citadinos).

Un documento más, Grupo “Los Procesos”, señala que luego de la masacre de 1968 el Partido Comunista Mexicano fue rebasado por su Juventud Comunista y, al no poder controlarla, decidió suprimir su organización. En los hechos, los estudiantes se sintieron traicionados y sin otra salida que la confrontación directa con el sistema.

Aunque desde un principio algunos pensaron en la lucha armada, la idea fue madurando entre varios grupos. A uno de ellos, conformado por jóvenes de varias entidades de la República, se le conoció como Los Procesos. En el análisis de inteligencia militar se señala que la represión ejercida por el grupo paramilitar Los Halcones contra estudiantes que se manifestaban pacíficamente en la Ciudad de México en 1971, confirmó a los estudiantes que debían tomar las armas.

“Ese hecho dio a ‘Los Procesos’ el fundamento que hacía falta a su movimiento; las acciones comenzaron a tomar camino no sólo para ‘Los Procesos’ sino para las decenas de jóvenes: el derrotero de la lucha armada fue señalado por ese y otra lista interminable de actos violentos.”

Para todos ellos, la represión de 1968 justificaba plenamente buscar otras vías distintas a la lucha civil y pacífica. La “coyuntura del 68”, señala el documento, “había puesto a prueba –según las reflexiones de los jóvenes– a todas las organizaciones de izquierda existentes en México”.

Se agrega que: “Ese momento [1968] había demostrado que la actuación de las organizaciones de izquierda había estado caracterizada por la ausencia de un ‘sentido realista del destino de esa insurgencia esencialmente estudiantil’. Desde su perspectiva el fracaso del movimiento se atribuía a la represión y al reflujo del mismo […].

“Por otro lado, cuestionaba los planteamientos de las organizaciones de izquierda que se habían mostrado incapaces de crear un verdadero movimiento en alguna fuerza social, o al menos en una parte de ella, sobre la cual influyera y se integrara la acción revolucionaria; y tampoco había podido generar organizaciones revolucionarias sólidas, sensibles y efectivas en su actividad.”

Otras organizaciones vendrían después, como el MAR-23 de Septiembre, la Organización Nacional de Acción Revolucionaria y la Liga Comunista 23 de Septiembre. Algunos sobrevivientes de la masacre del 2 de octubre participaron en ellos.

Los documentos consultados, elaborados para consumo de elementos militares, hacen énfasis en el “fracaso” del movimiento estudiantil y en la “responsabilidad” del Partido Comunista Mexicano por no “controlar” a sus militantes jóvenes. No fueron elaborados para explicar lo que sucedió después de 1968, sino para ofrecer información sobre los grupos armados que los militares enfrentaban durante las décadas de 1970 y 1980.

Zósimo Camacho

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