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Buenos Aires. “Tengo muchos dolores progresivos, cada vez menos posibilidad de caminar, ya perdí todo los movimientos de los brazos”, decía hace unos años el argentino Fabián Tomasi, cuya vida se apagó el 7 de septiembre por las terribles consecuencias del glifosato.

Parecía ya un cadáver ambulante y sus imágenes conmovieron al mundo tras ser capturado por el lente del fotógrafo Pablo Piovano. Fabián Tomasi se convirtió en un símbolo de la lucha contra el uso de herbicidas que el mismo utilizó como trabajador del campo sin conocer sus impactantes secuelas biológicas.

Como él hay muchos casos que aún están por salir a la luz, y otros que caminan silenciosos, niños incluso que han sido afectados por la aplicación de estas sustancias en el mundo de la cual Argentina es quizás uno de los países con mayor uso para aplicarlos en los cultivos genéricamente modificados.

En Entre Ríos, específicamente en Basavilbaso, de donde era oriundo Tomasi, las secuelas del uso del monocultivo transgénico ha dejado grandes patologías para los habitantes del campo, donde con ese producto riegan las plantaciones: lesiones y problemas bronquiales, hipotiroidismo, la enfermedad celiaca, y tantas y tantas otras impactan sobre el cuerpo humano.

Yo era un peón rural, cargábamos los aviones con el veneno, preparábamos el suelo, conectábamos una manguera al avión y lo llenábamos sin ningún tipo de protección, contaba en una de sus últimas entrevistas al periodista Sebastián Salgado, del canal Hispan TV, este hombre que nunca imaginó a lo que se exponía.

Esos aviones fumigadores que volaban en la provincia de Entre Ríos, son los mismos que vuelan en otras plantaciones de Latinoamérica cargados de glifosato y otros agroquímicos, productos salidos de multinacionales como la estadounidense Monsanto.

En Basavilbaso se han dado capítulos realmente espantosos, como cuando una avioneta regó un campo muy cerca de una escuela rural primaria donde varios niños presentaron síntomas como vómitos.

“Yo creo que en el mundo hay un solo problema, la política externa de Estados Unidos, el mayor inconveniente que tiene el mundo en cuanto revueltas y problemas se generan allí”, expresaba a la cadena televisiva iraní Tomasi, icono mundial de la lucha contra los agrotóxicos.

Piovano lo trajo a la luz inmortalizado en impactantes fotos en 2014, donde se le ve delgado, raquítico, por el daño que causaron en su cuerpo los agroquímicos. Pese a luchar en los últimos días de su vida y denunciar las terribles consecuencias del glifosato, no pudo más, su cuerpo no resistió y murió.

Su caso en Argentina ocupó portadas en los últimos años. Sufría de polineuropatía tóxica severa y atrofia muscular generalizada, lo que lo obligaba a estar postrado en una cama y su desgarradora historia, pero sobre todo su conmovedora imagen, quedaron perpetuadas por Piovano.

Hace pocos meses, antes de que su salud se deteriorara aún más, Tomasi compartió con la publicación barrial argentina La Garganta Poderosa, su testimonio en el que denuncia todo lo que padeció en su trabajo.

Desde muy joven, durante muchos años, trabajé en el campo guiando avionetas, en contacto directo con agrotóxicos, dijo y relató que sus primeros síntomas fueron dolores en los dedos, agravados por ser diabético, insulinodependiente. Luego, el veneno afectó su capacidad pulmonar, se me lastimaron los codos y le salían líquidos blancos de las rodillas. Tengo miedo de morir. Quiero vivir, dijo en ese entonces este exfumigador, devenido icono de la pelea contra el agromodelo.

Según precisa el portal El Perfil, en esta tierra austral las siembras comenzaron a fines de los años 90 y desplazaron paulatinamente la cría de ganado, y al cierre de junio de este año había 18 millones de hectáreas sembradas, que rindieron una producción de 35.8 millones de toneladas y ubican a Argentina como el tercer mayor productor mundial, detrás de Estados Unidos y Brasil. Esto, detalla la publicación, implica millones de litros de glifosato vertido en el suelo nacional.

De acuerdo con declaraciones difundidas por el portal El Federal, el especialista Medardo Ávila Vázquez precisa que en Argentina el algodón se cultiva con técnicas de agricultura tóxica, con semillas transgénicas de Monsanto, y se le aplican cantidades enormes de sus agrotóxicos, por citar un ejemplo.

Para muchos especialistas el uso de los agroquímicos hoy es un modelo de explotación que está causando catástrofes humanas y económicas.

Hoy se trabaja duro para combatirlo y hay varias ciudades en esta nación suramericana que ya tienen prohibido su uso, entre ellos Gualeguaychú, en la misma provincia de Entre Ríos, donde falleció Tomasi, que aprobó una orden que prohíbe el uso, la venta y la comercialización del herbicida glifosato, clave para la soja transgénica.

Pero aún falta mucho por hacer, no solo en esta tierra austral, sino en toda Latinoamericana para que no se repitan casos como el de Tomasi y el de tantos hombres y mujeres que han dejado su vida por trabajar en áreas de carga y bombeo en empresas de fumigación que usan alto contenido de agrotóxicos.

Maylín Vidal*/Prensa Latina

*Corresponsal en Argentina.

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