Juicio político para Peña-Videgaray

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Lo que mal empieza, mal termina es la sentencia que le viene como soga al cuello a Peña, quien con ayuda de la propaganda en Televisa y un Partido Revolucionario Institucional (PRI) agonizante más el apoyo de Calderón se apoderó del cargo en medio de protestas y una crisis política que le está estallando en las manos. Autoritariamente y con un capitalismo de corte neoliberal administró 6 años la ingobernabilidad por una violencia que no para. Peña ha sido un fracaso completo. Y el sistema priísta hubo de rendirse a los resultados en las urnas, para entronizar a un terco López Obrador que logró lo imposible por la vía del populismo de la democracia directa, de tales consecuencias que está arropado por una legitimidad electoral que lo hace un todopoderoso presidente, con la mayoría casi absoluta en el Congreso de la Unión y que ya despacha como titular de facto del Ejecutivo y Legislativo federales.

Así que como asegura Enrique González Pedrero (que empolló al tabasqueño), autor de los tres tomos de: Santa Anna: país de un solo hombre, parece que éste vuelve a ser “el país de un solo hombre”, ahora con una colación de priístas, panistas, perredistas, verdes-ecologistas, petistas y hasta gordillistas del Panal y de un partido religioso qua cuestiona al laicismo del Estado.

El caso es que, contra la pared de su mal gobierno, corrupto, ineficaz y sangriento, Peña se ha puesto contra la espada de entrevistas donde apareció como un pobre hombre que quiso salirse por la tangente, pero las preguntas de la comunicadora Denisse Maerker lo atraparon en el callejón sin salida de respuestas titubeantes, sin veracidad y por lo mismo mentirosas, que lo mostraron tal y como ha sido: el último priísta, acorralado por el lopezobradorismo que lo usó como un títere. La comunicadora de Televisa, en un salón de Palacio Nacional lo puso contra las cuerdas con sus cuestionamientos. Daba lástima verlo y pena escucharlo. Le sacó la vuelta a las preguntas. Se dice que un presidente será de palo, pero es el presidente. Pero Peña ya no existe. Deja un país en el despeñadero, con una inscripción a la Jorge Ibargüengoitia: “Estas ruinas que ves”.

Que lo desprecie Trum, no importa. Lo desprecian los mexicanos que fueron a las urnas. Quieren su cabeza en un juicio político. Y con él: Videgaray, Ruiz Esparza, Murillo Karam, Chuayffet, Navarrete Prida, Korenfeld, Lozoya, la Robles, Deschamps, los directores de Pemex, etcétera. Pero se le ocurre a Peña dar entrevistas y hasta las compradas y arregladas para lucirse, lo exhiben como un burócrata enriquecido que permitió crímenes como los de Atenco y Ayotzinapa; fusilamientos, robo a los campesinos de Texcoco para la construcción de su nuevo aeropuerto y un larguísimo etcétera. Así que, en jaque-mate, nervioso y notoriamente angustiado quedó el encubridor de los Duarte, Borge y el resto de los desgobernadores ladrones. Peña se veía atontado, pillado en sus mentiras y justificaciones, presumiendo sus 11 “reformas estructurales” como hazaña, cuando fueron su gran fracaso en medio de los 55 millones de pobres y los más de 1 millón de homicidios.

Así que igual que lo hizo Salinas con su neoliberalismo económico, Peña y su PRI –empezando por Videgaray– desgraciaron a México y enriquecieron a una elite; lo que los hace candidatos a juicio político para deslindarles responsabilidades políticas y penales porque ejercieron el poder presidencial y hacendario amparados en la impunidad. Se han enriquecido a lo sombra fraudulenta del PRI al que han dejado en la ruina electoral y es ya un partido que difícilmente podrá resucitar de sus cenizas. Tal vez esto sea lo único que les agradecemos. Tal vez.

Pero lo cierto es que los dos abusaron del poder desde que Peña fue desgobernador. Y protagonista del mal gobierno y administración federales, con los desgobernadores que elogió, empezando por el corruptísimo Javier Duarte de Ochoa, el símbolo del priísmo peñista con nueve desgobernadores más que robaron a su amparo y desgraciaron a sus entidades. Y en toda esa devastación, la deuda multibillonaria que contrataron y a la que metieron mano negra endeudando a la nación, para que en el primer año de López Obrador se tengan que pagar más de 800 mil millones de pesos.

Es una barbarie financiera por la que hay que enjuiciar a estos dos en la Cámara de Diputados federales y sentenciarlos en la de Senadores, según el procedimiento durante el primer año posterior al final del sexenio peñista. Nos han vuelto a saquear, contra la cínica advertencia del pillo López Portillo de “no nos volverán a saquear”. Otra vez los del PRI han dejado al país en la ruina. Y todavía Peña-Videgaray se “curaron en salud” al solicitar una línea de crédito por 10 mil millones de dólares, para refinanciar la pavorosa deuda, con más deuda (Isabel Rodríguez, La Jornada, 31 de julio y 1 de agosto de 2018). Por tanto no debe haber borrón y cuenta nueva para ese par de corruptos. Los dos deben ser encauzados a juicio político, para ser sentenciados por su conducta a la Santa Anua que con sus contrarreformas, privatizó lo poco que quedaba del patrimonio nacional.

Este par de delincuentes-funcionarios creó nuestro funesto presente y debe responder por sus actos; pues creyeron que con Meade retendrían el poder presidencial. No es cualquier cosa su herencia de cataclismo. Se pasaron de corruptos y aseguran que no serán llevados a responder de sus actos, porque López Obrador ya los eximió. Pero si se van al exilio dorado, quienes votaron por Andrés Manuel se decepcionarán, pues significa que la impunidad continuará y “todo cambiará, para que todo siga igual”.

Álvaro Cepeda Neri

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