domingo 5, julio 2020

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El Cairo, Egipto. La mezquita de Al-Aqsa, con más de 1 mil 300 años de antigüedad, es uno de los tantos tesoros arquitectónicos y religiosos que alberga la Ciudad Vieja de Jerusalén y ahora corre el riesgo de desaparecer como lugar sagrado del Islam para dar paso a la construcción de un templo judío.

Esta edificación forma parte del complejo religioso de la Explanada de las Mezquitas, de la denominada Ciudad Santa.

La tradición musulmana establece que el profeta Mahoma subió al cielo desde dicha explanada en el año 621. Esto supone que Al-Aqsa es, después de La Meca y Medina, el tercer lugar más importante para el Islam.

Pero resulta que la Explanada de Mezquitas, también conocida como Monte del Templo, es uno de los lugares de veneración más disputados del mundo. Además de la importancia que tiene para los musulmanes, también constituye el lugar más sagrado del judaísmo, pues en el monte Moriá se sitúa la historia bíblica del sacrificio de Isaac.

Actualmente el recinto está bajo la custodia de Jordania, pero controlado por Israel, que ocupó Jerusalén Este en la Guerra de los Seis Días de 1967.

Por ese motivo, la mezquita de Al-Aqsa corre hoy el riesgo de desaparecer como lugar sagrado del Islam para dar paso a la construcción de un templo judío. En los últimos meses no han sido pocas las provocaciones en ese sentido.

El pasado 18 de septiembre la policía israelí agredió a los palestinos presentes en Al-Aqsa, cuando docenas de fanáticos judíos intensificaron sus visitas al recinto musulmán.

Las fuerzas policiales arremetieron incluso contra los guardias de la mezquita y su personal de administración; detuvieron a cinco personas, mientras que cuatro requirieron hospitalización.

El ataque se produjo cuando docenas de fanáticos entraron en Al-Aqsa e intentaron celebrar rituales judíos, hecho que va contra las órdenes permanentes y provocó a los fieles musulmanes presentes en el lugar.

Las reglas vigentes establecen que los no musulmanes pueden ingresar al sitio durante las horas regulares de visita, pero no se les permite realizar ningún ritual religioso.

Como consecuencia, la policía normalmente acompaña a los fanáticos durante su gira para evitar cualquier contacto entre ellos y los palestinos.

Los hechos se dieron solo horas antes del feriado de Yom Kippur (Día de Expiación), una de las fiestas más sagradas del judaísmo, que comenzó al atardecer de esa jornada y terminó al atardecer del día siguiente. Grupos de derecha judíos han pedido a sus seguidores que intensifiquen su presencia dentro del complejo de la mezquita de Al-Aqsa, con el objetivo expreso de tomar el control y erigir un templo judío en lugar de la institución musulmana.

Sólo una semana antes de esa agresión, varios guardias de la mezquita ya habían denunciado los excesos de la policía israelí durante una reunión que sostuvieron con el ministro palestino de Asuntos Religiosos, Azzam Khatib.

En ese encuentro, que tuvo lugar el 12 de septiembre, los agentes de seguridad declararon a Khatib que los policías israelíes los acosaban y obstruían su labor en el recinto sagrado. Los palestinos denunciaron que a menudo eran incluso atacados y arrestados, simplemente por cumplir con la ley y el orden en el sitio.

De acuerdo con el Ministerio palestino de Asuntos Religiosos, el 6 de septiembre la policía israelí también observó sin intervenir mientras un grupo de judíos realizaba plegarias dentro de Al-Aqsa. La cartera ha denunciado que, si bien los efectivos policiales han impedido previamente violar la ley en este asunto, recientemente se han vuelto lentos en su intervención.

Los funcionarios añadieron que el 6 de septiembre la policía no intervino cuando los judíos comenzaron a orar, sino que obligaron a los guardias de seguridad musulmanes a mantenerse alejados de los fanáticos y no interferir en sus oraciones.

El gobierno palestino teme que Israel esté tratando de cambiar lentamente el estatus quo en Al-Aqsa –al que se refiere como Monte del Templo– con el objetivo de tomar el control, destruir la mezquita y convertirla en un sitio de culto judío.

El propio ministro Khatib viene denunciando desde julio que Israel realiza excavaciones secretas debajo del Museo Islámico, en el lado oeste del complejo de la mezquita. Esto con la intención de unir los túneles bajo la Ciudad Vieja de Jerusalén y Al-Aqsa, particularmente con el Palacio Omeya, debajo del Museo Islámico.

El titular de Asuntos Religiosos pidió a la Unesco y al gobierno jordano enviar equipos a inspeccionar lo que Tel Aviv está haciendo debajo de la mezquita, lo cual podría dañar sus cimientos, además de la reconocida Cúpula de la Roca junto a ella.

A principios de ese mismo mes, tres parlamentarios israelíes irrumpieron igualmente en el complejo religioso islámico. El hecho se dio una semana después de que el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, autorizara a sus legisladores a ingresar en Al-Aqsa, lo cual generó el inmediato rechazo de la comunidad musulmana de Jerusalén, que catalogó el hecho como una provocación del gobierno sionista.

La mezquita de Al-Aqsa es la más grande de la Ciudad Santa; puede albergar a 5 mil personas dentro y alrededor de la edificación. Existen pruebas que confirman que fue construida sobre las ruinas originales del Templo de Salomón. La estructura fue destruida debido a sucesivos terremotos, y reconstruida al menos en cinco ocasiones; la última gran restauración data del 1035. Sin embargo, los últimos acontecimientos sugieren que si Al-Aqsa cayera nuevamente, puede que nunca más vuelva a erigirse.

Nicholas Valdes/Prensa Latina

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