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La Habana. La región de América Latina y el Caribe debería promover los encadenamientos productivos de las inversiones para apuntalar su crecimiento económico, que en 2018 registra un alza promedio de 1.5 por ciento, aconsejó la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Algunos de los sectores más dinámicos en varios países tienen un bajo efecto multiplicador, evidenció el más reciente estudio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

Por ejemplo, en Brasil los coeficientes de encadenamiento de los servicios personales, minería, transporte e industria manufacturera se sitúan en 1.5, 1.62, 1.84 y 2.13 por ciento, respectivamente.

Dicho de otra manera, si el gasto en inversión en el sector minero crece uno por ciento, se genera un aumento de 1.62 por ciento en el producto de dicho sector, explicó el informe.

Los coeficientes en Chile para los servicios personales, la minería, el transporte y la industria manufacturera -que tienen un peso importante en la formación bruta de capital fijo-, se sitúan en 1.40, 1.57, 1.64 y 1.88, en el mismo orden.

De 1995 a 2017 la formación bruta de capital fijo (inversión fija) en América Latina y el Caribe subió del 18.5 al 20.2 por ciento como proporción del Producto Interno Bruto (PIB) regional, aunque a partir de 2012 comenzó un proceso de desaceleración, apreció la fuente.

La rama de las construcciones, precisó el organismo, registró la más alta participación en inversiones en el lapso de tiempo analizado, con 67.5 por ciento del total. No obstante, el rubro de maquinaria y equipo resultó el más dinámico, con inversiones que pasaron de un monto equivalente al 4.7 por ciento del PIB entre 1995-2003 a 8.1 en 2010-2016.

“Esto es positivo para la región, ya que permite incorporar mayor contenido tecnológico y sentar las bases para mejorar la productividad y sostener el crecimiento”, valoró la pesquisa.

En 2017 la iniciativa privada lideró las inversiones en el área, al concentrar el 80.3 por ciento del total frente a 19.7 por ciento de participación estatal. El retroceso de la inversión pública, apuntó el texto, “no es una tendencia que deba mantenerse en el tiempo”, pues debilitaría la capacidad de provisión de bienes por parte de los gobiernos, lo cual a su vez tendría un efecto adverso en el crecimiento.

De ahí la importancia de adoptar medidas de protección de estos gastos para que no sean utilizados como “el principal instrumento de ajuste” fiscal.

“La región ha hecho importantes esfuerzos para aumentar el flujo de inversión, pero tenemos el desafío de mejorar su composición sectorial para incentivar la productividad de las economías”, expresó la secretaria ejecutiva de la Cepal, Alicia Bárcena.

De acuerdo con el examen, el impulso inversionista, visible sobre todo durante el ciclo de altos precios de las materias primas de 2003-2008, tendió a disminuir a partir de 2011, debido, en parte, a un contexto externo caracterizado por la caída de los valores de venta de productos básicos y el endurecimiento de las condiciones de financiamiento.

“Retomar el dinamismo de la inversión con vistas a mejorar el desempeño en materia de crecimiento, constituye uno de los desafíos centrales de la política económica de los países de la región”, evaluó la agencia de Naciones Unidas.

Otro aspecto relevante es la intervención de las empresas: una muestra de 2 mil 228 firmas, con cotizaciones en bolsa y provenientes de seis países, arrojó que el 10 por ciento concentra el 71.2 por ciento de la inversión a largo plazo.

En América Latina y el Caribe, constató el reporte, la inversión es mayoritariamente privada; representa, en promedio, del 75 al 80 por ciento del total, mientras la intervención pública solo llega a 20 o 25 por ciento.

A escala empresarial, se concentra en sectores ligados a recursos naturales (minería y energía), electricidad, comunicaciones, construcción y materiales, así como manufacturas de alimentos.

Para la Cepal, la integración y el comercio entre las naciones del área resultan vitales por su posible contribución al fomento de las cadenas de valor y las exportaciones de las pequeñas y medianas empresas.

Sin embargo, el comercio intrarregional continúa siendo muy bajo en comparación con los estándares internacionales, representando apenas un 17 por ciento de las exportaciones totales de la zona, apuntó Bárcena en un foro sobre el tema.

En ello influyen, opinó, el vasto tamaño del área, con más de 20 millones de kilómetros cuadrados, y su geografía difícil; una infraestructura de transporte deficiente; dotaciones de recursos naturales superpuestas en muchos países suramericanos, y la atracción gravitacional que ejerce la economía de Estados Unidos sobre México y América Central.

“Todas estas dificultades se ven agravadas por la gran fragmentación del mercado regional. Varios acuerdos de integración coexisten, cada uno con sus propias reglas desde los estándares del producto hasta la contratación pública y el tratamiento de la inversión extranjera directa”, enjuició.

Los esquemas de integración, agregó Bárcena, “aún carecen de medidas que favorecen la movilidad de las personas, de sus capacidades, talentos y su inserción en los mercados laborales de un país a otro”.

Estas discrepancias regulatorias imponen altos costos a las empresas, especialmente a las pequeñas y medianas que exportan o invierten en mercados regionales. También dificultan el desarrollo de las cadenas de valor en la zona, manifestó.

El 80 por ciento de las exportaciones de América Latina viene de Suramérica, pero son solo productos básicos sin mucho valor agregado. Por ello, dijo, “es muy importante que veamos las complementariedades entre los países, pero también las capacidades que tenemos para agregar valor a lo que estamos haciendo, la incorporación de mayores niveles de conocimiento y tecnología”.

Dentro de un contexto internacional marcado por “la incertidumbre y la volatilidad”, las economías de la zona crecerán en 2018 gracias al repunte de la demanda interna, especialmente del consumo privado, y un leve aumento de la inversión, confirmó la Cepal en su diagnóstico.

María Julia Mayoral*/Prensa Latina

*Periodista de la redacción económica.

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