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Un documento interno de la ONU demuestra que la administración de las Naciones Unidas actúa en contra de los objetivos de la organización internacional. La situación es tan grave que el ministro ruso de Exteriores, Serguei Lavrov, exigió ya una explicación del secretario general, Antonio Guterres. A falta de esa explicación, los Estados miembros podrían poner en tela de juicio la viabilidad de la ONU

Damasco, Siria. En octubre de 2017, el subsecretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) a cargo de los Asuntos Políticos, el estadunidense Jeffrey Feltman, redactaba en secreto una serie de instrucciones dirigidas a todos los órganos de la ONU sobre la actitud que debían adoptar en relación con el conflicto en Siria.

Los Estados miembros de la ONU, ni siquiera los miembros del Consejo de Seguridad, nunca fueron informados de la existencia de esas instrucciones, hasta que el ministro ruso de Exteriores, Serguei Lavrov, las reveló, el pasado 20 de agosto [1].

La Red Voltaire acaba de obtener una copia de esas instrucciones [2]. El contenido de ese documento está en contradicción flagrante con los principios recogidos en la Carta de las Naciones Unidas [3], cuyas prioridades invierte. Mientras que la Carta de las Naciones Unidas estipula que el principal objetivo de la ONU es “mantener la paz y la seguridad internacionales”, las instrucciones de Feltman anteponen a ese objetivo el “respeto de los derechos humanos”. En resumen, esos derechos se utilizan como instrumento contra la paz.

La expresión “derechos humanos” ya existía antes de que se le hallara un sentido jurídico –es decir, antes de que se pudiera utilizar en un tribunal. El ministerio británico de Exteriores la utilizó frecuentemente, en el siglo XIX, para justificar algunas de sus guerras. Por ejemplo, asegurando que era por los derechos humanos que el Reino Unido estaba dispuesto a luchar contra el imperio otomano. En realidad, se trataba de un enfrentamiento entre dos imperios con intereses opuestos.

Los pueblos supuestamente “liberados” por Londres no fueron nunca más felices bajo el imperio británico que bajo el otro imperio. En el siglo XX, los “derechos humanos” fueron inicialmente la marca de fábrica de las organizaciones no gubernamentales “sin fronteras”, antes de convertirse en el eslogan de los trotskistas que habían acabado poniéndose del lado de la Agencia Central de Inteligencia (CIA): los neoconservadores.

La Carta de las Naciones Unidas menciona seis veces la expresión “derechos humanos”, pero no la convierte en un ideal en sí. Sólo la paz puede garantizar el respeto de los derechos humanos. La guerra –¿acaso hace falta recordarlo?– es un periodo caótico que anula los derechos individuales. Es una situación terrible en la que hay que aceptar el sacrificio de muchos para salvar todo un pueblo.

Es precisamente por eso que existe una diferencia entre la policía y el ejército. La policía protege los derechos individuales mientras que el ejército protege los derechos colectivos. La policía tiene que respetar los “derechos humanos” mientras que el ejército puede verse obligado a ignorarlos. Parece que nuestros contemporáneos, postrados en su propio confort, han olvidado el sentido de esas diferencias elementales.

La evocación abusiva de los “derechos humanos” sirvió inicialmente de disfraz a las conquistas territoriales. Pero, hoy en día, su interpretación extremista se ha convertido en la ideología que justifica la destrucción de las estructuras mismas del Estado-nación. Tratan de convencernos de que, para que nuestros derechos sean respetados, tenemos que ser “ciudadanos del mundo” y aceptar una “sociedad abierta”, “sin fronteras”, bajo la administración de un “gobierno mundial”.

Eso es ignorar la historia y la cultura de cada uno de esos “ciudadanos del mundo”, imponerles lo que a nosotros nos parece mejor… para ellos.

En este nuevo documento de Jeffrey Feltman, los “derechos humanos” aparecen otra vez como pretexto. Este personaje fue miembro de la “Autoridad Provisional de la Coalición” –la denominación abusiva de una entidad que gobernó Irak siendo en realidad una empresa privada concebida según el modelo de la Compañía de Indias [4]–, mostrando así el poco respeto que sentía por los derechos de los irakíes.

En el caso de Siria, Feltman expresó su verdadero objetivo en una serie de documentos conocidos como el “Plan Feltman” [5]. En ese “Plan”, Feltman se plantea abrogar la soberanía del pueblo sirio e instaurar en Siria, como se hizo en Irak, una administración extranjera.

Ahora, Feltman escribe con la mayor tranquilidad: “El Plan de Acción Humanitaria debe seguir siendo humanitario para garantizar que la ONU pueda llevar a cabo las actividades humanitarias esenciales para salvar vidas y garantizar las necesidades esenciales de los pobladores. Las actividades de desarrollo o de reconstrucción fuera de ellas deberán ser reflejadas en otros marcos que, por naturaleza, serán negociaciones más largas con los gobiernos. Eso es esencial habida cuenta de las cuestiones jurídicas y políticas complejas en juego.”

En otras palabras, “denle de comer a los refugiados pero no luchen contra el hambre que los atenaza, para que el hambre siga siendo para nosotros un argumento en las negociaciones con el Estado sirio”.

Jordanos, libaneses, turcos y europeos se sorprenderán al leer: “La ONU no favorecerá el regreso de los refugiados y personas desplazadas pero apoyará a los repatriados para garantizar el carácter seguro, digno, informado, voluntario y duradero del regreso y de la reintegración, así como el derecho de los sirios a buscar asilo”.

O sea, retomando la teoría del profesor Kelly Greenhill [6], Feltman no desea ayudar a los exilados a regresar a su Patria sino que pretende utilizar el éxodo para debilitarla.

 “La asistencia de las Naciones Unidas no debe beneficiar a las partes acusadas de haber cometido crímenes de guerra o crímenes contra la humanidad”, agrega Feltman, con lo cual prohíbe y condiciona toda ayuda a cualquier poder.

Y también plantea que “sólo cuando una transición política verdadera e inclusiva haya sido negociada por las partes estará la ONU dispuesta a facilitar la reconstrucción”. Eso está muy lejos del ideal expresado en la Carta de las Naciones Unidas.

[1] “Sergey Lavrov news conference with Gebran Bassil”, Sergey Lavrov, Voltaire Network, 20 de agosto de 2018; “Lavrov revela que Guterres es un títere al frente de la ONU”, Red Voltaire, 22 de agosto de 2018.

[2] “Parámetros y principios de la asistencia de la ONU en Siria”, Jeffrey D Feltman, Red Voltaire, 3 de septiembre de 2018.

 [3] “Charte des Nations unies”, Réseau Voltaire, 26 de junio de 1945.

 [4] “¿Quién gobierna en Irak?”, Thierry Meyssan, Red Voltaire, 31 de mayo de 2005.

 [5] “Draft Geneva Communique Implementation Framework”, “Confidence Building Measures”, “Essential Principles”, “Representativeness and Inclusivity”, “The Preparatory Phase”, “The Transitional Governing Body”, “The Joint Military Council and Ceasefire Bodies”, “The Invitation to the International Community to Help Combat Terrorist Organizations”, “The Syrian National Council and Legislative Powers during the Transition”, “Transitional Justice”, “Local Governance”, “Preservation and Reform of State Institutions”, “Explanatory Memorandum”, “Key Principles revealed during Consultations with Syrian Stake-holders”, “Thematic Groups” (documentos no publicados). “Alemania y la ONU contra Siria”, Thierry Meyssan, Al-Watan (Siria), Red Voltaire, 28 de enero de 2016.

 [6] “Strategic Engineered Migration as a Weapon of War”, Kelly M Greenhill, Civil War Journal, Volume 10, Issue 1, julio de 2008.

Thierry Meyssan/Red Voltaire

[ANÁLISIS INTERNACIONAL]