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I. Se han invertido los papeles en el escenario político: Enrique Peña en el papel de presidente virtual, cediendo terreno con el pretexto de la “transición”. Y Andrés Manuel López Obrador, de presidente real en su sobreactuación, porque “ya le anda” por ponerse la Banda Presidencial que le entregará Porfirio Muñoz-Ledo Lazo de la Vega, pues por órdenes de López Obrador presidirá el Congreso el 1 de diciembre, para el cambio de titular del Poder Ejecutivo federal; y con las riendas de la mayoría en las Cámaras, más los que se sumen, empezando por el oportunista Dante Delgado y su Movimiento Ciudadano; los del Partido del Trabajo, los del Verde Ecologista de México, Nueva Alianza, Encuentro Social (la facción antilaica en alianza al cristianismo-evangelista de López Obrador). Y la débil resistencia-oposición de los diezmados del Revolucionario Institucional y de la Revolución Democrática, descabezados por la guillotina lópezobradorista en unas elecciones donde Movimiento Regeneración Nacional, “de la noche a la mañana”, arrasó en las urnas.

II. Así, con una larguísima cola de corrupción, Peña ha optado por marginarse y dejarle todo el protagonismo a su adversario en 2012, a quien hizo a un lado con el fraude y Televisa. Y para reivindicarse hoy cede el paso a su “majestad” quien, actuando como presidente real, todos los días hace declaraciones, dicta medidas, nombra colaboradores, vigila a Luis Videgaray y a Ildefonso Guajardo en lo del Tratado de Libre Comercio; recibe a embajadores, enviados de Donald Trump, y ya no recibe al pueblo que hasta le puso un improvisado altar para encomendarlo a los dioses. Alfombra roja para López Obrador en su camino a Palacio Nacional. A Peña le han abierto la puerta trasera para su despedida-huida, por donde él y sus empleados se esconderán tras el acto de entrega del poder en el Congreso. Estamos a la mitad de la frase: “hay que cambiarlo todo… ¿Para que todo permanezca igual, o para en verdad transformarlo?). En ese contexto fue que llevaron a cabo una reunión “inédita”, cada uno con sus acompañantes, donde el terciopelo se convirtió en lija porque López Obrador insiste en derrumbar la reforma educativa peñista.

III. Declaración que retomó quien supuestamente estuvo encarcelada 5 años y 5 meses, aunque sólo lo estaba al presentarse a declarar, ya que se la pasó en lujosos hospitales donde, al parecer, un equipo de embellecimiento general la mantuvo tal y como reapareció en su obra “teatral”, para declararse “inocente” y gritar que fue “traicionada”. No se atrevió a señalar a Peña como autor de su “persecución política”. Alzó en vilo el expediente que sobreseyó el juzgado y, por las dudas, obtuvo un amparo para que no la vuelvan a detener porque el expediente aún no se ha archivado. No mencionó a López Obrador y menos a su “abogada” Olga Sánchez Cordero, quien dijo que “merecía la libertad”. Protegida y servicial-servil con Carlos Salinas, Ernesto Zedillo, Vicente Fox y Felipe Calderón, se apresta a “colaborar” bajo la mesa con López Obrador, quien aseguró que ni ella ni nadie del gordillismo trabajarán con él. Pero  Elba Esther Gordillo no ha olvidado sus tablas y soltó su discurso para retornar al escenario magisterial, pues al parecer va tras el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educcación; lo que será un problema para el ya pronto, presidente constitucional.

cepedaneri@prodigy.net.mx

Viernes, 07 de Septiembre 2018

 

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