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Managua. El fracaso de una intentona golpista en Nicaragua permite dilucidar, en base a documentos y denuncias, quiénes financiaron, azuzaron y sirvieron de peones en la oleada de violencia que provocó al menos la muerte de 198 personas en poco más de tres meses.

Desde el 18 de abril y hasta finales de julio, el país se sumergió en una crisis sin precedentes en las últimas décadas, con un elevado índice de crueldad y terror por parte de los golpistas, que actuaron bajo un programa bien estructurado y planificado por organismos de Estados Unidos.

Las evidencias y documentos filtrados, a los cuales tuvo acceso Prensa Latina, reflejan como dichos organismos nutrieron a determinados grupos de la “sociedad civil” para socavar los cimientos del gobierno del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) bajo una aparente insurrección popular.

En un reporte completo del plan de operaciones correspondiente al año fiscal 2013, sobre el programa Acción Comunitaria para la Lectura y la Seguridad (CARS) y financiado por la Agencia de  Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid, en inglés), se delinean los principales objetivos del mismo.

Aquí salta a la vista como el trabajo con la juventud nicaragüense, de entre 18 y 35 años, es considerado un elemento clave para los intereses de Washington, y para lo cual se asignan partidas por varios miles de dólares, destinados -en primer lugar- para convertirlos en agentes de “cambio”, a través de programas de capacitación.

Ese programa, con participación de la Universidad de Washington, la Universidad Americana, la Universidad de las Regiones Autónomas de la Costa Caribe nicaragüense y el Instituto para el Desarrollo de la Democracia, se enfocó en que las nuevas generaciones, a mediano y largo plazo, fomentarían una sociedad más acorde con los intereses de la Casa Blanca.

El referido reporte recoge que “este programa será implementado a nivel nacional y es parte de las metas a largo plazo del gobierno de Estados Unidos en Nicaragua, a fin de apoyar a la sociedad civil y la capacitación de nuevos líderes políticos que sienten las bases para un gobierno democrático sostenible”.

El proyecto CARS centró su atención en la creación de sociedades públicas-privadas para evaluar el potencial de incrementar la participación e inversión del sector privado en las acciones comunales y acrecentar su impacto en la sociedad, desplazando así la intervención del Estado.

Asimismo, en otro programa, también financiado y monitoreado por la Usaid y concebido para el período entre el 1 de octubre de 2015 y el 30 de febrero de 2017, la juventud vuelve a estar en el centro de atención de Washington.

En este caso se consideran las elecciones generales de 2016 como un momento clave para el trabajo con ese segmento etario y grupos no tradicionales, a fin de fomentar nuevamente un “cambio” en la sociedad nicaragüense, contrario a las aspiraciones del FSLN y alineado a los intereses expansionistas de Estados Unidos.

Incluso esa la labor se expande más allá del ciclo electoral y hacia grupos de jóvenes no tradicionales, poblaciones marginadas, discapacitados, minorías étnicas y mujeres, entre otros segmentos, con vistas a sentar las bases del cambio deseado por la potencia del norte, que no es más que regresar a las políticas neoliberales de gobiernos anteriores.

En una nota con fecha 15 de junio de 2015, suscrita por Roberta S. Jacobson, subsecretaria de Estado adjunta para Asuntos del Hemisferio Occidental y dirigida al entonces secretario del Departamento de Estado, John Kerry, se evidencia como el tema Nicaragua, bajo el liderazgo del FSLN, es de relevancia para los intereses de Washington.

En ese documento se hace un análisis de la situación social, política y económica de la nación centroamericana y no duda en calificar de “régimen autoritario” al gobierno sandinista, al tiempo que trata de identificar brechas y debilidades en la sociedad.

No obstante, Jacobson reconoce que a los partidos de oposición tradicionales les resulta difícil la unificación y por tanto vaticina que seguirán fracasando en su mensaje de conectar con las mayorías del pueblo nicaragüense.

De ahí que uno de los objetivos específicos propuestos sea la despolitización de Nicaragua, de sus fuerzas armadas y policiales y generar más espacios para grupos de la sociedad civil afines a los intereses de Estados Unidos.

Si bien toda esta estrategia no es nada nuevo en accionar de la política exterior de Estados Unidos, en particular sobre aquellos gobiernos y países no alineados a sus designios, en Nicaragua la consolidación del FSLN supuso un gran escollo a superar.

Era cuestión de esperar el momento justo para desencadenar toda una maquinaria de mentiras y manipulaciones al unísono, incluido redes sociales y medios de comunicación nacionales e internacionales, bajo el disfraz de una supuesta explosión social protagonizada por “estudiantes universitarios”, aquellos que ya habían sido capacitados, preparados y financiados para la ocasión deseada.

De ahí que tanto la Usaid y la Fundación Nacional para la Democracia (NED, en inglés) asesoraran y financiaran lo que durante el intento golpista se autodenominó Movimiento 19 de Abril, la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia, y el Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas (Ieepp).

Todos ellos, entre otras organizaciones, con un objetivo común: derrocar al presidente Daniel Ortega y deslegitimar el impacto y la trayectoria del FSLN como factor de cambio real en la sociedad nicaragüense, estrategia que contó con participación activa de varios medios de comunicación fuera y dentro del país.

De esa manera, la Usaid y la NED han sido los promotores más activos para contrarrestar y eliminar un gobierno de orientación socialista en Centroamérica, mediante la típica agenda de desestabilización implementada en otros países, pero con nuevos elementos, como el uso de un falso patriotismo para intentar levantar a las masas.

Es por ello que no es de extrañar que mucha de la simbología del FSLN fuera usada por parte de los golpistas, en un intento de legitimar su accionar violento y criminal.

En tanto, los informes, notas diplomáticas y documentos que recogen las estrategias y las partidas millonarias de la Usaid y la NED, para lograr sus objetivos en Nicaragua, van saliendo a la luz pública, acuñando la factoría de un golpe de Estado, hoy fracasado, pero sobre el cual el pueblo nicaragüense está llamado a no olvidar.

Alberto Corona*/Prensa Latina

*Corresponsal jefe en Nicaragua.