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I. Desde que existe un idioma dominante, como corolario del dominio cultural derivado del económico y político, y al menos desde Grecia y su Atenas del llamado Siglo de Pericles y su Imperio abatido por Esparta, los “extranjerismos” son una constante en los demás lenguajes. A los mexicanos de este lado de los ríos Colorado y Bravo (y muy pronto del muro de Donald Trump) se nos han colado cientos de palabras y expresiones como: “bay”, “off the record”, “okey”, etcétera. Entre otras está la palabra: “look”, que se usa para referirse a la imagen personal y física que presenta una persona. Los reporteros Misael Zavala y Alberto Morales, al inicio de su reportaje, escriben: “Para expertos en imagen pública y consultores políticos, hay un antes y un después en el look de Andrés Manuel López Obrador como candidato y ahora como virtual presidente electo”. Y es que, ciertamente, el tabasqueño candidato en 2006, 2012 y 2018 ha sufrido una metamorfosis (y no a la Kafka) en su vestir: de peinarse-despeinado, sin corbata, camisa y pantalón “del diario”, ha pasado a engomarse el cabello para lucir súperpeinado, de traje y encorbatado con zapatos lustrados.

II. Es que el “poder transforma” para todavía no echar mano de la frase-concepto de Lord Acton: “el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”. Varios expertos en el look dan sus puntos de vista sobre ese necesario cambio de imagen de don Andrés Manuel López Obrador, al que todavía no se le debe llamar solamente López, como a Enrique Peña Nieto que se ha ganado a pulso designarlo por su primer apellido y ya sin el título de presidente, por su pésimo gobierno, corrupción y el total desastre en que deja al país. O lo nombramos don Andrés Manuel o López Obrador, precedido por el presidente en cuanto tome posesión del cargo. No le dice cabello sino pelo, pero ya usa gel para domar sus canas y el gallito –o sea un mechón despeinado– que lo representaba, y lo apodancabecita blanca. Solamente y de muy mala gana usó traje y corbata en los pseudodebates con sus adversarios. Pues él se siente más a gusto, a sus anchas, desaliñado y medio peinado y a veces nada más con saco.

III. No pocos coinciden en decir que López Obrador está copiando la imagen de Juárez, como que es su héroe favorito y al que quiere seguirle los pasos en honradez, austeridad y comportamiento político, como su cercanía con el pueblo raso sin la “crema” de la sociedad civil que rasura lo popular del populismo. Como sea, el tabasqueño ha ido mudando de look. Transita a la nueva imagen que lo obligan ciertas ceremonias y tal vez lo veamos diario como se presentó para votarlo mayoritariamente; con la esperanza de que cumpla con sus promesas de bienestar social. Ya habla de corridito. Y no menciona al “villano favorito”, a la “mafia del poder” ni ataca a Peña; cambiándolo por un respetuoso “guayabazo” de cumplidos, al que seguramente llenará de elogios en su discurso de toma de posesión. Así que López Obrador presenta un nuevo look para que, elegante en el vestir y en el peinado, se muestre como manda la etiqueta presidencial.

cepedaneri@prodigy.net.mx

Martes, 28 nde Agosto 2018