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Los constantes ataques a los periodistas y a la prensa como el medio de comunicación para informar, publicar críticas y analizar diariamente los actos de los gobernantes, dieron las condiciones para el homicidio de cinco integrantes del periódico The Capital Gazette, editado en el estado de Maryland y que el jueves 28 de junio privaron de la vida a: Gerald Fischaman, Rob Hiaasen, John McNamara, Wendi Winters y Rebeca Smith. Donald Trump lleva ya casi 2 años difamando e injuriando a la prensa escrita de Estados Unidos de América, porque han estado ejerciendo de contrapoder al presidente estadunidense al que le colgaron: “Sangre hoy en una redacción estadunidense. ¿No estás orgulloso, hijo de perra vil y fascista?”, como transcribe en su amplísima crónica David Brooks (La Jornada, 30 de junio de 2018).

Trump no es –agrega la nota– el responsable directo del ataque criminal, pero es culpable del contexto en que ocurrió al llamar “enemigos a los periodistas” y detonar llamados entre sus fanáticos para aniquilarlos. Pues desde el arranque de su campaña presidencial hasta esta semana, ha denigrado a los comunicadores y medios. Creando la atmósfera de animadversión contra la prensa escrita que permitió que un lector de The Capital Gazette, uno de los rotativos más antiguos en Annapolis, Maryland, se armara de un rifle y entrara a la redacción donde disparó sobre cinco trabajadores del matutino.

Cuando los gobernantes la emprenden contra la prensa, y actualmente contra sus nuevas modalidades, están gestionando que sus seguidores se sumen a esa campaña. Lo hacen los que presiden regímenes autocráticos, el reverso de los democráticos –la antítesis, al menos desde sus representantes históricos: Atenas y Esparta–, porque no quieren otro contrapeso enraizado en la democracia directa, ya que el periodismo, para informar, analizar y criticar e incluso elogiar, se sustenta en el trabajo del oficio de reportear que sigue siendo la columna vertebral de comunicar lo que los reporteros, incluso con el nombre de historiadores de la antigüedad, investigan y dan a conocer como factor fundamental de la información. Así que investigan hechos en todas las fuentes. Y esos hechos veraces y contrastados, son la base para ofrecer acontecimientos reales.

Han llamado a Trump: “hijo de perra vil y fascista” desde las entrañas del periódico The Capital Gazette, exhibiéndolo como quien sistemáticamente ha estado vertiendo sus odios sobre la prensa a la que califica de “enemiga del pueblo”. Esa expresión antidemocrática del “hijo de perra vil y fascista” nos conduce a la obra de teatro del noruego Henrik Ibsen (1828-1906): Un enemigo del pueblo, que nos lleva al problema social de quien se establece como enemigo del pueblo para tratar de alzarse como quien puede desacreditar las libertades del pueblo para criticar y protestar contra sus gobernantes (Henrik Ibsen, Teatro completo, Ediciones Aguilar, con traducción del noruego por Else Wasteson, M Winaerts y Germán Gómez de la Mata; con datos biográficos en el Diccionario de Literatura Europea, Alianza editorial).

Así que el enemigo del pueblo es ese fascista de Trump, que sigue poniendo las condiciones mundiales para una guerra con la punta de lanza de su proteccionismo económico para tensar las relaciones comerciales. Y su provocadora política antiinmigrante sustentada en su antimexicanismo en busca de amurallar la frontera. Así que el periódico estadunidense: The Capital Gazette es el periódico: La Voz del Pueblo de Ibsen, donde el dramaturgo plantea el uso de la libertad de prensa para combatir al alcalde, para criticar sus abusos de poder como ahora hace Trump como “alcalde” de la Casa Blanca de Washington.

En la obra de teatro de Ibsen se retrata al todavía presidente estadunidense, quien no ha dejado de atacar a las libertades de prensa en radio, televisión; y sobre todo la prensa escrita y el resto de los medios de comunicación. Y además de su guerra comercial contra el mundo, inmigrante contra México y toda Latinoamérica y la racial contra los pueblos musulmanes, enfoca esta guerra para tratar de amedrentar a los periodistas y comunicadores de su país, para tantear el terreno de modificar la Primera Enmienda de la Constitución de Estados Unidos de América, respecto al libre ejercicio de la libertad de prensa, en vigor desde 1789. Esto busca el colérico presidente estadunidense con sus continuas acometidas.

Por lo que al saberse de los cinco homicidios en The Capital Gazette, acertadamente calificaron a Trump de: “hijo de perra vil y fascista”; pues es un enemigo de todo lo que le sale al paso de sus berrinches de César, empeñado en cuestionar la democracia estadunidense. El contrapeso de la prensa le es un estorbo a sus abusos. Y al estar haciendo campaña contra la información y la crítica periodísticas es que ha creado un ambiente hostil al periodismo. El asesino fue, al tomar la decisión de matar, un fanático que aprovechó los ataques de Trump al asegurar que: “la prensa es el enemigo del pueblo”, para vomitar su odio trumpiano y asesinar a dos columnistas, un editorialista, un reportero deportivo y una asistente del departamento de ventas. Este homicida y Trump no admiten que la prensa es contrapoder y más cuando los gobernantes intentan cancelar libertades.

Álvaro Cepeda Neri

[OPINIÓN][DEFENSOR DEL PERIODISTA]