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Cuatrocientas cincuenta y seis mujeres transgénero fueron asesinadas en México por razones de odio, entre enero de 2007 y lo que va de 2018. Estos homicidios colocan al país en el segundo lugar a nivel internacional.

Tan sólo entre 2007 y 2017 se cometieron 422 homicidios contra esta población vulnerable; y la mayoría ocurrió en los 2 últimos años: en 2016 fueron 80 asesinatos y en 2017, 59.

Además, en lo que va de 2018 se tiene registro ya de 34 homicidios, indica un pronunciamiento del Centro de Apoyo a las Identidades Trans (CAIT) firmado por más de 500 grupos y activistas a nivel nacional.

En ese documento se identificó que Veracruz es el estado en el que han ocurrido mayor número de casos, con 39; le sigue Guerrero con 37, el Estado de México y Chihuahua con 34, Baja California con 26, Puebla con 23 y la Ciudad de México con 22. Además, la tendencia sugiere que 2018 será uno de los 3 años con mayor cantidad de asesinatos de personas trans.

La impunidad es una constante. Rocío Suárez, coordinadora del CAIT, señala en entrevista con Contralínea que un ejemplo de esto son los asesinatos de Paola Ledezma, Itzel Durán y Alexa Flores cometidos en 2016, ya que hasta la fecha no han sido resueltos y sus homicidas siguen libres.

Para la activista, los ministerios públicos y la policía han utilizado el establecimiento del nuevo Sistema Penal Acusatorio para excusarse por sus fallas e ineficiencias. Suárez advierte que muchas veces las autoridades estigmatizan y discriminan a las víctimas por su identidad de género.

Agrega que son pocos los estados los que tienen tipificados los crímenes de odio por orientación o preferencia sexual, lo que deriva en la falta de estadísticas a nivel institucional que permitan contabilizar cuántas personas de la diversidad sexual han sido asesinadas.

Por esta razón, el CAIT en conjunto con activistas y organizaciones exigieron al Estado Mexicano implementar acciones y políticas públicas para atender y eliminar la violencia y discriminación que se comete en contra de la población de la diversidad sexual y de género.

Aseneth Hernández