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Más del 90 por ciento de las 67 millones de personas que realizan labores domésticas a nivel mundial, son excluidos de cualquier sistema de seguridad social, de acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), pues tan sólo el 10 por ciento disfrutan de protecciones laborales.

A nivel nacional, la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) de 2017, habla de 2.3 millones de personas dedicadas a esta labor, de las cuales 91 por ciento son mujeres, quienes socialmente enfrentan un contexto de desigualdad, discriminación y violación a sus derechos laborales.

Cabe destacar que uno de los aspectos más vulnerados a los trabajadores del hogar son sus horarios de trabajo, mismos que de acuerdo con la OIT, llegan a ser sumamente amplios y absorbentes; sobre todo, cuando se sabe que el 45 por ciento no cuenta con un día de descanso entre semana, ni vacaciones pagadas.

Las labores que realizan pueden llegar a incluir desde tareas como el aseo de la casa, la preparación de comida, lavado y planchado de ropa, cuidado de niños, ancianos o miembros enfermos de la familia, e inclusive, labores de jardinería, vigilancia y cuidado de las mascotas.

De acuerdo con el Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres), estas actividades resultan de vital importancia, ya que no sólo se atañen a garantizar un bienestar particular, sino que pueden aportar en casos en donde los servicios públicos se vean rebasados.

En 2011, la OIT estableció el Convenio sobre las trabajadoras y los trabajadores domésticos, en donde se fijaron normas básicas para garantizar el respeto y trato digno a los trabajadores, velando así por la protección a sus derechos humanos, laborales, condiciones de empleo, horarios de trabajo, remuneración, salud y seguridad.

Fabián Vega