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Como si se tratara de una conducta mafiosa, y sin rendir cuentas a nadie, Petróleos Mexicanos (Pemex) abre y liquida empresas instrumentales por todo el mundo, en especial en paraísos fiscales y territorios fiscalmente laxos.

En meses recientes, han desaparecido discrecionalmente cuatro de sus 62 empresas “privadas” paralelas a su estructura oficial. El caso que más destaca es el de PMI Field Management Resources, ventilado el pasado 9 de agosto ante la Securities and Exchange Commission (SEC), consta en la “Form-6”.

De acuerdo con datos del Senado de la República, esta empresa fue creada apenas en 2011 y se trataba de “una filial de máxima importancia, dado que es la empresa tenedora de todos los vehículos financieros que pudiera constituir Pemex en lo relativo a la exploración”. Particularmente jugó un papel relevante en relación con los contratos de servicios integrales.

Las cuatro compañías recientemente liquidadas eran unimembres, es decir que no contaban con oficinas ni empleados. Sólo dos de esas desapariciones fueron enteradas ante la SEC y la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV).

Las otras dos habrían ocurrido en total discrecionalidad, según se desprende del comparativo hecho por Agenda de la Corrupción entre los informes presentados en 2017 y los actuales, en los cuales ya no figuran como empresas consolidadas.

Así, mientras que al cierre del año pasado Pemex poseía al menos 62 empresas en su estructura paralela, en este 2018 son 58 compañías constituidas con el carácter de “privadas”, a pesar de que en ellas se emplean recursos públicos e incluso son manejadas por personal de la petrolera estatal. Y si bien no todas son de papel, la mayoría lo es: sólo un 10 por ciento cuenta con personal e instalaciones.

A ello se suma que Pemex las opera en total opacidad: ni siquiera a las reguladoras les revela la misma información; menos aún cumple con las obligaciones de transparencia que tiene en México, pues argumenta que esas empresas o son extraterritoriales o se rigen por el derecho privado.

Ejemplo de ello es que de las 58 empresas consolidadas, 56 fueron reveladas ante la estadunidense SEC y 35 ante la CNBV. Además, en siete de esos casos no hay coincidencia, por tratarse de información distinta o desactualizada.

Si tenemos en cuenta el tamaño y la responsabilidad de Pemex, no podemos ser ingenuos y creer que se trata de descuidos o simples negligencias: en los años que he investigado esta estructura paralela, he revelado un comportamiento sistemático.

Ocultar la ruta del dinero explica esta casi nula transparencia, pero no es la única razón. La estructura paralela ha servido para realizar negocios al margen de las leyes mexicanas: las empresas privadas contratan servicios y adquieren productos para Pemex sin necesidad de licitar, con lo que ello implica en términos de corrupción. También han sido usadas para contratar deuda sin notificar al Congreso, a pesar de que ésta se respalda con la infraestructura de la petrolera y las reservas de crudo.

De tal suerte que Pemex copia y adapta las peores prácticas de la industria extractiva, al sacar –a través de ellas– miles de millones de pesos de su contabilidad oficial para eludir el pago de impuestos, la transparencia y la rendición de cuentas.

La pregunta es si únicamente sirven para esos propósitos o también, desde ellas, se trasladan recursos públicos a cuentas privadas de servidores públicos corruptos. Y ese cuestionamiento es pertinente en este cambio de gobierno porque esquemas empresariales así no sólo operan para eludir al fisco, sino también sirven a la mafia internacional: las compañías instrumentales facilitan el lavado de dinero en los principales circuitos financieros del mundo.

Por ello es fundamental que el próximo gobierno –que encabezará el centroizquierdista Andrés Manuel López Obrador– termine de tajo esta red empresarial privada, y la sustituya por oficinas públicas de representación internacional, que se rijan por las leyes mexicanas y rindan cuentas a la nación.

Las empresas desaparecidas

Según los reportes presentados ante las reguladoras, en los últimos meses Pemex también se deshizo de Pasco International, Ltd, y Mex Gas Industrial Services, BV, controladas por la subsidiaria Pemex Transformación Industrial; y de Pemex USA, Inc, que al igual que PMI Field Management Resources, dependía de Pemex Exploración y Producción.

De acuerdo con la petrolera, cuando se constituyó Pasco International –el 6 de junio de 1967– tenía por objeto “realizar cualquier tipo de acto o actividad que no esté prohibida por alguna ley en la Commonwealth de Bahamas [conocido paraíso fiscal]. Por lo que la única función de esta empresa es ser la matriz de Pasco Terminals, Inc”.

Al ser una holding o tenedora de acciones, aclara Pemex, “no tiene operaciones: su única erogación es la auditoría que se le realiza anualmente”. Según la descripción oficial, su régimen siempre fue “no paraestatal” y jamás contó con instalaciones.

Destaca que Pasco Terminals, Inc, continúa vigente, sin que la petrolera informe qué empresa figura ahora como su controladora. Sobre esta última compañía, Pemex refiere que se dedica a “almacenar y manejar azufre líquido en Estados Unidos, así como la descarga de buques tanque, manejo y carga de azufre a termotanques”. Fue constituida el 31 de octubre de 1963, en Delaware, como no paraestatal y cuenta con instalaciones.

Mex Gas Industrial Services, BV, fue constituida en los Países Bajos en octubre de 2015, sin empleados y con un único socio: Mex Gas Internacional, SL, refiere el investigador en temas energéticos Omar Escamilla. Esta última también es propiedad de Pemex, y está radicada en España.

Información del Senado refiere que la última compañía desaparecida recientemente –Pemex USA, Inc– “es una entidad radicada en Estados Unidos y constituida el 23 de enero de 2012”.

Su objeto era “participar en cualquier actividad relacionada con la constitución de organizaciones creadas por Pemex bajo las leyes de Delaware [conocido territorio fiscalmente laxo]… Para tratar con contratos de arrendamiento y del Golfo bajo las leyes de Delaware”. Así los oscuros negocios de la petrolera y sus funcionarios.

Nancy Flores/Segunda y última parte

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