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I. Sigue la fiesta electoral en Palacio Nacional. Enrique Peña y Andrés Manuel López Obrador están al partir de un piñón. Lucen sus trajes encorbatados. Los de arriba se muestran más que contentos. Mientras los de abajo han de esperar a ver si se cumplen las expectativas adornadas con esperanzas. Los que se van tienen fricciones con los que llegan. Estos se asumen ya en los cargos a más de tres meses para entrar al relevo. Los que empacan las maletas, del PAN, PRI y el resto en total ruina como el PRD, están contra la pared frente a las espadas desenvainadas de los de Morena. Manuel Bartlett hace mutis tras su protagonismo provocador. El resto, que en nuestro sistema no es gabinete, sino empleados del presidente para el despacho de lo que les compete, amplía esas expectativas a la sombra del “paz y amor”, el “haremos historia” y el religioso mensaje de “perdón y olvido”. AMLO sigue de campaña con sus giras y el error de visitar la empresa de su amigo millonario Alfonso Romo, mientras sus diputados y senadores riñen ya con los que serán sustituidos.

II. Peña y López Obrador descuidan las formas y el fondo, contra la invocación del tabasqueño de la cita reyesheroliana de que el fondo es forma y viceversa. Y es que la crisis económica restante durante todo el peñismo ya enseña los dientes con el alza de los precios. Y nuestra moneda se degrada ante las embestidas del dólar y las largas negociaciones del TLC (Tratado de Libre Comercio) al que Donald Trump apuñalará al estilo de su doble lenguaje. Los productos a la baja son irrelevantes ante los que suben impulsados volcánicamente por la gasolina que, obviamente, seguirá al alza. Y es que el peñismo ya no cuenta. Es un cero a la izquierda… de Morena; que no halla cómo intervenir –ilegalmente– para que AMLO esté gobernando más de seis años. Se reúne con todos los sectores de la política económica. Con los ministros de la Corte, para dirigir su mensaje al Poder Judicial sobre los recortes de sueldos y gastos. Anuncia que 20 ciudadanos serán su escolta: 10 mujeres y 10 hombres… sin armas. Y que venderá todos los transportes aéreos del servicio público.

III. Toda venta empuja a los precios, más cuando son los combustibles, como en nuestro caso y que siendo un fenómeno intrínseco al capitalismo, se puede manejar con las facultades gubernamentales en coordinación con los capitalistas. Como nunca antes en el final de una elección presidencial, la hiperactividad del presidente electo y el presidente en funciones han creado efectos económicos; porque López Obrador ha anunciado un sinnúmero de medidas económicas y sociales que son vistas como política económica; por ejemplo, que el salario mínimo será de 102 pesos, lo que ya influye en el alza de los precios. Hay una transición presidencial agitada, por más que Peña se mantenga marginado, ya que no deben convivir dos instituciones con el mismo poder; igual que un águila bicéfala (como el símbolo de la austríaca), para decirlo metafóricamente. AMLO debe parar su hiperactividad pública y continuar su programa en la intimidad de su grupo de trabajo, para evitar cooperar a movimientos en la política económica.

cepedaneri@prodigy.net.mx

Domingo, 19 de Agosto 2018