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Caracas. El intento de magnicidio ocurrido en Venezuela el 4 de agosto forma parte de los planes para una intervención extranjera, que repiten con obstinación Estados Unidos y la extrema derecha contra este país.

Masacrar al presidente Nicolás Maduro y a la mayoría de las autoridades integrantes de los poderes públicos y del alto mando militar, a una gran parte del cuerpo diplomático acreditado aquí, perseguía llevar al país al caos y facilitar que fuerzas extranjeras pusieran su bota en territorio venezolano.

De llegarse a concretar la acción terrorista, las consecuencias hubieran sido impredecibles, pues de seguro la violencia, la muerte y la intervención extranjera marcarían días, meses y tal vez años de oscuridad en el país.

Sin embargo, la respuesta oportuna y la digna reacción del pueblo y de sus órganos de seguridad evitaron la crisis, y ya más de 34 involucrados en la preparación, financiamiento y ejecución del intento de magnicidio esperan detrás de las rejas para pagar sus culpas, según los últimos informes de las autoridades.

Estrategia del caos

Con el accionar de dos drones que cargaban el potente explosivo C4 en la avenida Bolívar, en Caracas, la derecha se mostró capaz de recurrir a todo para llegar al poder, incluso al terrorismo.

El día escogido, cuando se celebraba el aniversario 81 de la Guardia Nacional Bolivariana, estaban presentes en la tribuna 167 personas, entre ellas, además del presidente Maduro, las máximas autoridades de los poderes públicos, ministros y más de 100 generales y almirantes de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB).

Descabezar la revolución bolivariana y abrir el camino a las fuerzas militares, paramilitares y otros componentes asentados en territorio de Colombia, era el objetivo, según se conoció.

En un material audiovisual mostrado durante una rueda de prensa del ministro para Comunicación e Información, Jorge Rodríguez, uno de los participantes en la acción, el terrorista Juan Carlos Monasterio Venegas enfatizó que la idea central del plan de magnicidio era ‘que nadie quedara vivo’.

A esta carta, según pruebas presentadas por los organismos de seguridad y de inteligencia del Estado, apostaron el exdiputado de Primero Justicia (PJ), Julio Borges, y otros encartados, por no decir que fueron instrumentos de los grandes poderes detrás de la agresión contra la patria de Bolívar.

En un material audiovisual el exdiputado de PJ, Juan Requesens, delató a Borges como el autor intelectual del atentado, y quien además lo contactó para que apoyara el traslado a Venezuela del coordinador de la operación terrorista, Monasterio Venegas.

Tras las investigaciones de rigor el fiscal general de la República, Tarek William Saab, presentó pruebas de que la planificación y entrenamiento de los autores de la acción terrorista se realizó en el municipio colombiano de Chinácota, ubicado en el Norte de Santander, algo que estaba registrado en un dispositivo electrónico (tableta) ocupado a uno de los grupos encartados.

De haberse consumado el plan, el país sería presa fácil para una intervención militar extranjera, algo que se encuentra entre los diseños el Comando Sur de Estados Unidos y ha sido denunciado en los últimos meses por la prestigiosa intelectual y periodista argentina Stella Calloni y el presidente de Bolivia, Evo Morales, por citar dos ejemplos.

Papel de los medios de comunicación

En este intento de sembrar el caos en Venezuela también cabe mencionar la acción de los medios de comunicación, nacionales e internacionales.

El fracaso del plan los dejó sin argumentos, según fuentes gubernamentales, pero a la vez los llevó a tratar de restarle importancia y veracidad a la denuncia del gobierno venezolano.

Sobre esta estrategia desarrollada por la derecha y sus mentores extranjeros, el académico y presidente de la Fundación Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg), Roberto Hernández, puntualizó que ‘los magnicidios suelen ser catastróficos’ y las tragedias que desencadenan pueden ser de magnitud variable e impredecible.

De eso no hablan los análisis de los medios de prensa complotados contra el pueblo venezolano.

En el “relato” mediático, quien se alza en armas contra la democracia burguesa es “terrorista”, quien atenta contra la democracia participativa y contra un gobierno legítimo reafirmado tres veces por las urnas en pocos meses es un “combatiente por la libertad”, opina la periodista y escritora italiana Geraldina Colotti.

Si el atentado contra Maduro hubiera impactado en el objetivo, se habría desatado una guerra civil. Se habría creado la situación adecuada para una intervención militar externa, solicitada animadamente por una pléyade de figuras con el apoyo de los parlamentarios europeos, señala Colotti.

Tras fracasar, se recurre a conocidas técnicas de desinformación y se plantea que la acción y la denuncia fue un montaje del “régimen” para distraer la atención de la “crisis humanitaria” y desencadenar una cacería de brujas respecto a la “oposición pacífica”, la misma que impulsó la violencia terrorista en 2017.

La respuesta a estas acciones se encuentra en las calles del país, donde manifestaciones multitudinarias expresan su apoyo a Maduro y a la revolución bolivariana.

Más aún, la Juventud del Partido Socialista Unido de Venezuela manifestó su disposición de crear una fuerza de milicias de un millón de jóvenes que se uniría a los 2 millones de personas entrenadas de ese componente de las fuerzas de defensa del país.

Luis Beatón*/Prensa Latina

*Corresponsal de Prensa Latina en Venezuela.

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