El morenista Víctor Hugo Romo

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I. Se infiltraron en el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) y a la sombra de Andrés Manuel López Obrador, no pocos con antifaz de la cueva de Alí Babá, muchos más de 40 ladrones: auténticos corruptos. Marcelo Ebrard no ha rendido cuenta del fraude en la Línea 12 del Metro, ni de cómo vivió como rico en Francia, de donde es originaria su familia paterna, ni si la casona de la Roma es de su propiedad como circula el rumor. Alfonso Durazo es dueño de una empresa gasera. Víctor Villalobos tiene su fortuna. Y de los 22 designados en el primer círculo, varios tienen pensiones, ahorros y otras entradas, por lo que aunque les reduzcan el sueldo y quiten prestaciones, pueden vivir holgadamente. Así que en cuanto tomen posesión, deben informar de sus finanzas personales para que no vaya a ser que a Chuchita la bolsearon, y se pierdan las carteras gordas de billetes. Olga Sánchez Cordero tiene una jubilación hasta para renunciar a lo que le asigne López Obrador. Miguel Torruco, también, con un suegro multimillonario. Esteban Moctezuma tiene sus ahorros. El expanista Germán Martínez Cazares vive bien. Y puede hasta no cobrar.

II. Los morenistas se hacen los pobres, pero han sido saltarines; o sea, chapulines yendo del Partido Revolucionario Institucional al de la Revolución Democrática (PRD) y de éste a Morena, ganando en su tránsito para ser legisladores, desgobernadores, corruptísimos presidentes municipales, etcétera, acumulando bienes muebles e inmuebles. Es el caso del tal Romo con el nombre del ilustre Víctor Hugo, quien ya había sido delegado en la jurisdicción de Miguel Hidalgo por el PRD, “y el balance de su gestión lo marcó la corrupción”, dice en su columna la periodista Ana Paula Ordorica (El Universal, 11 de julio de 2018). Es toda una información que, sobre la marcha, plantea la pregunta: “¿cómo es posible que López Obrador –que habla de que el poder es humildad, honestidad valiente y de que su bandera es no a la corrupción– tenga entre los suyos a un personaje como Víctor Hugo Romo?” La pregunta es clave ahora mismo que el tabasqueño y su grupo están de lleno en el protagonismo del relevo, anunciando que la corrupción será perseguida sin tregua.

III. Como ese Romo hay otros. Los funcionarios que están, los que se van y llegan, incluso el mismo López Obrador ya aceptó dos pares de zapatos como obsequio de unos empresarios (¿cómo se enteraron del número que calza?). Así empieza la corrupción y no deben, los que están por asumir sus cargos, aceptar ningún regalo porque se comprometen. El caso del exdelegado del PRD –partido enemigo de Morena– y ahora casi alcalde entre los 18 que tendrá la Ciudad de México, es un ejemplo de malos manejos, como aparece en la denuncia penal por 70 millones de pesos. Y hay más de lo mismo: el abuso para echar mano del dinero público para embolsárselo con fines privados. No debe López Obrador empezar así su sexenio de 3 años, pues asegura que a la mitad del período presidencial consultará si se queda o se va, en lo que llama revocación de mandato, y que sería presentar, por causa grave, su renuncia a la Presidencia que tanto buscó para gobernar con honradez.

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Jueves, 02 de Agosto 2018