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Las trasnacionales y las corporaciones mexicanas cierran el sexenio de Enrique Peña con enormes beneficios fiscales. Y es que el gobierno les devolvió y compensó 488 mil 268.2 millones de pesos de impuestos en 2017, revela la Auditoría Superior de la Federación (ASF).

El monto representa el 50.4 por ciento del total de devoluciones y compensaciones a contribuyentes que realizó el Servicio de Administración Tributaria (SAT) en ese ejercicio fiscal, por un total de 968 mil 430.7 millones de pesos.

De acuerdo con el máximo órgano de fiscalización del país, los grandes contribuyentes fueron beneficiados en 2017 con devoluciones de impuestos por 352 mil 628.4 millones de pesos, y compensaciones por 135 mil 639.8 millones.

Así, las grandes empresas locales y las multinacionales que operan en el país mantienen un régimen de privilegio, contrario a la persecución fiscal que enfrentan los pequeños contribuyentes y la asfixia en contra de las empresas productivas del Estado, en especial de Petróleos Mexicanos. Algo que el próximo gobierno de Andrés Manuel López Obrador debería corregir.

Y es que la sangría a las finanzas públicas no es originada porque no se graven las medicinas y los alimentos, como se nos ha dicho durante años, sino porque quienes tienen y siguen acumulando capital aportan muy poco.

Más aún, de los escasos impuestos que declaran muy frecuentemente recuperan cantidades significativas, al emplear todas las artimañas legaloides a su alcance. Por ello es que las devoluciones de impuestos son tan onerosas. Lamentablemente éstas no son las únicas vías que los benefician: además están las compensaciones, los estímulos, el perdón fiscal, las condonaciones de impuestos, el “altruismo”…

Tan sólo en 2017, la Administración General de Grandes Contribuyentes del SAT devolvió 352 mil 628.4 millones de pesos a las corporaciones y trasnacionales, indica el informe de fiscalización.

Ese año, las devoluciones ascendieron a 475 mil 635.1 millones de pesos en total. Los datos refieren que el impuesto al valor agregado (IVA) fue el más afectado, pues el 89.8 por ciento (426 mil 964.5 millones de pesos) correspondió a éste; mientras que el impuesto sobre la renta (ISR) representó el 7.9 por ciento (37 mil 656.9 millones).

La devolución de impuestos, explica la ASF, es el derecho que tienen los contribuyentes de recuperar las cantidades pagadas indebidamente al fisco, así como la de los saldos a favor que resulten en sus declaraciones.

Compensaciones millonarias

El otro tema que beneficia a corporaciones y trasnacionales es el de las compensaciones: el derecho que tienen los contribuyentes de restar las cantidades que tengan a su favor en un determinado impuesto federal de las que deben pagar por adeudos propios o por retención a terceros, aunque se trate de impuestos federales diferentes; excepto cuando son impuestos que se causen por la importación de bienes o servicios, impuestos que sean administrados por autoridades diferentes e impuestos que tengan un destino específico.

En 2017, el SAT determinó y liquidó compensaciones por 492 mil 795.6 millones de pesos, 20.7 por ciento (84 mil 380.4 millones) más que en 2016 (408 mil 415.2 millones). A los grandes contribuyentes se les compensaron 135 mil 639.8 millones, refiere la ASF.

En la “Auditoría de desempeño: 2017?5?06E00?07?0080?2018”, indica que el 98.1 por ciento del total (483 mil 642 millones de pesos) correspondió a ingresos tributarios: el IVA representó el 53.9 por ciento (260 mil 479.4 millones), y el ISR, el 35.5 por ciento (175 mil 184.8 millones). Y advierte que las compensaciones aplicadas sobre los ingresos no tributarios representaron apenas el 1.9 por ciento (9 mil 153.6 millones).

Respecto de los otros beneficios fiscales a favor de los grandes contribuyentes, la ASF refiere que se constató que, en ese año, de las 14 mil 632 operaciones registradas, en el 0.8 por ciento (118 operaciones) se pagaron intereses por un monto de 202.7 millones de pesos, que representaron el 0.06 por ciento de los 346 mil 327 millones en devoluciones.

Éstas, agrega, correspondieron a casos en donde hubo resoluciones por juicios de nulidad del Tribunal Federal de Justicia Administrativa en contra del SAT.

A ello se suman los estímulos fiscales a la industria, que ascendieron a 52 mil 970.9 millones: el 1.9 por ciento de los 2 billones 854 mil 799.3 millones de pesos de los ingresos tributarios.

Según la ASF, en el periodo 2007?2017, los estímulos fiscales por actividad económica crecieron en promedio anual en 10.6 por ciento, al pasar de 19 mil 375.5 millones en 2007, a 52 mil 970.9 millones en 2017; y la actividad económica más favorecida fue la de transportes, correos y almacenamiento, con 26 mil 327.7 millones.

Más opacidad

Además de sangrar las finanzas públicas e impactar negativamente en los programas sociales y los presupuestos públicos, el problema de estos beneficios a grandes contribuyentes es la discrecionalidad con la que se aplican. vY es que las autoridades eligen a quién beneficiar y cómo, y en un país tan corrompido como México eso significa pago de favores, amiguismo, tráfico de influencias, negocios turbios.

Esa misma discrecionalidad permite a la autoridad hacendaria tratar con doble rasero a los contribuyentes: mientras a unos los acosa y exprime –incluidas las empresas estatales–, a otros les da manga ancha para evadir y eludir impuestos, y hasta les permite enviar sus capitales a paraísos fiscales sin ninguna repercusión.

Por eso destaca el papel que ha asumido la Auditoría Superior en este informe recientemente presentado al Congreso, porque por primera vez favorece la opacidad en torno al tema: mientras que en pasadas revisiones ha publicado las ramas industriales e incluso ha revelado los registros federales de causantes de las grandes corporaciones beneficiadas, ahora no incluye ni un dato al respecto.

La falta de transparencia sólo da lugar a la corrupción, y el silencio de los auditores contribuye a eso. Es hora de que las próximas autoridades fiscales pongan freno a tanto abuso y obliguen a los más ricos a pagar los impuestos que deben a la hacienda pública, en vez de seguirles regalando el erario nacional.

Nancy Flores

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