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Desde 2008, Estados Unidos ha entregado a México 2 mil 900 millones de dólares a través del acuerdo conocido como Iniciativa Mérida. La cifra es insignificante si consideramos los costos que han resultado de acomodar nuestra política de seguridad a la de los gringos.

Los propios estadunidenses saben que para ellos ha sido un excelente bussiness. Un documento del Congressional Research Service (Mexico: Evolution of the Mérida Initiative, 2007-2019), fechado el 13 de julio pasado, destaca que los recursos entregados a su vecino del sur constituyen sólo el 2 por ciento del presupuesto total que el gobierno mexicano destina a la seguridad. Y celebra: “pero han permitido al gobierno de Estados Unidos configurar las políticas de México”.

Lo han dicho muy claro. Nos entregan alrededor del 2 por ciento de los recursos que destinamos a paliar el desastre que sus directivas han generado y, encima, intervienen en nuestras políticas e instituciones mexicanas y les entregamos información de seguridad nacional.

En el mismo documento reconocen, incluso, que desde la firma de la Iniciativa Mérida los asesinatos en México se han incrementado, como también ha crecido el número de muertes en Estados Unidos a causa del consumo de drogas.

Así que si tal iniciativa tiene como objetivo combatir el trasiego de estupefacientes, vaya que ha fracasado estrepitosamente. A menos que, en realidad, tenga otros objetivos y, por ellos, tal acuerdo se mantenga.

Quien abrió la puerta a los gringos de par en par fue Felipe Calderón, aquel panista impuesto en la Presidencia de la República mediante un fraude descomunal en 2006. Al requerir el sostén de Estados Unidos, les dejó intervenir en México y hasta hizo de su exigencia la principal (si no es que la única) política de su sexenio: el combate al narcotráfico.

El documento señala que antes de 2007 México no recibía ayuda importante  de parte de Estados Unidos. Y no es porque ellos no quisieran. El “obstáculo” era la “sensibilidad de los mexicanos sobre la participación de Estados Unidos en asuntos internos del país”.

Tal “sensibilidad” fue ignorada por uno de los gobernantes mexicanos más entreguistas de la historia reciente del país (y vaya que la competencia está cerrada). Así que en marzo de 2007 Calderón Hinojosa solicitó formalmente la “ayuda” al gobierno estadunidense, entonces encabezado por George W Bush.

Prestos, los presidentes acordaron en octubre de ese año un paquete de asistencia antidrogas y contra la delincuencia para México. El gobierno mexicano se comprometió a combatir el crimen y la corrupción, mientras que el estadunidense prometió atender el problema de la demanda de drogas en su territorio y combatir el tráfico ilícito de armas.

En estos 10 años de vigencia, la Iniciativa Mérida ha tenido dos fases. La primera, considerada de arranque, abarcó de 2008 a 2010. Tuvo tres aspectos formales: 1) combate al trasiego de drogas, fortalecimiento de la seguridad fronteriza y contraterrorismo; 2) seguridad fronteriza, y 3) fortalecimiento de las instituciones.

El documento del Servicio de Investigación del Congreso estadunidense señala que durante esta fase se trató de arrestar y extraditar a los líderes de cada uno de los cárteles del narcotráfico. Y acepta: “pero esta estrategia alimentó la violencia, ya que los grupos delictivos fracturados lucharon para reagruparse y reorganizarse”.

A pesar del fracaso, Felipe Calderón decidió ampliar los alcances de la Iniciativa Mérida en 2011. Dio inicio la segunda fase. Peña Nieto trató de renegociar el acuerdo, pero finalmente aceptó los términos pactados por el calderonismo a partir de 2013. Desde entonces quedaron establecidas cuatro estrategias: 1. Combatir a los cárteles del narcotráfico mediante el intercambio de inteligencia y asistencia en operativos, con un nuevo enfoque centrado en el lavado de dinero; 2. Fortalecer el estado de derecho y proteger los derechos humanos, con base en una reforma al sistema de justicia, a las corporaciones policiacas y a los centros de reclusión; 3. Mejorar la seguridad de las fronteras norte y sur de México y contener la migración de América Central, y 4. Fortalecer la cultura de la legalidad y la educación para prevenir las adicciones.

La tercera fase de la Iniciativa Mérida ha arrancado con la llegada de Donald Trump a la Presidencia de Estados Unidos. Pero no se ha afianzado. Todo parece indicar que será hasta que Andrés Manuel López Obrador asuma la Presidencia de México cuando se establezcan las nuevas directrices. Hasta ahora el gabinete de Trump ha sostenido tres diálogos con el gabinete de Peña. La propuesta de los estadunidenses es atacar el modelo de negocios de los cárteles.

En este 2017 lo programas que financia la Iniciativa Mérida “se han enfocado en combatir la producción y distribución de opioides y otras drogas; mejorar la interdicción fronteriza y la seguridad portuaria; capacitar a expertos forenses para recopilar evidencia y testificar en juicios penales, y combatir el lavado de dinero.

El reporte refleja preocupación por el triunfo del “izquierdista” en las elecciones federales pasadas. “Es probable que las políticas de López Obrador afecten el nivel y el énfasis de la futura cooperación de seguridad entre México y Estados Unidos”, plantea.

Entre los “logros” de la Iniciativa destacados en el documento resalta “la aprehensión en México de más de 400 mil migrantes centroamericanos de 2015 a 2017”. Es una vergüenza. Y reconoce que los homicidios en territorio mexicano “alcanzaron niveles récord en 2017” y que los cárteles “han ampliado su participación en el robo de petróleo, el secuestro, la extorsión y otros delitos”.

…Sin contar a los más de 310 mil asesinados, 37 mil desaparecidos y 300 mil desplazados, que ni menciona el documento.

Tal Iniciativa nunca debió haberse firmado. El acuerdo fue celebrado por un gobierno precario, el de Calderón: acorralado, ilegítimo, débil. Subordinó al país a la agenda de seguridad de Estados Unidos. Continuó con otro gobierno, el de Peña Nieto, igualmente alejado de los intereses del país. Es momento de que se entienda que la seguridad nacional de México, debe ser de México.

Fragmentos

¿Rubido? ¿Mondragón? ¿Tello Peón? ¿Quién de ellos encabezará la “nueva” Agencia Nacional de Inteligencia? ¿Pues no que habría una renovación en ese sector? Otro chasco para la “izquierda” que cree que ganó las elecciones…

Zósimo Camacho

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