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I. La violencia ha rebasado la “estrategia” peñista de utilizar como policías a marinos, soldados y elementos de la Fuerza Aérea, formados para la guerra, a grado tal que éstos –igual que los delincuentes– violan sexualmente, abusan y matan a inocentes dejando un saldo de más de un cuarto de millón de homicidios secuestros, desapariciones y pueblos enteros desplazados. Felipe Calderón inició esa militarización, mientras los desgobernadores dejaron de cumplir con sus obligaciones de vigilancia y los delincuentes se impusieron para dejar una guerra de “todos contra todos”: unos para defenderse de la criminalidad; otros para someter a pueblos y ciudadanos e incluso a estados, para imponer la “ley de la selva”. ¿Y Enrique Peña? Pues anda de gira despidiéndose. Y lloriquea porque debe dejar el poder que sólo usó para la corrupción, el mal gobierno y autoritariamente imponer cambios favorables a la élite empresarial y las inversiones extrajeras, dejando a los trabajadores en la esclavitud de sus miserables salarios y a la población sumida en las desigualdades. Abandonando al pueblo que se ha desquitado en las urnas para ver si lo toman en cuenta.

II. Peña se fue a Mérida para cantar a dúo con Armando Manzanero al inaugurar la Casa de la Música, y en todas partes pide que sus “reformas” sean intocables. Mientras la delincuencia mata a miles y los capos encarcelados siguen –con sus celulares y computadoras– controlando a los cárteles. Compran armas, aviones y transporte para defender sus mercancías que llevan por aire, tierra y mar a su destino. Aumentan los secuestros y los robos a plena luz del día. Matan periodistas. Descuartizan y cuelgan cuerpos. Y los mexicanos ya no saben qué hacer para sobrevivir, pues los buenos policías no se dan abasto. Los desgobernadores roban y se enriquecen al estilo de Javier Duarte. Y en ese contexto están los feminicidios, cuyo origen es el Estado de México donde Peña fue desgobernador, con un promedio de 230 asesinatos cada mes. Los reporteros Arturo Sánchez, Emir Olivares, Fabiola Martínez y César Arellano (La Jornada, 29 de junio de 2018) han informado de los cadáveres de mujeres en fosas clandestinas, violadas sexualmente y sin vida en las calles.

III. Esa anarquía ha cancelado la vigencia de las leyes, rebasado a la policía (con sus buenos elementos que cumplen con su deber) y tienen un mano a mano con los militares y marinos, en una guerra aterradora. En ese ambiente, mujeres de todas las edades son secuestradas, asesinadas y violadas, dando rienda suelta a esa locura feminicida que dispone a su antojo de sus vidas. Es un macabro panorama, pues los feminicidios aumentan y los gobernantes no quieren implantar el estado de alarma, sin dar la importancia que requiere semejante drama. El resultado es que durante el peñismo hay una cifra infame de feminicidios. Necesita el país exigir que se detengan los asesinatos en general, y poner especial énfasis en la estrategia que pare los atroces atentados que se cometen contra mujeres de todas las edades, por el odio machista que hay suelto, el cual se ha hecho cargo de la multiplicación de las delincuencias.

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Miércoles, 25 de Julio 2018