Autor:

I. Dentro de las libertades políticas de todos los mexicanos, hay uno que abusó de su papel de locutor con sus desplantes de gurú electorero. Es Jesús Martín Mendoza, quien da rienda suelta a su nepotismo al hacer “locutor” a su hijo de 10 años; pero que no se trate de otros porque entonces se lanza contra ellos con sus gritos, viendo “la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio”. Y en el diálogo que se suscitó en la víspera de ir a las urnas se vio clara su inclinación hacia el candidato del PAN, cuando a uno de los reporteros de Radio-Centro, en su programa nocturno, le cambió el nombre por el de Ricardo a lo que ese reportero preguntó: “¿por qué Ricardo?”. Y el locutor de marras le contestó que por lo de Ricardo Anaya. Así que entre veras y bromas, el reportero le reviró: “bueno, pues, López Obrador”. Pues bien, durante toda la campaña usó la radio de los Aguirre: Radio-Centro en su versión de Radio-Red, para atacar, no criticar, a Andrés Manuel López Obrador con furia y amarrando navajas entre los empresarios que entrevistaba para reforzar su ataque al candidato de Morena.

II. Obviamente, por el traspiés de llamar Ricardo al reportero y éste devolverle lo de López Obrador en lugar de Martín Mendoza, estuvo claro que dicho locutor era simpatizante de Ricardo Anaya. Ese locutor que se la pasa echando rayos y centellas, porque todo le parece mal, salvo sus opiniones, desaprueba lo que está contra sus intereses ideológicos. Pues según él tiene la verdad absoluta y quiere imponerla a los radioescuchas con criterios religiosos que mezcla con sus visiones políticas. Maneja la información como mensajes comerciales, subjetivos. Mezcla sus puntos de vista personales con sus siempre alarmantes maneras de hablar, poseído por el micrófono y sus audífonos. Grita: “súbale al volumen”. Y cuando hace entrevistas se pone altanero. No pregunta, ordena. Durante el lapso electoral estuvo peor. Invocando al candidato de Morena para ningunearlo y alabar a Ricardo y algo a Meade. Manifiesta una furia de odio a todo lo que le parece diferente, ya que supone que solamente él tiene derecho a imponer sus interpretaciones de lo que mira en su computadora.

III. Echa pestes contra las redes y si alguien le manifiesta su desacuerdo tras pasar al aire su mensaje, sobre la marcha casi lo insulta, sabiendo que es dueño de su espacio y no un simple lector de noticias. Pero debe haberle quedado morado el ojo cuando supo, la misma noche de los resultados electorales, que había triunfado AMLO y durante el turno que le tocó cubrir se enfureció. Aceptaba con rabia que su Ricardo había sido derrotado y que el del PRI quedó rezagado. Intolerante con su clásico alarmismo hasta para anunciar la hora o la temperatura, se va a las mordidas con su jerga. Mientras los demás comunicadores de Radio-Red actúan con prudencia, él suelta sus amenazantes predicciones, como profeta desarmado, a la Savonarola. Nada le parece y se da demasiada importancia. Grita constantemente. Tiene cada vez menos audiencia, pues el radioescucha ya lo rechaza. Necesita un curso de tolerancia y bajarle a su volumen de gritón.

cepedaneri@prodigy.net.mx

Domingo, 22 de Julio 2018