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Moscú, Rusia. La reunión de los presidentes Vladimir Putin y Donald Trump intentó un tímido toque a la puerta del “espíritu de Helsinki”, descifrado en el interés por buscar puntos de coincidencia.

Al tomar rumbo a la capital finlandesa, cada parte llevaba en su portafolio un grupo de intereses que sólo se conocieron durante el encuentro privado de ambos estadistas, el 16 de julio, extendido por más de 2 horas en el Palacio Presidencial finlandés.

La Sala Gótica del referido inmueble sirvió de escenario para la primera reunión formal de Putin y Trump, máximos dirigentes de dos superpotencias nucleares, por lo que era obligado el tema de la estabilidad y seguridad estratégica.

Pero Trump viajó a Helsinki en medio de una crítica situación política interna para su gestión presidencial y con un interés que el diario Nezavisimaya Gazeta considera estaba relacionado fundamentalmente con China.

Para el historiador Dmitri Trenin, el gigante asiático es el mayor desafío geopolítico y económico de Estados Unidos en estos momentos, por lo que, aunque parezca descabellado, el jefe de la Casa Blanca podría haber venido a pactar con Rusia algo en ese sentido.

Trenin considera que una variante ideal para Trump hubiera sido lograr el apoyo de Putin a fin de que Rusia se uniera a Estados Unidos en la contención de China y a la presión contra Irán.

Pero tal variante resulta impensable si se miran los nexos de Rusia y China, tanto políticos como económicos, así como la coordinación de asuntos en la arena internacional.

Los politólogos locales consideran que la peor pesadilla para Washington es la alianza de Moscú y Beijing. La política antirrusa por parte de la Casa Blanca aceleró esa mancomunidad y ahora parece tarde para enmendar tan grave equivocación norteamericana.

Pero las negociaciones en el Palacio Presidencial finlandés parecieron tocar puntos clave en el orbe, como la situación en Siria.

Claro, en ese contexto, sonó extraño el agradecimiento de Trump a Rusia por ayudar a Estados Unidos a combatir al movimiento terrorista Estado Islámico en el referido país.

La realidad es que más bien el Pentágono parece hacer hasta lo imposible para mantener en pie a grupos armados radicales en Siria, incluido el Estado Islámico y Jabhat al-Nusra, contra los cuales lucha el ejército sirio, con apoyo de la aviación rusa.

Otro tema como el iraní obligó a Putin a reiterar su apoyo al acuerdo alcanzado con Teherán sobre su programa nuclear y su disposición a continuar el trabajo con la nación persa, junto a Turquía, en la solución pacífica del conflicto sirio.

Porteros de la política mundial

A tono con el espíritu del Mundial de Fútbol en Rusia, Putin obsequió un balón a Trump en plena conferencia de prensa, al término de sus pláticas oficiales. Ahora el balón está de su lado, sobre todo, cuando le toca celebrar el Mundial de 2026, indicó.

Pero en realidad, la referencia parecía estar dirigida al caso de Siria, donde la parte rusa está encargada, junto a Damasco y países garantes como Turquía e Irán, de una salida pacífica, y de iniciar un proceso político y de reconstrucción económica.

Washington considera que su presencia en el país levantino, donde carece de legitimidad, tanto de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) como de Damasco, se debe extender, incluso, más allá de la eliminación del estado Islámico, para garantizar un “adecuado” proceso político.

Por otro lado, el diario Nezavisimaya Gazeta indicó que Rusia probablemente contó con una propuesta para llegar a un acuerdo en la esfera del desarme, referido a las armas estratégicas ofensivas, pero se desconoce si fue analizado.

Tal versión carece de una confirmación oficial, pero la especulación del diario parece estar a tono con las preocupaciones expresadas por Putin al considerar el escudo antimisil norteamericano como una amenaza a la estabilidad estratégica.

La prensa rusa considera que si se hace un paralelo con el deporte más universal, Trump viajó a Helsinki en medio de muchos tiros a su portería, mientras Putin miraba cómodamente el partido, en ausencia de jugadas ofensivas en su contra.

Pese a ser Rusia la nación sometida a sanciones unilaterales por Estados Unidos, Trump pareció mucho más preocupado en el encuentro que Putin, quien carecía de algún riesgo en caso de un escaso avance en las negociaciones de Helsinki, estiman expertos.

De hecho, en el encuentro se manejaron dos ideas interesantes: el llamado de Putin a Estados Unidos a coordinar posiciones en el mercado gasífero y el anuncio de la creación de un consejo de grandes empresarios de ambos países.

Las dos iniciativas parecen poner en tela de juicio la necesidad para Washington de continuar con su política de sanciones contra esta nación euroasiática.

Especialistas rusos se refirieron en un programa de debate, a las escasas posibilidades de Trump para apuntalar el inicio de una mejora de relaciones entre este país y Estados Unidos, pues en este último la política la traza el Congreso.

Uno de los principales centros de la rusofobia en el país norteño radica en el órgano legislativo norteamericano, de donde se escucharon las más duras críticas a lo que consideran una concesión del jefe de la Casa Blanca, al reunirse con Putin.

La cita de los jefes de Estado de dos superpotencias nucleares se inscribe en un largo y arisco camino para la reconciliación. Si eso es posible, el tiempo lo pondrá a prueba.

Antonio Rondón/Prensa Latina

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