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La Habana, Cuba. En agosto de 2017, una noticia recorrió a toda prisa los medios de comunicación y las redes sociales: por primera vez una mujer actuaría como árbitro principal en un Apartido masculino de un evento global de fútbol.

La privilegiada fue la suiza Ester Staubli. La cita escogida, la Copa Mundial sub-17 organizada por la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA) en la India.

“Llegó el momento de que las juezas de máxima categoría participen en las competiciones masculinas”, expresó la FIFA en su declaración oficial, en la que también reconoció a las seis féminas que trabajaron como cuartos oficiales.

La nómina la conformaron especialistas de varias confederaciones: Ri Hyang Ok (República Popular Democrática de Corea), Gladys Lengwe (Zambia), Carol Anne Chenard (Canadá), Claudia Umpierrez (Uruguay), Anna-Marie Keighley (Nueva Zelanda) y Kateryna Monzul (Ucrania).

El hecho, aunque para algunos pareciera exageración, marcó un hito en la historia del arbitraje femenino que, en pleno siglo XXI cuando todos los derechos de las mujeres parecen reivindicados, sigue dando sobresaltos.

Sin embargo, es pertinente aclarar que no es la primera vez que una fémina se desempeña como árbitro.

Su participación, aunque escasa, es permitida desde hace unos años, pero limitada a competiciones de su mismo sexo, las cuales “curiosamente” son menos mediáticas y pagadas que las masculinas, a pesar de los llamados a la igualdad pregonados por la FIFA.

Las mujeres están, sí. La cuestión son los números. Hoy, en medio de la embriaguez futbolera con la celebración del Mundial Rusia 2018, el parche queda descubierto: ¿deportes?, ¿fútbol?, ¿mujeres?, parecen sustantivos aún no preparados para convivir en una misma oración.

Según explica la FIFA, para el Mundial de Rusia se realizó una investigación basada en “la personalidad y las cualidades de cada árbitro, su nivel de conocimientos y capacidad para ‘leer’ los partidos”.

Teniendo en cuenta estos parámetros, fueron escogidos para repartir justicia en la magna cita un total de 36 réferis y 63 asistentes, procedentes de 46 países. ¿Dónde está la dama con silbato y bandera?

Un caso demostrativo de lo expuesto sucedió en semanas antes del inicio de esta Copa con la brasileña Fernanda Colombo. La muchacha de 25 años calentó las redes sociales con la noticia de su candidatura como árbitro en la competición.

Aunque el rumor fue desmentido por la FIFA, el hecho se disparó por las redes y generó polémica entre algunos especialistas y aficionados (puntos a favor y en contra) por su desempeño en torneos anteriores.

Sin embargo, ¿qué destacaban las noticias? Muy por encima de sus cualidades profesionales, estuvieron los comentarios sobre su belleza física.

“La jueza de línea más bella”, “la árbitro de belleza mundialista”, fueron algunos de los titulares que predominaron en los artículos sexistas referidos al suceso.

La dama detrás del micrófono

El desempeño de las féminas fuera del terreno de fútbol se pinta parecido, incluso en los medios de comunicación donde parecen mayoría.

De acuerdo a una investigación del Proyecto de Monitoreo Global de Medios (GMMP, por sus siglas en inglés) de 2015 a 2017, las mujeres ocupan solo un 27 por ciento de los puestos de alta dirección en las empresas mediáticas, en tanto un 35 por ciento representa la fuerza de trabajo en las redacciones.

Mientras los hombres son motivo de noticia en cualquier circunstancia, las mujeres aparecen en los bloques informativos, revistas especializadas y de ocio, discriminadas en cuestiones salariales, puestos de poder y toma de decisiones.

Muestra categórica es lo que sucede detrás del micrófono, en la cabina donde renace el ambiente, la pasión y el ritmo de los partidos. Esta área también permanece vetada para el “segundo sexo”, pero muchas han sabido cruzar la línea de fuego.

Uno de los ejemplos más recientes que inclina la balanza a favor del par cromosómico XX, es el caso de la argentina Viviana Vila. Ella irrumpió 6 años atrás en la pantalla de televisión como comentarista del más universal de los deportes y hoy narra para la afición de Telemundo Deportes cada sorpresa que acontece con el balón esférico, en el terreno rectangular de los repletos y coloridos estadios rusos.

“Es un sueño”, ha dicho par de veces en las entrevistas, donde cuenta los agravios y humillaciones que debió enfrentar hasta llegar a este peldaño.

Pero Viviana no es la única. La mexicana Iris Cisneros, de 28 años, fue otra que llenó titulares en el mundo, al anunciar su debut como narradora de fútbol para la cadena de Univisión Deportes.

La latinoamericana compartió la emoción y el miedo, el ensueño y el desencanto vividos entre los conjuntos de la primera división mexicana América y León, desde el Estadio Azteca de Ciudad de México.

“Hay una etiqueta y eso es cruel. Ser mujer en un campo ocupado por hombres es un reto doble, no solo por demostrar tu capacidad, sino por romper el paradigma. Es un desafío gigante, un Everest, pero sí se puede”, dijo Cisneros a los medios.

En el grupo de emprendedoras destacan la periodista Vicki Sparks de la radio-televisora británica BBC One; María José (Majo) González del canal Sky Sports, y la brasileña de Fox Sports Isabelly Morais, quien puso garganta al gol de Coutinho en el debut de su país ante Suiza.

Con estas cuentas sacadas muchos parecen conformes, en tanto las que visten faldas exigen más protagonismo.

“Las mujeres sólo tienen una labor en el deporte: coronar a los campeones con guirnaldas”, así dijo casi 100 años atrás el prestigioso fundador de los Juegos Olímpicos modernos, barón Pierre de Coubertin.

Sus palabras tienen eco cuando miramos el panorama deportivo subyugado por hombres que, en países como Irán, limitan el acceso de mujeres a los estadios en los duelos masculinos, supuestamente para protegerlas de agresiones verbales.

Hoy, la voz de reivindicación feminista busca, como el delantero voraz, llevar el balón a la línea de meta y gritar el gol de la victoria. Las mujeres, conscientes de sus límites y seguras de su potencial, reclaman su lugar en el terreno de la Copa del Mundo.

Yelena Rodríguez Velázquez/Prensa Latina

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