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El domingo 1 de julio de 2018 es una fecha histórica para México y América Latina por el triunfo del candidato de la coalición Juntos Haremos Historia, integrada por los partidos del Trabajo (PT), Encuentro Social (PES) y Movimiento Regeneración Nacional (Morena). Es sin lugar a dudas un triunfo indiscutible, o si se prefiere, es la crónica de una elección largamente anunciada. Proceso electoral que seguramente fortalecerá la serie de cambios que en el siglo XXI va mostrando el fortalecimiento de los gobiernos y mandatarios progresistas de la región latinoamericana.

López Obrador llegó a  competir en otros procesos electorales como el de 2006 y 2012. Se ha reconocido que en esos comicios anteriores hubo fraudes evidentes. En ellos las autoridades electorales actuaron en contra de su candidatura, haciendo diversas maniobras de fraude. Sin embargo, en esos 12 años el candidato de las izquierdas logró acumular las fuerzas necesarias  para llegar finalmente a ganar la presente elección, muy a pesar de que en el periodo de campaña electoral se desató una fuerte campaña mediática en su contra. Ese tipo de estrategia ya no les funcionó a los partidos de derecha Acción Nacional (PAN) y Revolucionario Institucional (PRI), así como a los medios de comunicación monopólicos y a intelectuales orgánicos de esa corriente.

La explicación del triunfo electoral se puede comprender en virtud de que la ciudadanía que concurrió a las urnas estaba mucho más clara y organizada en sus alternativas e identificación con López Obrador y los partidos que lo respaldaron. A la par de que el sistema político mexicano con sus políticos y partidos de la derecha habían llegado a un importante desgaste por la imagen de corrupción e impunidad que los ha desacreditado completamente. Junto con ello, el clima de violencia e inseguridad que ha prevalecido en los últimos 12 años que ha sumado más de 250 mil muertos y 37 mil desaparecidos, colmó la paciencia del pueblo mexicano. De igual manera el modelo de desarrollo de carácter neoliberal que alentaron los políticos priístas y panistas generó los salarios más bajos de toda la región latinoamericana. Asimismo, el gran desempleo y el crecimiento de la pobreza que ha llegado a alcanzar el 54 por ciento de la población, como también el sangrado que socialmente ha producido la migración ante la falte de empleo y altos niveles de empobrecimiento. Todo esto  mostraba la grave crisis que ha padecido el pueblo mexicano y sus más amplios sectores sociales.

Así, finalmente se llegó a una situación intolerable para amplios sectores sociales. La alternativa la encontró el pueblo de México en la candidatura de Andrés Manuel López Obrador, aspirante presidencial de una estatura moral que le imprimió a esos actores sociales una imagen de seguridad y le impregnó de su carisma para enfrentar los retos del México de la segunda década del siglo XXI. La estrategia de la derecha mexicana contra López Obrador fue inútil. El triunfo de la centro izquierda parece indicar las nuevas tendencias de la realidad mexicana.

Esto, en nuestro criterio, explica en gran medida el triunfo de López Obrador. Rebasó el 50 por ciento de la votación. Esto también puede explicar que una amplia participación de ciudadanos acudió a votar logrando la reducción del abstencionismo y la concurrencia de millones de jóvenes en el proceso electoral. Para muchos de ellos seguramente era su primera participación electoral. Por lo menos esto fue lo que constatamos el día del triunfo cuando López Obrador llamó a celebrar su festejo la noche de la elección en el Zócalo. Es decir, en la plancha de esa gran plaza de la ciudad de México fue evidente la concurrencia de miles de jóvenes, así como en todo el territorio nacional en la jornada electoral. Los jóvenes que fueron a votar y que optaron por el cambio han dado un gran paso para el fortalecimiento de la democracia mexicana. En ese acto de masas, López Obrador señaló que tras el triunfo no mandaría a sus votantes a sus casas, sino que por el contrario: va a gobernar junto con el pueblo y a mantener activo su capital político. Es decir, como dirigente de masas llevará a estas mismas a trabajar por la construcción de una nueva etapa de la historia de México. Seguramente será la reforma para impulsar un nuevo Estado, el de la cuarta república.

La victoria electoral de Andrés Manuel es el triunfo de las fuerzas progresistas, de la espera y de la acumulación de fuerzas de la centro izquierda mexicana. Este momento es el resultado  de la construcción de correctas alianzas políticas que, a casi 50 años de haber irrumpido en 1968 el movimiento estudiantil mexicano, generó grandes expectativas para  la trasformación democrática de México. El resultado de estas elecciones abre un primer capítulo  con grandes expectativas que sin duda fortalecerá el camino de las fuerzas progresistas latinoamericanas y mundiales.

Adalberto Santana*/Telesur

*Doctor en Estudios Latinoamericanos e investigador titular del Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe (CIALC) de la UNAM

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