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En el norte del Municipio de Choix, durante el Porfiriato y entrado el siglo XX, existieron dos haciendas principales de las familias: Arvizu y William o Guillermo Lanphar. Contra estas haciendas lucharon los pobladores del viejo pueblo de Baca, encabezados por Luciano Urquides, que dio frutos al tiempo y como resultado de la revolución con la dotación de tierras al ejido de Baca, que comprende al mismo pueblo de Baca, Agua Caliente de Baca, El Embarcadero, Conicari, Garabato, La Estancia y El Aguaje.

La hacienda de los Arvizu se constituía de lo que ahora es el ejido de Tabucahui, San Javier, Loreto, Baca, Subilimayo; por su parte, de William o Guillermo Lanphar de lo que ahora es el ejido de Baca, quien además tenía una vinata en la comunidad de Agua Caliente.

En Agua Caliente de Baca o de Lanphar, hasta hace poco se apreciaban, a las orillas del arroyo, unos depósitos; seguramente donde procesaban el mezcal. Así también se ve el antiguo casco de hacienda y unas palmeras en la vieja casona, que retrató Ira Kneeland.

En Loreto de los Arvizu todavía se aprecian los restos de un antiguo casco de hacienda, donde están dos palmeras de taco, y muy cerca en el arroyo, está una noria, lo mismo que en San Javier. A mí me tocó andar en ese lugar, pero en los bailes, pues ahí estaba la cancha de bailes en este pueblo céntrico y crucero que como poblado no ha logrado crecer; será que todavía pesa el recuerdo de la Hacienda y de los señores feudales, hombres de horca y cuchillo.

Tiempos ingratos refieren los abuelos, cuando no había maíz, o tenían que caminar con recuas y burros a buscar el sustento a otros lugares, lejos, para conseguir los alimentos. Algunos con un puño de maíz, se iban al monte y en comales o tepalcates hacían esquite (maíz tostado) y después lo hacían pinole y así mitigaban el hambre o hacían agua con chiltepín.

Cuando nuestros abuelos nos refieren que trabajaban de sol a sol, es decir, desde que salía el astro rey hasta que se metía y algunos todavía tenían que caminar hasta sus lugares de origen; así como madrugar para llegar antes de que saliera el sol, porque si no eran regresados.

Los ejidos de Tabucahui (en el que se incluye la comunidad de Loreto) y San Javier surgieron también de las afectaciones que sufrieran en sus propiedades la familia Arvizu. Así como la familia de Rafael Nafarrate, propietaria de una hacienda en la Laguna, municipio de El Fuerte, Sinaloa, y colindante con el municipio de Choix.

En Bajósori estaba otra hacienda de la cual se ven sus restos todavía en una lomita o altito a la entrada del pueblo. En Bajósori hay dos ejidos, Bajósori I y Bajósori II. Bajósori II se logró gracias a las gestiones de Aniceto, Cheto, Rubio y otros vecinos de la comunidad, afectando tierras de Marcos Vidovich, Aurora de la Cámara Viuda de Saracho, Raúl Serrano y José María Cota.

De estos ejidos el más viejo es Baca, lo mismo que con más extensión de tierra, así como con más ejidatarios, pues su dotación de tierras es del año de 1954. Tanto Bajósori I y II, Tabucahui, San Javier, son más recientes.

Como he dicho la revolución de 1910 vino a destruir el sistema político-económico de la hacienda, pero el proceso no tiene un corte preciso ni exacto, sino que se va transitando paulatinamente, por lo que en diferentes periodos pueden coexistir diferentes formas de producción, quizá unos vayan más capitalistas y las otras más feudales. Por ejemplo, en Agua Caliente de Baca se modernizó más rápido que Baca por la hacienda de los Lanphar y después por el ferrocarril Chihuahua al Pacífico, mientras el viejo pueblo permanecía más apegado a la tradición, a la cultura indígena y a la propiedad social de la tierra, la cual todavía subsiste.

En esos tiempo en Choix de economía feudal, incluso señorial dependiente a su vez de la burguesía local del norte de Sinaloa afincada en El Fuerte, aunque es de destacar que a principios del siglo XX empieza a despuntar Los Mochis, el antiguo Mochimpo, y que se viene a fortalecer con la presa Miguel Hidalgo y Costilla, que le permite irrigar todo El Valle del Fuerte y del Carrizo, consolidándose como capital regional del norte de Sinaloa, y desplazando a la ciudad de El Fuerte, a un segundo o tercer papel, Choix, se mantiene estancado con un crecimiento económico lento, por dedicarse a actividades primarias, como la agricultura de temporal y a la ganadería, por no gozar de tierras planas ni de valles, sólo mesetas o mesas áridas, y en menor medida a la minería, no obstante la cabecera regional permanece y sigue jugando un papel clave en la economía de la región de Los Altos y en la serranía colindante con los estados de Chihuahua y Sonora, que también son lugares de tránsito.

Los hombres fuertes de la cabecera eran Raúl Couret, que fungía como financiero; los hermanos Ángel y Beto Echave comerciantes, en menor proporción refaccionaban a los rancheros y pobladores de las comunidades satélites. Verbigracia: Ángel Echave en cada poblado de Choix tenía un compadre que ponía una tienda y a la vez compraba lo que se producía en los pueblos, como el ajonjolí. A manera de ejemplo en Loretillo estaba Román Espinoza Ávila; y en Baca, Leonardo Espinoza Corrales y Cosme Espinoza Navarro; en Agua Caliente de Baca, Nolberto Espinoza Corrales; en Agua Zarca, Roberto Cota; en Techobampo, Antonio Cota Pajarola, y en Tabucahui, Joaquín Urquidi.

Aunque se supone que el sistema de las haciendas fue destruido, eso no fue del todo ni en automático, todavía persistía en las mentes de la gente de aquellos tiempos como Jesús Torres, originario de Baca pero que tuvo una casona tipo hacienda en La Higuerita de la cual quedan vestigios, o el general Roberto Cruz, que luchó con el ejército constitucionalista –aunque más con el ala obregonista o con el grupo Sonora– contra el porfirismo que representaba la hacienda, se instala en La Guasa donde construye su morada tipo hacienda.

Hasta ya cerca de fenecer el pasado siglo todavía por los pueblos de Choix siguieron existiendo las tiendas tipo de raya, donde los hombres ricos del pueblo financiaban a los campiranos y ejidatarios, a cambio de entregar sus cosechas al término de la temporada de siembras, ya en la pizca, para ello pedían fiado y en una libreta les anotaban lo que sacaban o consumían día con día (el tiendero llevaba un registro lo mismo que el deudor) y al final hacían cuentas. Algunos alcanzaban a pagar y otros salían debiendo.

Posterior a esto entró el neoliberalismo cruel y descarnado, sin que los campesinos de Choix lo alcanzaran a entender, ni haber transitado por los diferentes estadíos económicos y políticos, pero sí resintiéndo y padeciéndolo. La modernidad los sorprendió descalzos, solos y a su suerte.

Guadalupe Espinoza Sauceda

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