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!. Pedante y pícaro, el candidato presidencial Ricardo Anaya –apodado por los panistas auténticos como el Canalla–, que se hizo a sí mismo, a su familia y la de su esposa casi millonarios al recibir de un lavador de dinero nada menos que 54 millones de pesos por la venta de un terreno-nave industrial, ha sobresalido como aplicado alumno de clases de oratoria, a tal grado que es conocido como “pico de oro”. Suelta sus diarreicos discursos, con hipócrita sonrisa, yendo en un lejano segundo lugar en las encuestas, con ganas de querer alcanzar al puntero Andrés Manuel López Obrador; lo cual está más “pelón” que su rapada cabeza. Me cuentan unos queretanos que no se deja crecer el cabello porque le crece como púas y por eso luce su cuero cabelludo, en lugar de ponerse una peluca como Donald Trump. El panista que traicionó a la tradicional militancia e integrantes, con la complicidad de Gustavo Madero y Santiago Creel, anda muy apurado resbalándose al escalar rumbo a la cima encuestadora, atacando al tabasqueño.

II. Repitiendo así lo mismo que los corruptos, los del clan de Carlos Salinas (el otro calvo, precursor de Enrique Peña) y todos los enriquecidos con el botín de los dineros del pueblo que le tienen pánico, porque junto con los empresarios al fin enfrentarán al poder presidencial-político para limitar los abusos del neoliberalismo económico. Así que está “pelón” que pueda remontar su estancamiento ese Ricardo (¿tercero a la Shakespeare, por haber traicionado los principios de Acción Nacional y divido al partido hasta sacar a Margarita Zavala, quien no aguantó la cruz de ser esposa de Felipe Calderón). Y es que este candidato presidencial ya se rezagó. Y por más que se desgarre las vestiduras con su oratoria y sostenga que la competencia es entre dos: él y López Obrador, si bien iba en segundo lugar, lo cierto es que se ha ido retrasando y los panistas de abolengo, descendientes del árbol de su fundador, el callista Manuel Gómez Morín no votarán por él. Y los pocos que le otorgarán su voto, lo hacen porque creen que tiene cualidades; pero está muy claro que es un individuo oportunista, ultraderechista y enamorado de su voz.

III. Sin raíces panistas, logró adueñarse de la marca PAN. Y oportunista, se hizo aliado del Partido de la Revolución Democrática de los Chuchos. Y su asesor, el Jefe Diego Fernández de Cevallos, le ha hecho creer que navega en un mar de votos, cuando el queretano camina en el desierto y los espejismos lo llevan de las tormentas de arena a un sol abrazador de ilusiones. Ni siquiera monta un camello. Va a pie con su calva sin posibilidades de consolidar su posición, empatando con Meade-Mid; ambos tal vez alcanzados por Zavala, si ésta siguiera en la competencia. Y a buena distancia del “mocha manos”. Pero todos ya en la retaguardia y sedientos de apoyos. Por lo pronto, está doblemente “pelón” que Anaya pueda lograr acercarse al tabasqueño quien, montado en el populismo democrático, lleva una clara delantera hacia las elecciones. Y ni siquiera Anaya se puede jalar los pelos para desquitarse de que no puede ni podrá alcanzar a López Obrador y menos, mucho menos, ganar la Presidencia.

cepedaneri@prodigy.net.mx

Miércoles, 13 de Junio 2018

 

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