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Cuando José Antonio Meade Kuribreña acusa a Nestora Salgado de “secuestradora” no sólo la difama y manda al diablo a las autoridades (las judiciales que la exoneraron y las electorales, que la registraron en la boleta electoral). No sólo muestra su lado priísta más rancio al incriminar a una mujer absuelta por la justicia, una mujer que ha luchado por su comunidad y que ha sido galardonada por ello en el Palacio Nacional de Bellas Artes. No. Al acusar a Salgado para golpear a un oponente político inalcanzable, Meade expone a un sistema político en decadencia, y evidencia la ausencia del Estado y del estado de derecho en nuestro país. Por si fuera poco, saca a relucir el vacío de gobierno que las gestiones federales del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y las del Partido Acción Nacional (PAN) han dejado en muchas regiones de México.

Lugares como Olinalá, Guerreo, de donde proviene Nestora Salgado, han sufrido la ausencia de una autoridad eficiente, de un gobierno confiable; padecieron la inexistencia de seguridad impartida desde el gobierno federal a través de los estatales y municipales. Y eso es lo que expone Meade al acusar a Nestora, que el partido y el gobierno al que pertenece permitieron que el crimen organizado creciera hasta llegar a aniquilar gente, comunidades enteras, en las que la espiral de violencia creció tan alto y dañó tanto a la sociedad, que ciudadanos, hombres y mujeres debieron tomar la justicia en sus manos, las armas y las decisiones.

Las policías comunitarias o guardias de autodefensa –como la de Salgado o la de José Manuel Mireles en Michoacán– no se dieron por generación espontánea, o por un deseo vano de bravuconería; fueron el resultado de la ineficiencia, en el mejor de los casos, de los gobiernos que hemos tenido. Son el resultado de un pulso instintivo de sobrevivencia, pues en muchas partes del país se sobrevive, no se vive.

Que fácil resulta para el gobierno avalar a las policías comunitarias –de acuerdo con los usos y costumbres de sus comunidades o no– e incluso apoyarlas cuando el crimen se vuelve tan fuerte que no puede siquiera negociar con éste. Y cuando las guardias comunitarias han sosegado a la violencia criminal y empiezan a tener una mayor presencia y control en sus regiones, cuando exponen a políticos y particulares en acciones indebidas, cuando evidencian las conexiones de los gobiernos locales con el crimen organizado, cuando esos luchadores sociales se vuelven líderes de sectores más amplios de la sociedad, que fácil también le resulta al gobierno mandar a sus integrantes a prisión, en especial a los líderes. Ahí está el recién excarcelado José Manuel Mireles y la misma Nestora Salgado, quien estuvo presa 2 años y 8 meses. ¿Nos extraña que así actúan el priísmo y el panismo? Claro que no. Lo que no sabíamos con certeza, hasta el segundo debate de los candidatos a la Presidencia, es que el ciudadano Meade “el impoluto”, “el no priísta” era igual que los que lo pusieron en la carrera presidencial. Ya lo imaginábamos, lo sospechábamos, lo intuíamos, pero…

Por si quedara alguna duda de que Meade y el PRI están usando a Nestora Salgado como ariete político electorero para desprestigiar a Andrés Manuel López Obrador, sólo hay que tener presente que, de las seis causas penales de las que Nestora Salgado fue absuelta por falta de pruebas procesales, cinco fueron apeladas por la Fiscalía General del Estado desde 2016: por secuestro agravado, homicidio calificado, tentativa de homicidio, privación de la libertad y robo específico. Lo curioso es que la aceptación de las apelaciones se dio el pasado mes de abril y que la tarjeta informativa de notificación al respecto está fechada el 23 de mayo (Zacarías Cervantes, El Sur. El Periódico de Guerrero, https://suracapulco.mx/2018/05/25/reabre-el-tsj-cinco-causas-por-secuestro-homicidio-y-robo-contra-nestora/), justo 3 días después de que Meade acusó a Salgado durante el segundo debate de la contienda presidencial. ¿Será coincidencia que, cuando uno de los candidatos presidenciales del régimen, el que tiene menor preferencia electoral –el Bronco, su caballito es de palo–, hace una acusación, sea cuando se aceptan cinco apelaciones interpuestas dos años atrás?

La admisión de las apelaciones no quiere decir que Nestora Salgado sea culpable, legalmente es inocente y todavía tiene recursos para defenderse, situación que se antoja muy difícil cuando la luchadora social se enfrenta al régimen representado por el candidato presidencial del gobierno federal. Aunque el mismo Meeade ha expuesto la farsa al decir que su problema no es con ella, sino con Obrador. Te equivocas Meade, al atacar a una mujer, a una luchadora social, para desacreditar a tu oponente político. Muchísimos escucharon tus infundios, ahora escuchémosla a ella  y a los que la conocen (http://amp.milenio.com/videos/politica/entrevista-nestora-salgado-experiencia-comandanta-olinala).

Entre todas las incertidumbres que genera el abuso del poder político que ejerce el candidato de la coalición Todos por México al re-victimizar a una mujer ya exonerada, tenemos sólo una certeza: Meade fue priísta de closet hasta que atacó a Nestora Salgado, y justo con eso nos acordamos de que, en nuestra débil democracia, el PRI está dispuesto a llegar a las últimas consecuencias para no perder el poder económico y político que ha detentado por décadas, aun en contubernio con el PAN. Ya veremos si se atreverán a cometer un fraude con la mayor parte de la sociedad apoyando al Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) y a López Obrador.

Roberto E Galindo Domínguez*

*Maestro en apreciación y creación literaria, maestro en ciencias, literato, arqueólogo, diseñador gráfico. Cursa el doctorado de novela en Casa Lamm. Miembro del taller literario La Serpiente

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