La tribu del PAN

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Opositor a la Revolución Mexicana, admirador del franquismo, anticomunista, católico fundamentalista, empresarial, “opositor leal” al PRI, aliado del régimen, salinista… El devenir y las caras de un partido hoy desgarrado y en crisis de identidad

El partido electoral más antiguo de México, el Partido Acción Nacional (PAN), naufraga este 2018 ante la mirada atónita de muchos de sus militantes de base, que –empeñados en su visión conservadora de la vida– no se percataron en su momento de la trascendencia del abandonar sus principios en aras de resultados prácticos.

El cómo se está desbaratando el PAN tiene mucho que ver con los intereses personales y de grupo de Felipe Calderón, Ricardo Anaya y Margarita Zavala en el marco de la efervescencia de grandes sectores de la población a favor de Andrés Manuel López Obrador; pero en última instancia tiene más que ver con el cambio de “dueño” que se operó en 1991, con la sumisión del Jefe Diego Fernández de Cevallos y la cúpula panista a los designios de Carlos Salinas de Gortari.

Raíces sinarquistas

El PAN tiene sus antecedentes ideológicos y estructurales en el movimiento sinarquista. El 23 de mayo de 1937 en León, Guanajuato, una organización católica secreta llamada La Base fundó la Unión Nacional Sinarquista. La Base estaba formada por jóvenes activistas católicos inspirados en los triunfos de Adolfo Hitler en Alemania, Benito Mussolini en Italia y en especial por Francisco Franco en España. Estos jóvenes decidieron formar una organización de corte fascista católica, anticomunista y nacional sindicalista, al estilo del falangismo español de José Antonio Primo de Rivera.

Su objetivo declarado era defender a México de la “amenaza comunista” y de la democracia liberal, a la cual consideraban decadente. El artículo primero de sus estatutos establecía: “La Unión Nacional Sinarquista es una organización integrada por mexicanos cuya suprema finalidad es implantar en México el Estado Cristiano y cooperar a que éste se establezca en el mundo”. Por supuesto, este propósito dicho en 1937 significaba ni más ni menos que la instauración de fascismo en México al estilo de Francisco Franco.

“El sinarquismo recogió a buena parte de los antiguos cristeros, a los que se sumaron como dirigentes del movimiento algunos abogados y otros elementos de clase media de provincia que provenían de la Asociación Católica de Jóvenes Mexicanos (ACJM)”.

De hecho el sinarquismo en México era la continuación por otros medios de la Guerra Cristera, esto es, por medios políticos y partidarios.

En 1939, 2 años después, parte de los fundadores del sinarquismo terminan de integrarse con la Unión Nacional de Estudiantes Católicos y con otros miembros de la Asociación Católica de Jóvenes Mexicanos provenientes de la Ciudad de México y fundan el Partido Acción Nacional, al que también se integran personas que no se caracterizaban por su inclinación religiosa, como Aquiles Elorduy, que denunció en 1947 en algunos artículos de prensa la realización de actos religiosos que eran violatorios de la Constitución y de inmediato fue expulsado de ese partido.

El PAN siempre se definió como un partido político y no una organización confesional, aunque se autoproclama como una organización de “inspiración cristiana” con una base católica. Lo que marca la diferencia del PAN con el sinarquismo en el terreno de la ideología es que este último no oculta sino que declara abiertamente su carácter confesional.

Una vez que el PAN fue creciendo y se convirtió en un partido más identificado con los intereses de empresarios norteños que con las aspiraciones de pequeños propietarios y de los hijos y los nietos de cristeros en el centro del país, el sinarquismo empezó a separarse del PAN.

Porque el PAN no sólo es hijo putativo de los sinarquistas, sino resultado también de la unión libre, del amasiato, de una parte de éstos con empresarios derechistas del norte del país, específicamente con el Grupo Monterrey.

El ser buen “cristiano” no está para nada reñido con tener una mentalidad empresarial, con buscar la mayor ganancia con la menor inversión de capital, no importando si para eso se crean artificialmente sindicatos blancos, se violan las leyes laborales y se mantiene a los trabajadores en la pobreza. Ésta, la ley de la máxima ganancia, es la verdadera religión “cristiana” que los panistas y otros en México llaman “libre empresa” o “economía de libre mercado”.

El Cártel de Monterrey

El Grupo Monterrey es el resultado en el terreno de los negocios de lo que en su momento fue el Cártel de Monterrey, un grupo de traficantes de droga que tuvo su auge entre 1920 y 1933 en la Frontera Norte.

En enero de 1929 se prohibió en Estados Unidos la producción, venta y el transporte de bebidas alcohólicas. No obstante el alcohol continuó siendo producido en ese país de forma clandestina, provocando un auge considerable del crimen organizado. El alcohol adquirió precios elevadísimos en el mercado negro, lo cual disparó el crecimiento de empresas de México que clandestinamente lo exportaban a Estados Unidos, como la Cervecería Cuauhtémoc y su filial la Vidriera Monterrey que se encargaba de fabricar los envases de vidrio de la cerveza.

Estas pequeñas empresas que luego se conocerían como Grupo Monterrey ganaron millones de dólares mediante este tráfico clandestino. Cuando en diciembre de 1933 terminó la Ley Seca, las empresas del Grupo Monterrey ya se habían posicionado como parte de las industrias más importantes de México. Cualquier parecido con el poder financiero de los actuales cárteles de la droga de México no es pura coincidencia.

Los años de oposición “leal”

El PAN siempre ha tenido una actitud vacilante frente al Partido Revolucionario Institucional (PRI). Su prueba de fuego, fue en 1940, un año después de haberse constituido precisamente para participar en las elecciones. En esas andaban los panistas cuando su candidato Luis Cabrera Lobato declinó la postulación. También en ese año había surgido un movimiento cívico de oposición al PRI (en ese momento llamado Partido de la Revolución Mexicana, PRM), el cual se expresaba en la candidatura de Juan Andrew Almazán. Ante la exigencia de muchos de sus militantes de que el partido se sumara a esa candidatura de oposición, el PAN temeroso de las consecuencias de una verdadera lucha cívica decidió no participar pero dejó en libertad a los panistas de apoyar a Almazán por su propia cuenta y riesgo. Muchos panistas participaron en la campaña de Juan Andrew Almazán, la cual fue salvajemente reprimida el 7 de julio de 1940 –el día de las elecciones presidenciales– por el gobierno y los matones de lo que luego se llamaría PRI. Se contabilizaron en la Ciudad de México más de 150 muertos, pero la cifra fue mucho mayor. Menudo susto le dieron al PAN sus ahora aliados del PRI, por lo que no volvieron a participar en las elecciones presidenciales sino hasta 1952, esto es 12 años después.

No hay gran cosa que contar de los panistas en los años de farsa electoral que siguieron a 1952, hasta 1970, 2 años después de la masacre de Tlatelolco, año en el que obtuvieron el 13 por ciento de la votación. En las elecciones generales de 1976 hicieron lo único realmente bueno que han hecho en sus 79 años de vida: no proponer candidato a la Presidencia de la República y dejar en evidencia, ante todo México y todo el mundo, al PRI-gobierno y su farsa de democracia y elecciones libres, pues ese año el ganador del proceso electoral fue al mismo tiempo, el único candidato registrado, el priísta José López Portillo. A partir de ahí son los grupos empresariales o “neopanistas” los que empiezan a tomar más fuerza al interior del PAN. Y luego de la Reforma Política de 1977 su situación electoral comienza a mejorar.

Elecciones de 1988

En las elecciones de 1988, el PAN postuló a Manuel Clouthier, alias Maquío, como su candidato a la Presidencia de la República quien luego del fraude electoral tuvo una postura digna al desconocer el triunfo de Carlos Salinas de Gortari, postura valiente que 1 año más tarde provocaría su propia muerte. Ya sin Manuel Clouthier, Diego Fernández de Cevallos impuso la quema de las boletas electorales, con lo que se completó la sumisión total de la dirigencia del Partido Acción Nacional al salinato; por lo que en 1991 termina el PAN su larga trayectoria como partido de oposición y se convierte en una comparsa a favor de la dictadura de Carlos Salinas de Gortari.

El PAN “toma el poder”

En el año 2000 un auténtico “representante” de México lanzó su candidatura a la Presidencia del país. Inculto, iletrado, hablador, estridente, dicharachero, pendenciero, como dice una cosa dice la otra, en fin, con dinero, se hizo el propósito de llegar a la llamada “Primera Magistratura”. Una parte importante de los empresarios que durante décadas se habían cansado de las raterías y dictadura del PRI se unieron a él y formaron “Los Amigos de Fox”. Al igual que ahora en Estados Unidos con el gesticulador Donald Trump, los medios masivos encontraron una mina de declaraciones muy vistosas que ofrecer al público.

Fox no tendría preparación, pero sí que tenía sentido común, así que millones de mexicanos se le adhirieron. Otros más se sumaron a Fox no por sus estridencias, sino sinceramente conmovidos por el sacrificio de Manuel Clouthier 12 años antes. Tenían muy en alto el prestigio del PAN como partido de oposición, no sabían que mediante Diego Fernández de Cevallos la dirección de este partido ya estaba al servicio de Carlos Salinas que desde la oscuridad orquestaba los entramados político nacionales.

Además, el discurso de Fox, aunque más “ocurrente” y dicharachero, estaba en el tenor de la combatividad de Manuel Clouthier, así que también se unieron otros que estaban hasta la madre del PRI: desde la gente del pueblo cansados ya de los pazguatos y “políticamente correctos” discursos del hijo del general, hasta millones de ciudadanos que vieron el discurso de sacar al PRI de los Pinos como una posibilidad que a la mera resultaba.

Así se dio un fenómeno de acuerdo social similar al que se había dado en 1988, 12 años atrás, a favor de la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, el Hijo del General.

Por otro lado, la dictadura no veía en Fox un peligro, pues ya había demostrado su capacidad de “llegar a acuerdos” a negociar hasta a su madre, tal y como lo demuestran los antecedentes que finalmente lo llevaron a la Presidencia.

Las concertacesiones previas

Carlos Salinas negocio con la cúpula del PAN –luego de las cuestionadas elecciones del 6 de julio de 1988– el reconocimiento del “triunfo legal” y la validación de la toma de posesión presidencial a cambio del otorgamiento de, por lo menos, tres gubernaturas para el PAN: la de Baja California a disputarse el año siguiente y las de Guanajuato y San Luis Potosí, las cuales serían las primeras gubernaturas en México en manos de la oposición.

El único obstáculo para semejante arreglo bajo la mesa era ni más ni menos que Manuel Clouthier. Cuando Carlos Salinas de Gortari, en presencia de Diego Cervantes de Cevallos, Carlos Castillo Peraza y Luis H Álvarez le hizo el ofrecimiento de tranzar, Manuel Clouthier salió molesto. Le parecía abominable lo que la dirigencia de su propia partido estaba haciendo y que contravenía todo por lo que habían luchado: un país democrático, a su manera, pero democrático, libre de corrupción y con elecciones verdaderamente libres. Encabronado llegó a su departamento donde vivía con su hijo y es este el que narra las palabras de lo que sería la última cena con Maquío:

“Estos hijos de la chingada –dijo Manuel Clouthier– creen que mi dignidad tiene precio. No entienden que hay hombres que somos como los toros de lidia, que cuanto más los pican, más embisten.”

Así que los dirigentes panistas decidieron hacerlo a un lado y, a su muerte, los de la cúpula del PAN lloraron unas cuantas lágrimas de cocodrilo y… a otra cosa, mariposa.

La quijada de burro que mató a Clouthier fue bendecida por el nuevo Caín del PAN: Diego Fernández de Cevallos y sus hoy petateados compinches.

El plato de lentejas del PAN

Finalmente la burguesía a la que representaba el PAN estaba tan interesada, como los capitalistas representados por Salinas de Gortari, en el establecimiento de las reformas estructurales que “modernizarían” al país en beneficio de los grandes empresarios e inversionistas nacionales y extranjeros. Así que no veían por qué cuestiones tan mundanas, como un fraude electoral de proporciones nacionales, pudiera obstaculizar sus negociaciones.

Específicamente, tanto Salinas de Gortari como los oligarcas del PAN estaban interesados en la reforma del Artículo 27 Constitucional, para que las tierras ejidales pudieran ser dadas en propiedad a los ejidatarios… y éstos las pudieran vender a precios de hambre a los grandes capitalistas del campo y a los especuladores inmobiliarios de las periferias de las ciudades de México en plena expansión urbana.

Salinas no veía ningún peligro en entregar la gubernatura de Baja California al PAN. Por un lado, pese a su corporativismo y corrupción, el PRI de Baja California de por sí ya estaba acabado; 1 año antes de la transa de Salinas con la cúpula del PAN, exactamente el 9 de septiembre de 1987, el priísta gobernador de Baja California había sido sorprendido por los medios de comunicación, luego de un tremendo escándalo con sus guaruras, en una casa de citas en Río Niágara, en la colonia Cuauhtémoc de la ciudad de México, “en traje de Adán y con una borrachera de dos días”, lo que lo puso en la picota. Éste y otros casos que lograron difundirse de corrupción escandalosa lo llevaron a que renunciara a su cargo. Por otro lado porque pese al mayúsculo fraude y caída del sistema de las elecciones de 1988, ni todas las trapacerías del PRI habían logrado ocultar que en Baja California había ganado Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano y así lo habían tenido que reconocer oficialmente.

Evidentemente, el PRI en Baja California perdería las elecciones de julio de 1989 y las ganaría el Frente Democrático Nacional (FDN) de Cuauhtémoc Cárdenas, a menos que…

Como ya tenía perdida el PRI la gubernatura de Baja California prefería dejársela al PAN que a la oposición de izquierda. Así que la maquinaria electoral del PRI se puso en marcha en Baja California para cumplir el compromiso de Salinas con el PAN. De esta manera la votación del PAN en Baja California pasó de 106 mil votos obtenidos en 1988 a 204 mil obtenidos en 1989, esto es, el doble de lo obtenido un año antes. Así, Rufo Appel se convirtió en el primer gobernador no priísta en la República Mexicana.

La otra carta negociada, la gubernatura de Guanajuato, fue más difícil de cumplir, ya que las elecciones de agosto de 1991 las ganó oficialmente Ramón Aguirre del PRI, derrotando a Vicente Fox, el candidato por el PAN a quien Salinas había acordado la entrega de la gubernatura.

Ramón Aguirre había sido jefe del Departamento del Distrito Federal y fue uno de los encubridores de Arturo Durazo Moreno. Para garantizar la superioridad del PRI en la ciudad de México hizo importantes alianzas con los líderes del comercio ambulante, los asentamientos irregulares y los delincuentes organizados, gracias a esto la Ciudad de México llegó a los más altos niveles de inseguridad y contaminación. Su patética actuación frente al terremoto del 19 de septiembre de 1985, fue lo peor de su periodo como regente del Distrito Federal. Sin embargo, en 1987 el PRI lo nombró públicamente uno de sus precandidatos a la Presidencia de la República, por lo que al interior del PRI fue rival de Carlos Salinas de Gortari.

Luego del fraude electoral, al tomar posesión de la Presidencia en 1988, el nada rencoroso Carlos Salinas de Gortari designó a Ramón Aguirre a un puesto de segunda categoría, el de director General de la Lotería Nacional. Desde este cargo, resignado, Ramón Aguirre empezó a promover su candidatura a gobernador de Guanajuato. El 28 de febrero de 1991 fue oficialmente declarado candidato del PRI a la gubernatura de Guanajuato, e inició su campaña electoral. El 18 de agosto de 1991 se le dio oficialmente el reconocimiento como gobernador electo.

De acuerdo con el guion de la opereta ya pactado entre Salinas de Gortari y el PAN, el candidato de este último partido, Vicente Fox, reclamó el triunfo para sí y denunció un fraude electoral. Ante esto el presidente Salinas obligó a Ramón Aguirre a expresar que, aunque había sido declarado gobernador electo, no se presentaría a tomar posesión del cargo y, ante esta situación, el Congreso de Guanajuato designó gobernador provisional al panista Carlos Medina Plascencia quien gobernaría del 3 de noviembre de 1991 al 25 de junio de 1995. Fue personalmente Fernando Gutiérrez Barrios quien se encargaría de disciplinar a los priístas guanajuatenses inconformes, como declararía más tarde el entonces coordinador de los diputados priístas locales Carlos Chaurand. Así que el priísta Ramón Aguirre se retiró con la cola entre las patas y no volvió a aparecer en la escena política sino hasta 12 años después.

Para decirlo en los términos que usaría Fox: “unos son los que corretean la liebre y otros son los que se la llevan al sartén”. Fox había sido el candidato del PAN. Fue Fox quien encabezó la lucha contra el presunto fraude electoral, pero no se había quedado con la gubernatura. Así que ante los pataleos de Fox, la cúpula de caínes del PAN negoció con éste, entre otras cosas, que él sería el próximo candidato del PAN en Guanajuato y que en concierto con Carlos Salinas de Gortari echarían atrás los artículos constitucionales que le impedían a él, hijo de extranjeros, competir por la presidencia de México. Fox que como dice una cosa dice la otra, se disciplinó, no con pocas vociferaciones y en efecto en 1995 se quedó con la gubernatura de Guanajuato. Para explicar todo este capítulo de la historia, los mexicanos inventaron una nueva palabra: “concertacesión”, esto es la acción de concertar que cedes, o accedes… a cambio de un hueso posterior.

En las elecciones de San Luis Potosí, también por medio del fraude acostumbrado, “ganó” Fausto Zapata Loredo, candidato del PRI, en contra del doctor Salvador Nava Martínez, postulado por el PAN. Al igual que en Guanajuato se intentó por parte de Salinas de Gortari otorgar la gubernatura al PAN con la condición, por parte de Salinas, de que podía ser gobernador aquel que el PAN designara, menos el doctor Nava. Sin embargo, la gran agitación que se suscitó desconcertó los planes y aunque Fausto Zapata igual se fue con la cola entre las patas, 13 días después de haber tomado el cargo, en su lugar quedó Gonzalo Martínez Corbalá, un priísta atípicamente ilustrado que había crecido a la sombra del general Lázaro Cárdenas del Río y había jugado un papel humanitario como embajador de México en Chile durante el fatídico golpe militar de los pinochetistas, y quien a su vez, un año después de asumir la gubernatura de San Luis Potosí, dejó el poder en manos del empresario local Teófilo Torres Corzo.

Más concesiones transaron la cúpula del PAN con un Carlos Salinas de Gortari urgido, en el verano de 1988, de cómplices que le permitieran asumir la presidencia robada. El principal, como ya dijimos antes, fue la modificación el Artículo 27 constitucional para despojar a los campesinos de sus ejidos y eliminar la propiedad social de la tierra que, contrariamente a lo que Salinas prometió, metió al campo en la más grave crisis que jamás se haya vivido, al grado que el 60 por ciento de los granos que consume México tienen que importarse.

Otros cochupos también se cumplieron derivados del pacto del PAN con Salinas. Uno de ellos es el incremento de la fortuna personal del tristemente célebre Jefe Diego, quien logró convertirse ya en uno de los hombres más ricos de México, al grado que cuando los Misteriosos Desaparecedores lo llevaron de vacaciones, su familia pagó sin chistar 30 millones de dólares para que lo regresaran. Esto es el equivalente al precio de más de cuatro Casas Blancas de Peña Nieto en las Lomas.

Sin embargo, el principal efecto derivado de la negociación de Salinas con la cúpula del PAN en 1988 sería la posibilidad de que Fox llegara a la Presidencia en el año 2000, mediante la modificación de la Constitución Política, terminando así con la hegemonía del PRI, y confirmando plenamente la hegemonía de la dictadura multipartidaria de Carlos Salinas de Gortari, el poder real detrás del trono.

David Cilia Olmos*

*Licenciado en administración y maestro en desarrollo social; exintegrante de la Liga Comunista 23 de Septiembre

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