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Roma, Italia. El 30 de abril de 2018, Benjamin Netanyahu dijo disponer de archivos robados a Irán que, según él, demuestran que ese país mantuvo, hasta 2003, un programa secreto de investigación nuclear a pesar de las fatwas del imam Khomeiny y del ayatola Khamenei contra la fabricación de armas nucleares.

La decisión de Estados Unidos de salir del acuerdo sobre el programa nuclear iraní [1] –que Teherán firmó en 2015 con los cinco países miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) más Alemania– da lugar a una situación extremadamente peligrosa, y no sólo para el Oriente Medio.

Para entender lo que implica esa decisión [de Estados Unidos], adoptada bajo la presión de Israel –que califica el acuerdo de “rendición de Occidente ante el Eje del Mal encabezado por Irán”–, es necesario partir de un hecho muy concreto: no es Irán sino Israel quien tiene la bomba atómica.

Hace más de 50 años que Israel fabrica armas nucleares en su instalación de Dimona, construida con ayuda occidental, sobre todo de Francia y de Estados Unidos. Nadie inspecciona la instalación israelí de Dimona porque Israel no ha firmado el Tratado de No Proliferación de armas nucleares, tratado que –por el contrario– Irán firmó hace 50 años.

Las pruebas que demuestran que Israel fabrica armas nucleares fueron reveladas, hace más de 30 años, por el técnico nuclear Mordechai Vanunu, quien había trabajado en Dimona. Después de ser estrictamente verificadas por los más importantes expertos en armas nucleares, las pruebas de Vanunu fueron publicadas en el Sunday Times el 5 de octubre de 1986. Vanunu fue secuestrado por el Mossad y trasladado clandestinamente a Israel, donde fue condenado a 18 años de cárcel, que purgó bajo régimen de aislamiento. Después de cumplir la condena, Vanunu fue liberado pero las autoridades israelíes lo mantuvieron sometido a una serie de graves restricciones [2].

Hoy en día Israel posee –aunque sigue sin admitirlo– un arsenal nuclear estimado en entre 100 y 400 armas atómicas, entre las que se incluyen bombas nucleares tácticas y bombas de neutrones de nueva generación. Israel produce, además, plutonio y tritio en cantidades suficientes como para construir cientos de armas atómicas. Las ojivas nucleares israelíes se encuentran listas para su uso, al igual que sus misiles balísticos, como el Jericó 3. Para el uso de sus armas nucleares, Israel también dispone de otros vectores, como los aviones de guerra F-15 y F-16 proporcionados por Estados Unidos, a los que ahora se agregan los F-35, igualmente made in USA.

Mientras tanto, las numerosas inspecciones de la Organización Internacional de la Energía Atómica (OIEA) confirman que Irán no tiene armas atómicas y que además está sometiéndose puntualmente a los controles internacionales previstos en el JCPOA. Pero, como escribiera el 3 de marzo de 2015 el exsecretario de Estado estadunidense Colin Powell en un correo electrónico revelado, “en Teherán saben bien que Israel tiene 200 armas nucleares, que apuntan todas a Teherán, y que nosotros [Estados Unidos] tenemos miles”.

Los aliados europeos de Estados Unidos, que formalmente siguen respaldando el acuerdo con Irán, están sin embargo del lado de Israel. Alemania le ha proporcionado cuatro submarinos [de ataque] Dolphin, modificados precisamente para poder lanzar misiles crucero con ojivas nucleares. Alemania, Francia, Italia, Grecia y Polonia participaron recientemente, junto a Estados Unidos, en el mayor ejercicio internacional de guerra aérea de la historia de Israel, Blue Flag 2017 [3].

Italia, ligada a Israel por un acuerdo de cooperación militar (la ley número 94, de 2005), participó en ese ejercito militar con varios aviones Tornado de 6° Stormo de Ghedi (Italia), destinado a servir de vector a las bombas nucleares estadunidenses B-61, que próximamente serán reemplazadas por las B61-12. Estados Unidos participó con aviones F-16 del 31st Fighter Wing desplegados en Aviano (Italia), destinados a la misma misión.

Las fuerzas nucleares de Israel están integradas al sistema electrónico de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), en el marco del Programa de Cooperación Individual con Israel, país que, sin ser miembro de la alianza atlántica, dispone de una oficina permanente en el cuartel general de la OTAN en Bruselas.

Según el plan que se puso a prueba, el ejercicio israelo-estadunidense Juniper Cobra 2018, fuerzas de Estados Unidos y de la OTAN llegarían desde Europa –principalmente desde las bases situadas en Italia– para prestar apoyo a Israel en una guerra contra Irán [4].

Esa guerra pudiera comenzar con un ataque israelí contra las instalaciones nucleares iraníes, como el de 1981 contra la instalación de Osirak, en Irak. En caso de represalias iraníes, Israel podría utilizar un arma nuclear, iniciando así una reacción en cadena de imprevisibles consecuencias.

Manlio Dinucci/Il Manifiesto/Red Voltaire

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