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El desplazamiento interno forzado por la violencia, las deportaciones de mexicanos en Estados Unidos y la migración de centroamericanos y caribeños constituyen los principales flujos de migración en Tijuana, Baja California. La ciudad fronteriza es destino temporal y, cada vez más, permanente de decenas de miles de migrantes por año.

El número de desplazados internos por la violencia se ha incrementado en los últimos años. Tan solo en 2016 Tijuana atendió aproximadamente 1 mil 350 migrantes mexicanos, según información de El Colegio de la Frontera Norte. Los desplazados llegan a la frontera con la intención de ingresar a Estados Unidos, pero ante la negación de sus solicitudes de asilo terminan habitando en la ciudad.

Según la Comisión Nacional de Derechos Humanos, las víctimas de desplazamiento forzado tienden a ser grupos grandes, de aproximadamente 100 personas, o comunidades enteras que han sufrido actos de extrema violencia. Los estados que expulsan mayor población son Chiapas, Chihuahua, Guerrero, Jalisco, Sinaloa, Tamaulipas, Michoacán, Durango, Veracruz y Oaxaca.

En la última década han aumentado también las remociones de mexicanos radicados durante varios años en Estados Unidos, a través de expulsiones mediante juicios que provocan la repatriación y la negación de la visa durante los siguientes años. Mientras que estas remociones han crecido a cerca de 400 mil eventos por año, las expulsiones de migrantes detenidos por la patrulla fronteriza se han reducido.

Los mexicanos repatriados después de años viviendo en el exterior enfrentan dificultades para reestablecerse por carecer de documentos de identidad y sufren problemas para conseguir empleo, inscribir a sus hijos en escuelas, rentar vivienda o acceder a servicios de salud.

La migración internacional es otro de los fenómenos presentes en ciudades fronterizas. En 2016 México recibió 8 mil 44 solicitudes de refugio de ciudadanos de El Salvador, Guatemala y Honduras (nueve veces más que en 2013) y 17 mil 78 migrantes haitianos fueron presentados ante autoridades migratorias. Los migrantes de estos países llegan a suelo mexicano con la intención de cruzar la frontera con Estados Unidos, pero en muchos casos terminan residiendo por años en el país.

Alba Olea