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Conversación. Debate. Finalmente, una discusión democrática entre periodistas del diario Milenio, sobre el poder –el kratos–, y un candidato popular con el pueblo –o sea el demos–, se llevó a cabo entre Carlos Marín, Héctor Aguilar Camín, Juan Pablo Becerra-Acosta, Carlos Puig, Jesús Silva-Herzog Márquez y Azucena Uresti versus Andrés Manuel López Obrador. Fue un diálogo de duros cuestionamientos al candidato del Movimiento Regeneración Nacional (Morena) por parte de quienes ejercen las libertades de prensa con arreglo al liberalismo político, sobre políticas publicas económicas, sociales, educativas, energéticas, etcétera. Se puso sobre la mesa el neoliberalismo económico. A todas las preguntas contestó el candidato presidencial, consecuente con su personalidad política, su contestar pausado; pero al grano. Sin eludir lo que ha ofrecido en su discurso electoral por una, dos y “la tercera es la vencida”.

O de lo contrario no lo hubiera invitado la crema y nata de Milenio, que dirige Carlos Marín, con su cara-gesto de malo (y sin puro, en la foto). El ceño fruncido de Aguilar Camín. El perfil agradable de Azucena Uresti. Los rostros amables de Silva-Herzog Márquez y Carlos Puig. De espaldas Juan Pablo Becerra-Acosta. Y un entrevistado que se muestra rejuvenecido, manteniendo las líneas generales de sus planes y programa populistamente democratizador y republicano. Íntegras las preguntas y respuestas se publicaron en Milenio, en su sección de Política, cuyo editor es Heliodoro Cárdenas (politicadfMilenio.com). A todas ellas respondió el tabasqueño sin evasivas. Firme en sus reflexiones expuso sus puntos de vista, hasta cuando el moderador se puso cuestionante y manifestó lo que piensa con respecto de sus propuestas de precampaña.

Respetuosamente sinodales y amablemente el sustentante, mantuvieron el coloquio. La lectura de las casi siete páginas son un excelente resumen de lo que postula López Obrador y las implacables preguntas periodísticas de quienes no dejaron salidas fáciles al entrevistado; quien contestó con sinceridad, conocimiento de causa y sin tapujos. Fue una exposición periodística como no la han hecho sus adversarios de la arena electoral y cuenta como una encuesta más a su favor, en el contexto de lo que debe ventilarse en una sociedad abierta, por la competencia del cargo presidencial en un Estado de división de poderes, facultades y límites constitucionales a quienes ejercen los órganos del gobierno federal.

En resumen, los diálogos (guardando las proporciones: Diálogo en el infierno de Maurice Joly), con los periodistas de Milenio, resultaron propositivos. Fue un ensayo que debería repetirse con Anaya y Mid. Por lo pronto, esa confrontación ha sido una excelente idea llevada a cabo con la voluntad de los participantes. Los cuestionadores a la ofensiva pero con la dialéctica del candidato presidencial a la altura de la discusión, para ofrecer a los lectores el posicionamiento político y estratégico de AMLO, quien mostró que es la oferta del centro-izquierda que conoce el terreno electoral; mostrando que tiene vocación política y abriéndose paso con la ética de la responsabilidad y la ética de la convicción, que son “elementos complementarios que han de concurrir para formar al hombre auténtico (Max Weber), contra las tenaces resistencias, para las que se requiere, al mismo tiempo, pasión y mesura”.

Repito, es un ensayo que deberían llevar a cabo los demás participantes en la contienda, empezando por el señor Rodríguez Calderón, el candidato del partido Trife; en lugar de andar vociferando a diestra y siniestra, creyéndose el “cabrito” regiomontano y dándoselas de dadivoso con el dinero que dijo recabar en iglesias, restaurantes, en la calle, cantinas, para no depender del dinero que el INE otorga a los candidatos. O como Margarita Zavala, que recibió del millonario Alberto Bailleres jugoso subsidio para su campaña, dándose el lujo de rechazar el financiamiento del INE, como para dar ejemplo de cero corrupción, cuando el dueño del Palacio de Hierro recibió en el sexenio del esposo de Margarita todo tipo de concesiones. Y después, el Senado priísta-peñista le dio la medalla “Belisario Domínguez”, que se otorga a ciudadanos que se distinguen por su ciencia o su virtud, como servidores de la Patria o de la humanidad; deshonrando así Peña y su grupo al ilustre chiapaneco que combatió a Victoriano Huerta, creador del autoritarismo del presidencialismo a la Salinas y Peña.

Pues bien, ese Bronco anda muy alzado porque los cuatro magistrados del Trife –exhibiendo su fallo– lo hicieron su candidato presidencial (Jenaro Villamil, Proceso, 15 de abril de 2018); justificando tal acción un tal Oscar Flores Flores, quien presume ser director de Comunicación de ese Trife a quien Rodríguez elogia, soltando sus amenazas al INE. Y tratando de mutilar las libertades de expresión y de prensa descalifica a los moderadores del primer debate principalmente al periodista Sergio Sarmiento, porque en una de sus columnas éste le hizo unas críticas. Así que se considera intocable, habiendo pasado el filtro de las legalidades con sus trampas para colarse a las boletas creyendo que será votado; sólo que lo botaran por fanfarrón alardeando de “independiente”, pues fue priísta hasta que no logró sus aspiraciones por esa vía.

Así que esos cuatro magistrados elevaron a su aborto a un lugar que no merece. Pues aparenta ser un político, aunque no pasa de ser la pieza de Peña, Salinas y el PRI para soltarlo a ladrar; y escupiendo para arriba, califica de “huevones” a sus oponentes y ciudadanos que sabe no lo apoyarán en su aventura de pillo electorero. Bravucón dice que de llegar al cargo (¡ja, ja, ja!) será honrado. Pero ya demostró que para ser candidato cometió más corrupciones que las de su mal desempeño como desgobernador. Ya lo veremos seguir escupiendo en los debates, demostrando que es el búfalo del peñismo, el salinismo y el priísmo.

Álvaro Cepeda Neri

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