Autor:

Santiago de Chile. Algunos expertos señalan que por lo menos ocho obispos de la iglesia católica chilena pudieran ser removidos y hasta recibir sanciones por el Vaticano, a raíz de los escándalos de pedofilia y abusos sexuales.

La fecha de esta eventual sacudida de parte de la jerarquía católica en Chile apunta a la tercera semana de mayo próximo, cuando el papa Francisco convocó a Roma a una reunión con los obispos del país austral.

El sumo pontífice, en un texto difundido en la Conferencia Episcopal de Chile, reconoció “graves equivocaciones de valoración y percepción” en torno a los casos denunciados de abuso sexual.

Al mismo tiempo, admitió errores “por falta de información veraz y equilibrada”, un tema que trastocó el impacto de su visita a este país en enero pasado.

“Ya desde ahora pido perdón a todos aquellos a los que ofendí y espero poder hacerlo también personalmente, en las próximas semanas, en las reuniones que tendré con representantes de las personas entrevistadas”, sostuvo.

Al principio, esta suerte de mea culpa del papa Francisco fue recibida con esperanza y escepticismo, pero la inevitable filtración de informaciones, junto a un análisis más exhaustivo de lo escrito por la máxima figura del Vaticano, apuestan por un escarmiento sin precedentes.

Desde hace varios años, ministros de la iglesia en numerosos países han sido acusados de abusar sexualmente de seminaristas y seguidores de la religión, actos de homosexualidad y prácticas pederastas.

Teresa Marinovic, licenciada en filosofía y católica practicante, reveló en un extenso comentario en redes sociales que en la misiva del papa Francisco hay un mensaje oculto, mucho más profundo de lo que parece. Según Marinovic, la dimisión de Benedicto XVI al Vaticano estuvo relacionada con su impotencia al no poder enfrentar las acusaciones de abuso sexual de la iglesia en sus distintas diócesis del mundo.

Al mismo tiempo, elogió la capacidad del papa Francisco para reinventarse, cuando en efecto los entramados y mecanismos de investigación e información de la iglesia católica en Chile ocultaron o distorsionaron hechos ampliamente denunciados.

Trama en suspenso

El sacerdote jesuita Felipe Berríos dijo recibir esperanza en el mensaje de Francisco, aunque también remarcó que esto confirmaría la existencia de una mafia al interior del clero.

Monseñor Charles Scicluna, obispo de Malta, visitó Chile en febrero en calidad de fiscal del Vaticano para profundizar en las denuncias contra el obispo de Osorno, Juan Barros, acusado de complicidad con el defenestrado cura Fernando Karadima.

Karadima fue sindicado por actos de pedofilia y abuso sexual, en tanto testigos señalan a Barros de no sólo ocultar lo ocurrido, sino de haber contribuido a ello.

El sacerdote Berríos señaló que la misiva del papa “confirma muchas intuiciones que uno tenía (…). Espero que de aquí al tiempo a que viajen los obispos (al Vaticano) no siga esta máquina de desinformación que hay en la iglesia católica”.

“Creo que hay una mafia. No se nos olvide que el papa Benedicto renunció porque no pudo con esto, y eso es lo que tengo temor, que esta máquina siga funcionando con secretismos, influencias por debajo, cosas desinformadas (…)”, añadió.

Juan Carlos Cruz, James Hamilton y José Andrés Murillo indicaron que valoran de forma positiva lo escrito por Jorge Mario Bergoglio. Son tres de las víctimas de abusos sexuales, actualmente profesionales que gozan de prestigio en Chile.

Finalmente, luego de una reflexión conjunta, decidieron  aceptar la invitación del Vaticano para ir a Roma a conversar de estos asuntos.

“El daño cometido por la jerarquía de la iglesia chilena, a la que se refiere el papa, ha afectado a muchas personas, no sólo a nosotros”, indicaron en un comunicado.

Cruz, Hamilton y Murillo, víctimas de Karadima, subrayaron que el sentido de sus acciones siempre ha apuntado al reconocimiento, el perdón y la reparación por lo que se ha sufrido.

“Y así seguirá siendo, hasta que la tolerancia cero frente al abuso y el encubrimiento en la iglesia se haga realidad”, sentenciaron.

De acuerdo con fuentes confiables, monseñor Scicluna presentó al papa Francisco un importante informe de más de 2 mil páginas y grabaciones de numerosos testimonios recogidos en sus pesquisas en Chile.

Aunque las autoridades eclesiásticas se han cuidado de no revelar detalles del contenido del expediente abierto por Scicluna, es evidente que el escozor es grande y los temores a que rodarán cabezas crecen.

Dos obispos que fueron cercanos a Karadima se desligaron de su antiguo mentor con un sinnúmero de justificaciones y otra personalidad importante, el arzobispo de Santiago de Chile, Ricardo Ezzati, se manifestó por primera vez vertical en sus comentarios.

Ezzati afirmó al cierre de una Asamblea Extraordinaria de Presbíteros de Santiago que, sin dudas, el obispo Juan Barros debe renunciar a su cargo tras la investigación abierta en su contra por denuncias de encubrimiento de pederastia.

Isaac Givovich, víctima y denunciante de la congregación de los Hermanos Maristas, declaró que “todo esto es una luz de esperanza. La venida de Scicluna a Chile abrió una caja de pandora de lo que es la iglesia católica chilena”.

 “En lo personal, cuando en una parte habla de la crucifixión de la infancia, de cómo nos quitaron la infancia, a mí me remece mucho, porque es justamente nuestro relato, el que le entregamos a Scicluna”, dijo en referencia al texto del obispo de Roma.

Fausto Triana/Prensa Latina

[ARTÍCULO OPINIÓN]