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Un estudio del Instituto de Ecología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) reveló que 82 por ciento de productos de maíz contienen entre 1 y 15 por ciento de material transgénico.

La investigadora María Elena Alvarez-Buylla explicó en 367 muestras analizadas, compuestas en más del 90 por ciento por maíz (entre las que se incluyen tortillas, botanas, tostadas y cereales), se encontró que el 82 por ciento de éstas contenía entre 1 y 15 por ciento de material transgénico, con genes de otras especies

Las muestras, recolectadas entre 2013 y 2015 en el altiplano central, confirman que la mayoría de la población consume maíz transgénico y glifosato en tortillas diariamente.

En más del 90 por ciento de las tortillas está presente la secuencia 35S y el terminador NOS, o ambas, las cuales son secuencias de la modificación genética más utilizadas en México.

De las muestras examinadas, una tercera parte contenía Herbicida Glifosato, un herbicida que elimina plagas sin dañar a las plantas y que no es tóxica para los animales; sin embargo, está incluida dentro de los productos que son probablemente causa de cáncer por la Organización Mundial de la Salud, “y ahora sabemos que penetra en los tejidos de la planta y llega a los alimentos”.

Con este estudio se muestra que las tortillas elaboradas artesanalmente reflejaron un nivel menor de material transgénico que las industriales, lo que puede indicar sólo dos posibilidades, la primera es que se utilizó harina para su elaboración -en el ciento por ciento de las harinas industriales hay transgénes-  o la segunda es que el maíz puede estar contaminado, cosa muy poco probable, según la experta.

Sobre las etiquetas que actualmente tienen algunos productos en donde se dice si son o no transgénicos, la doctora de la UNAM precisó que con los resultados de la investigación se confirma que no es fiable dicha leyenda, pues en el trabajo         que realizó se confirma que la mitad de los productos estaban etiquetados como libres de transgénicos, sin embargo dieron positivo a las pruebas. La especialista menciona que es un indicio de que los protocolos para separar el maíz convencional del transgénico tienen fallas.

Si bien es cierto que no se ha comprobado un daño por estos materiales, “cuando se trata de la salud siempre hay que aplicar el principio precautorio”, dijo la doctora Álvarez-Buylla.

Diana Águila