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Después de más de un siglo, la Heroica Escuela Naval Militar abrió sus puertas a las mujeres. Las primeras generaciones de egresadas ya están en labores administrativas y de combate, en un entorno de cambios y violencia en el país

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El hermetismo que hay en la Secretaría de Marina (Semar) -Armada de México para la sociedad civil- se rompe. Dos de las primeras mujeres en egresar de la Heroica Escuela Naval Militar acceden a platicar con Contralínea sobre los esfuerzos que realizan día con día; así como a lo que se enfrentan las mujeres en combate y la logística de este cuerpo de seguridad del país. Han pasado más de un centenar de años para que su acceso a la educación superior les fuera permitido.

En las instalaciones de la Semar, hombres y mujeres van y vienen con uniformes que lucen impecables: camisola blanca con sus respectivas insignias, falda o pantalón negro y zapatos bien lustrados. Al encuentro, unos con otros, el saludo: la mano derecha sube a la altura de la frente. En los pasillos, carteles donde promueven los derechos y el respeto a la mujer.

Jenny y Lorena son dos de las primeras mujeres en egresar de la Escuela Naval. Su fuerza no representa su delgadez. Ambas han tocado límites físicos y emocionales de pertenecer a este cuerpo de seguridad del país. Forman parte del 17.5 por ciento de la población femenina que forma parte de la Semar, un aproximado de 10 mil mujeres en todo el país.

 

El peso en la Marina

Totalmente camuflada y con más de 15 kilos de peso de equipo extra sobre su cuerpo, Lorena (nombre ficticio para proteger su identidad) habla del arduo entrenamiento que lleva de manera cotidiana y que le requieren una dieta diaria de más de 4 mil calorías diarias.

Ella es Teniente de Corbeta de Infantería en la Semar e inició sus estudios desde la preparación a nivel bachillerato. Su adiestramiento, dice, tiene el sentido estricto de salvaguardar la integridad de los mexicanos.

Porta un arma larga que a la vista parece extremadamente pesada, se trata de una M4, un “armamiento orgánico” de la infantería de Marina. También usa el equipo táctico de campaña, con un peso aproximado de 3 kilos, compuesto de pantalón y camisola que permiten el camuflaje, ergonómico y hecho a la medida; un chaleco antibalas, con un peso aproximado de 10 kilos, a ello se suma la carga de las botas y el casco. Además, porta una tela verde olivo que le cubre la mayor parte del rostro y visores. El sol abruma.

Además de este peso físico, el entrenamiento que desempeña debe contar con una alta capacitación. Actualmente, dice, “la Secretaría de Marina envía a algunas personas más capacitadas para las cuestiones anfibias, y en esta práctica debemos saber de nado, de combate y adiestramiento en tiro.

Egresada en 2016, Lorena fue la única mujer de su generación, lo que “representa mucho orgullo, somos el parteaguas para que las demás mujeres mexicanas se animen, sobre todo porque en los demás planteles navales, la igualdad de género ha abierto las puertas de todas las carreras de infantería, pilotos, logística. Todas las carreras son para ambos géneros”, dice.

“Lograrlo fue un gran orgullo, porque mis compañeros de armas son demasiado cuidadosos conmigo y porque al mismo tiempo que soy una motivación para ellos… muchas veces se sienten cansados o ya no quieren hacer las cosas y ven que uno está ahí y el mismo orgullo del hombre los impulsa a seguir adelante”, relata.

Entre las situaciones más complejas que ha vivido a lo largo de sus años de estudio y preparación, dice, ha sido el desapego con la familia y amigos. Fue difícil al principio, porque la Escuela Naval es un internado, pero sus papás la visitaban cada que podían. “Hubo más distanciamiento, pero al finalizar mis estudios no pudieron estar más orgullosos”, comenta.

Y respecto al riesgo que puede llegar a enfrentar en el ejercicio de su profesión, arguye: “mis padres están conscientes de lo que representa servir a la patria”.

Respecto al uniforme verde olivo que porta, la joven marina dice que está diseñado para soportar cualquier clima, incluso, el de violencia que se registra en el país.

“Me atrevería a decir que la institución se ha visto muy preocupada porque el personal de infantería tenga el menor daño posible en cuanto a todo lo que se genera. La guerra contra el narcotráfico significa que uno tiene que estar más comprometido. En la escuela naval, durante los cinco años, nos prepararon todos los días porque se necesita estar bien adiestrado para este tipo de obstáculos que se viven día con día”, enfatiza.

 

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Naval para mujeres

Fue apenas en 2002 cuando las instalaciones de la llamada Heroica Escuela Naval Militar abrió sus puertas para que las mujeres que participan en este sector accedieran a cursar los estudios superiores y de posgrado.

La Universidad Naval fue creada por decreto presidencial el 1 de julio de 1897, es un plantel educativo de nivel superior, forma parte de los centros de estudio e impartición de educación que integran al Sistema Educativo Naval de la Secretaría de Marina.

En sus objetivos está el formar oficiales líderes navales y futuros comandantes de la Armada, con una educación de nivel superior de vanguardia.

 

Mirar a la mar

“Mi papá se iba a navegar y eso también me impulsó a querer estar ahí”, dice la joven teniente de Corbeta Jenny Chávez Román, quien se encuentra a cargo de la logística administrativa de un buque.

Jenny luce un uniforme y maquillaje impecables. Al igual que Lorena, es de las primeras mujeres en formarse dentro de la Universidad Naval y para ella “es un reto formar parte de las Fuerzas Armadas, ya que hemos cambiado la manera de ver al personal femenino dentro de lo militar”.

Habla, mientras a sus espaldas una gran fuente de Poseidón lanza agua. Ingresó en 2010 a la Heroica Escuela Naval Militar, de donde egresó en 2015, realizó un año de prácticas para convertirse en guardia marina; al año regresó a la Escuela Naval a presentar su examen profesional, que le permitió ascender a Teniente de Corbeta.

Cuando asumió el cargo fue transferida a un buque conocido como patrulla oceánica, como jefa del Departamento de Logística, en el que proveía materiales y herramientas para la embarcación.

“Hay que proveer todos los recursos materiales y financieros, ver cuáles son las necesidades, y así suministrarlo para poder desarrollar las órdenes de operaciones que nos encomienda el alto mando”, expone.

Originaria de Veracruz, comenta que su familia siempre la apoya y desde pequeña quería ser cadete, como su padre, “cuando se abrió la carrera para personal femenino yo dije ¡quiero estar ahí!, así empecé a los 16 años”.

Respecto de las oportunidades y derechos al interior de la Semar, dice que “hombres y mujeres tenemos las mismas oportunidades, hacemos las mismas actividades y rutina, se participa en todo: fuerza, derecho, habilidades, todo al mismo nivel”.

Y en torno al contexto de violencia que hay en el país, comenta: “en las Fuerzas Armadas tenemos riesgos, pero estamos para servir a México. Desde que entramos a los planteles educativos sabemos que uno de los riesgos puede ser la vida, pero para eso estamos aquí”, dice.

 

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La Universidad Naval

En la llamada Heroica Escuela Naval Militar se forman los futuros oficiales navales del Cuerpo General de la Armada de México. Información de la Secretaría de Marina indica que se fundó en julio de 1897 y que el título de “Heroica” le fue otorgado por “los hechos gloriosos en la gesta de la defensa del puerto de Veracruz, el 21 de abril de 1914, cuando los cadetes y demás personal de la escuela se enfrentaron ante fuerzas extranjeras superiores en poder”.

En esta acción perdieron la vida dos elementos, que por su valor se convirtieron en ejemplo de las posteriores generaciones de cadetes: el teniente José Azueta y el cadete Virgilio Uribe.

La escuela tuvo altibajos en la época revolucionaria, pero continuó funcionando en diversos lugares del país, preparó a los oficiales que necesitaba, “preocupándose por mantener sus programas de estudio actualizados ante los rápidos avances tecnológicos de la época”, dice la información institucional.

En 1952 la escuela se instaló definitivamente en el edificio que actualmente ocupa, en la punta de Antón Lizardo, en Veracruz, localizado entre los puertos de Veracruz y Alvarado, en el Golfo de México.

Actualmente en ella se prepara a los oficiales del Cuerpo General y de Infantería de Marina, destinados a ejercer el mando en las unidades operativas de la Armada de México, así como de la carrera de Logística Naval.