viernes 13, diciembre 2019

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Más de 800 millones de personas padecen hambre crónica. El mundo necesita producir siete veces más la cantidad de alimentos que hoy cosecha. Pero no es lo único. El principal problema es la concentración de la riqueza, la desigualdad, el despojo y el abuso de un puñado de superricos sobre grandes muchedumbres. Deuda externa injusta y mercado salvaje, entre los mecanismos para perpetuar la miseria de las mayorías

 

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La Habana, Cuba. Las campanas que doblan hoy por los que mueren de hambre cada día, doblarán mañana por la humanidad entera si no quiso, no supo o no pudo ser suficientemente sabia para salvarse a sí misma.

Pese a más de 2 décadas de aquellas palabras de alerta pronunciadas por el líder histórico de la Revolución Cubana, Fidel Castro, en la cumbre mundial sobre la alimentación efectuada en la sede de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por su sigla en inglés) en Roma en 1996, el hambre prevalece entre los problemas más apremiantes de la humanidad.

Actualmente más de 800 millones de personas en el orbe sufren ese flagelo, que incluso últimamente ha vuelto a crecer en América Latina y el Caribe.

En esta región aumentó en 2.4 millones de individuos entre 2015 y 2016, hasta superar más de 42 millones, según precisó la FAO.

En la Conferencia regional efectuada en Montego Bay, Jamaica, el organismo manifestó el riesgo que corre la zona de incumplir la meta del Objetivo de Desarrollo Sostenible Hambre Cero al año 2030, de no revertir la actual situación.

Aunque esta área geográfica es una de las mayores productoras de alimentos a nivel global y de las que más avanzó en la última década en la reducción del hambre, es preocupante su recaída.

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Cuestión de voluntad política

Ese mal económico y social existe y se incrementa por la falta de voluntad política de muchos gobiernos y países para aplicar programas destinados a eliminarlo, declaró a Prensa Latina la embajadora especial de la FAO Hambre Cero para esta región, Guadalupe Valdez.

Si se generan políticas redistributivas de la riqueza, las cuales permitan que las personas hambrientas tengan trabajo y salarios justos que les posibilite acceder a los alimentos, ese flagelo desaparece, sostuvo.

En opinión del representante de la FAO en Cuba, el brasileño Marcelo Resende, hoy se produce en el mundo siete veces más cantidad de alimentos que la demanda per cápita para cubrir las necesidades, por lo cual si hay gente con hambre es porque no tienen dinero para adquirirlos.

Sin embargo, no sólo se requiere la voluntad política de los gobiernos, sino a nivel global además y principalmente de quienes controlan la economía y el comercio en el planeta.

Políticos y expertos avezados coinciden en que será imposible erradicar el hambre mientras millones de personas vivan en la miseria y pobreza extrema, y se dediquen cerca de 800 mil millones de dólares anualmente a la producción y comercio de armas, en lugar de destinarlos a la eliminación de ese flagelo.

 

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También lo será –concuerdan– si continúa el subdesarrollo, la deuda externa insoportable, las leyes ciegas de un mercado salvaje, se desperdicien anualmente decenas de miles de toneladas de alimentos y reine el intercambio desigual.

Este último se expresa en las condiciones que imponen especialmente en cuanto al comercio agrícola, los países industrializados a las naciones del llamado Tercer Mundo, a los que les impiden ser competitivos en los mercados internacionales.

Asimismo, será una empresa fracasada la que pretenda extirpar el hambre con la persistencia de prácticas indiscriminadas que acentúan el calentamiento de la atmósfera y el efecto invernadero.

Igual otras que incrementan la frecuencia de ciclones, la escasez o excesos de lluvias y, particularmente, el deterioro de los suelos y la deforestación.

 

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El rostro de la infancia

Según expertos, si la situación del hambre es alarmante para toda la humanidad, particular impacto ella causa en la población infantil, que en número de varios cientos de millones se ve afectada por insuficiente peso, retraso del crecimiento y otros males a causa de desnutrición.

Suman decenas de millones los niños que carecen de vitamina A y presentan insuficiencia de hierro, yodo, zinc y otros nutrientes.

Cabe destacar, además, que como resultado de inadecuados patrones de consumo y estilos de vida, actualmente constituyen legión en el mundo los infantes –y personas mayores– que sufren de sobrepeso y enfermedades asociadas, entre ellas diabetes, hipertensión y otras que provocan numerosas muertes cada año.

 

Papel y proyecciones de la FAO

Creada el 16 de octubre de 1945 –8 días antes, incluso, que se firmase la Carta de las Naciones Unidas–, la FAO ha demostrado desde entonces su gran trascendencia para la humanidad en la identificación y búsqueda de soluciones del hambre y la malnutrición en el mundo.

Si tuviéramos –decía en 1985 Edouard Saouma, entonces director general de la FAO– que guardar un minuto de silencio por cada humano que perece debido a la falta de alimentos, estaríamos mudos hasta el año 2010.

Teniendo en cuenta el tiempo transcurrido y la cantidad de hambrientos en este momento, sin duda habrá que permanecer en silencio un lapso aún mayor.

No obstante, analistas coinciden en que el camino hacia la solución definitiva del hambre y de todas las formas de malnutrición se perfila hoy con mayor claridad a partir del apoyo de la FAO al diseño y la implementación de políticas y la asignación de recursos en aras de la seguridad alimentaria y la nutrición.

Por ejemplo, la Conferencia de Montego Bay reconoció la importancia de iniciativas de ese organismo, tales como los programas nacionales de alimentación escolar vinculados a la agricultura, la educación sobre la nutrición y la capacidad para monitorear el cumplimiento de los objetivos del Desarrollo Sostenible.

Estos se refieren a poner fin al hambre, lograr la seguridad alimentaria, mejorar la nutrición y promover la agricultura sostenible.

Valoró las relacionadas con la creación de marcos jurídicos para la seguridad alimentaria y la nutrición, el respaldo a los Frentes Parlamentarios contra el Hambre, y los avances realizados respecto a las cuestiones de género y los pueblos indígenas, entre otros.

Asimismo, recomendó a la FAO apoyar a los Estados miembros en el desarrollo de un enfoque de políticas destinado a los territorios afectados por la prevalencia del hambre, la pobreza extrema y la vulnerabilidad al cambio climático, en el contexto de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y del Plan para la Seguridad Alimentaria, la Nutrición y Erradicación del Hambre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños 2025 (Plan San-Celac).

Igualmente ese organismo apoyará a los gobiernos con el objetivo de elaborar estrategias integrales para la erradicación de la pobreza rural, y respaldará el papel de la pesca y la acuicultura también con ese propósito.

En ese sentido deberá ayudarlos a enfrentar las causas de la migración desde los territorios rurales como resultado de las limitadas oportunidades, la inseguridad alimentaria, la pobreza en el campo, el acceso limitado de recursos y servicios, la violencia y riesgos ambientales.

El foro exhortó a los Estados a fortalecer la cooperación y coordinación para integrar la conservación y uso sostenible de la biodiversidad en la agricultura, así como en la elaboración de las medidas de adaptación al cambio climático.

 

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