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En el turno al concurso de las idioteces, sobre todo de “Mid”, López Obrador (le apodan sus enemigos: Lópezhablador), metió las cuatro muy a su estilo de hablar pausado con su pronunciación tabasqueña, supuestamente para no irse de la lengua. Y ha dicho tremenda babosada, propia de quien no sabe ni “ler” la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Eso prueba que creyéndose de las encuestas, AMLO ya está delirando con su ignorancia. Y es que dijo que no va a reelegirse. ¿No tiene asesores, un ejemplar de la Constitución o de plano no conoce el texto de 1917 ni por sus forros? Es muy grave lo que dijo, ya que lo exhibe como un politiquillo, además de quinta.

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Ante los reunidos, allá por Puebla, con frases entrecortadas textualmente se atrevió a decir: “Son 6 años de gobierno, no me voy a reelegir, y tenemos que hacer que nos rinda el tiempo. Vamos a hacer 12 años en 6, porque no vamos a trabajar 8, sino 16 horas diarias, para que en 6 años saquemos a México del atolladero en que lo han metido y se creen las bases para un desarrollo futuro con justicia, con bienestar”. Así lo transcribieron las reporteras Alma E Muñoz y Mónica Camacho (La Jornada, 8 de marzo de 2018). Por el mismo tenor lo informaron el resto de los periódicos. Y los noticieros de radio y televisión. López Obrador está reprobado en lo más elemental, pues ni siquiera ha leído la Constitución. Y enseñó el cobre del poder.

Y es que no hay reelección presidencial ni de gobernadores. Esto lo saben hasta los que no han leído la Constitución e incluso los que no saben “ler”. Así que el tabasqueño mostró su ignorancia, y eso que pasó por la UNAM para obtener la licenciatura en Ciencias Políticas y Sociales. Parece que nunca ha tenido un ejemplar de la Ley Fundamental del Estado. O con eso que una vez mandó “al diablo los instituciones”, tal vez entre ellas empacó ese documento escrito de derecho positivo. Ha dicho una tremenda babosada. Una estupidez política al pasar por alto lo que dicta el Artículo 83 constitucional. Y ha jurado cumplirla, sin conocerla o se hizo el olvidadizo para hacerse el gracioso; solamente que con esas cosas no debe jugarse. Ni pasarse de listo; pues si gana el cargo legítimamente y aun desempeñándolo 16 horas al día, no por eso hará del sexenio uno de 12 años. El “no me voy a reelegir” sonó a algo peor que un crimen, es una estupidez política, parafraseando a Fouché.

Necesita López Obrador no decir tantas tonterías, en su afán de querer hacer bromas, y menos mostrarse zafio. El que no sea acartonado, no significa ser iletrado, bobo, burro. Alemán y Salinas quisieron reelegirse, después de Obregón. Pero las ocurrencias de AMLO son de desconocimiento, incultura jurídica y necedad. Da pena ajena. No es ingenuo, pero sí ignorante. El “no me reelegiré”, es un error garrafal; pues se las da de admirador de Juárez, pero no ha leído el discurso del 15 de julio de 1867. López Obrador ha cometido gravísima falta contra la Constitución.

Pero tal parece que quienes sí quieren reelegirse por interpósita persona para no dejar la fuente de la corrupción, son los Mancera y los Moreno Valle, dos ejemplos de esa secta de la cueva de los… ¿40 ladrones?; no, de los más da 4 mil en los cargos públicos dizque de representación, que recurren a sus complicidades para continuar en el saqueo y el uso-abuso del poder en la maraña de los gobiernos. Mancera, verbigracia, tiene a su Barrales, la candidata a la jefatura de Gobierno de la Ciudad de México (que debió llamarse gobernadora, pero los “constituyentes” de Mancera queriendo dáselas de “originales”, dejaron el mismo nombre).

Ya le puso un cerco de asesores, ayudantes, compradores de votos y amos y señores en la “táctica” de gastarse los dineros millonarios para la campaña y otra parte para su enriquecimiento ilícito; que al fin y al cabo reina la impunidad para seguir robándole al pueblo. Los que en otra burrada gachupina ya pronto se llamarán “alcaldes”, en lugar de presidentes municipales, están dedicados a copetear su corrupción, para irse bien forrados de dinero, propiedades, cuentas en el extranjero, sobre todo en los “paraísos fiscales” asegurando el presente y el futuro de sus hijos y amantes, socios y cómplices.

Otro caso es el del panista poblano: Moreno Valle, pues quiere hacer gobernadora a su esposa, con apoyo de Ricardo Anaya, el candidato contra las cuerdas del priismo peñista; asesorado por Fernández de Cevallos, amigo de Mid y autor del insulto contra la PGR y quién está detrás de ella (obviamente Peña). Se trata de poner heredera para seguir, pues, chupando la ubre de los ingresos poblanos. En la maniobra está el oaxaqueño, ex priista: Diódoro Carrasco Altamirano, cuña actual del desgobernador que Moreno Valle dejó de encargado y convertido al panismo, para que las “elecciones” favorezcan a la esposa de Moreno Valle. Ya encontraron Mancera y éste el camino para mantener el poder tras trono de las dos mujeres que pelean contra los postulados por Morena y lo que queda del PRI. Carrasco ya sabe cómo ganar con su experiencia priista y panista, su paso por Gobernación y cómo se hizo desgobernador de Oaxaca, para irse a Puebla como Secretario de Gobierno.

Mancera navega en la grilla sin partido aparente, pero se sirve del plato del PRD, PAN y Movimiento Ciudadano, en alianza-complicidad con Anaya; y a quien está en disponibilidad de sustituir si Peña-PGR lo descarrilan. Por vía de mientras, Moreno Valle apuntala a su esposa y Mancera a la Barrales, para no perder el poder que tantos beneficios les ha dado en los 6 años de peñismo. Ambos han fortalecido a sus candidatas con dinero y coordinadores como Diódoro Carrasco y uno de los Serna de Mancera. Ya el extra que les caiga a Mancera y Moreno Valle será bienvenido: una senaduría o diputación federal. El caso es estar en el presupuesto de ingresos a nombre de la democracia representativa manipulada en las urnas.