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Con el anuncio del envío de Fuerzas y medios para la misión de mantenimiento de paz de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en Mali, Canadá parece haber roto la inercia sobre la promesa de contribuir más activamente con el organismo multilateral.

El anuncio oficial lo hicieron el 19 de marzo de manera conjunta la ministra de Asuntos Exteriores Chrystia Freeland y el titular de Defensa Harjit Sajjan.

Se prevé que el despliegue de medios y efectivos comience en agosto, y constará de dos helicópteros de transporte Chinook, otros cuatro medios aéreos de ataque del tipo Griffon, así como un grupo de 200 a 250 soldados, la mayoría de los cuales realizarán funciones de apoyo logístico, detallaron los funcionarios.

No obstante, miembros de la oposición conservadora se mostraron críticos con la decisión del gobierno del primer ministro Justin Trudeau, para lo cual alegaron razones de seguridad.

Desde 2013, cuando se instaló la Misión Multidimensional Integrada de Estabilización de las Naciones Unidas en Mali (Minusma), han fallecido al menos 162 de sus efectivos.

El contingente fue desplegado después de que tropas francesas hicieron retroceder a extremistas islámicos y otros grupos rebeldes que controlaron temporalmente el norte del país en 2012.

Pero analistas de temas militares como David Krayden aprecian otras razones en la disposición del gobierno de decidirse ahora a enviar fuerzas y medios a la nación africana.

Trudeau está desesperado por un puesto en el Consejo de Seguridad de la ONU, escribió recientemente Krayden al referirse a las acciones de cabildeo de Ottawa para ocupar un asiento como miembro no permanente en la instancia del organismo multilateral para el periodo 2021-2022.

Criticó asimismo que la administración liberal desea que el contingente de la ONU contenga una mayor presencia femenina, a pesar de los infructuosos esfuerzos de elevar el número de mujeres en las Fuerzas Armadas nacionales, donde apenas representan el 3 por ciento.

Después de vacilar hacia dónde enviar tropas canadienses para plantar la bandera del mantenimiento de la paz, Trudeau ha elegido el terreno más inhóspito, repleto de terrorismo islámico, niños soldados, temperaturas tórridas y una furiosa guerra civil. Sean 250 o 2 mil 500 efectivos, los envía a arenas movedizas, argumentó el experto.

Pobre desempeño

Sobre el ejecutivo de Trudeau persisten críticas adicionales debido a lo que muchos especialistas y políticos califican como pobre el desempeño de Ottawa en el compromiso internacional para el mantenimiento de la paz.

Cifras oficiales reflejan que esta nación norteña ocupa el puesto 78 de 123 países que contribuyen a las operaciones de la ONU, con solo 41 uniformados desplegados hasta ahora alrededor del mundo.

En 2016, el jefe de gobierno canadiense se comprometió a asignar 600 soldados y 150 policías para dichas misiones del organismo multilateral.

Pero en noviembre de 2017, la administración liberal aseguró que aplazaría el despliegue de sus efectivos hasta tanto revisara la estrategia para participar en las misiones de paz de la ONU.

Entre las causas para el retraso se adujeron preocupaciones sobre los riesgos potenciales que implicarían tales operaciones.

Precisamente el 14 y 15 de noviembre sesionó en la ciudad de Vancouver una cumbre sobre el mantenimiento de la paz con la asistencia de unos 500 delegados de más de 70 países, incluidos unos 50 ministros de Defensa, así como organizaciones internacionales.

Representantes de la Unión Africana, la Unión Europea, la Organización del Tratado del Atlántico Norte y la Organización Internacional de la Francofonía discutieron mejoras para las mencionadas operaciones, una preocupación de larga data en el organismo multilateral.

Según un informe de la ONU, algunos de los temas centrales que se abordaron fueron la paridad de género, el reconocimiento al papel de las mujeres en la construcción de la paz y la resolución de conflictos, al igual que las brechas en el completamiento de efectivos y equipamiento para las unidades de despliegue rápido.

Durante el cónclave, Trudeau subrayó que “hacemos estas promesas hoy porque creemos en las Naciones Unidas y creemos en el mantenimiento de la paz. Lo que haremos es intensificar y hacer las contribuciones que somos capaces de proporcionar de manera única”.

Abogó además por contrarrestar las causas que derivan en los estallidos violentos en distintas latitudes.

Pedimos a las operaciones de paz que no sólo enfrenten la violencia cuando estalla, sino que respondan al ciclo de vida del conflicto: prevenir su inicio, apoyar complicados procesos de paz y ayudar a las personas a reconstruir sus vidas cuando el enfrentamiento concluye, argumentó.

En ese contexto, medios de prensa como la televisora CBC News revelaron que durante meses, la ONU había comunicado con regularidad al gobierno de Trudeau solicitudes específicas de misiones y equipos, finalmente rechazados o mantenidos bajo consideración sin una respuesta concluyente.

Fuentes familiarizadas con el tema –quienes solicitaron el anonimato– declararon al medio de prensa que muchas de las ideas expuestas por Ottawa no eran consideradas por la ONU como prioridades operacionales, o incluso necesarias.

Algunos países se han mostrado reacios a participar en despliegues de alto riesgo debido a los costos humanos y políticos que suponen. Ninguno de ellos quiere arriesgarse a perder un soldado, dijo un funcionario de ONU, sin sugerir que este era el caso de Canadá.

A inicios de marzo, la propia CBC News reveló que aunque el ejército canadiense entrenó a 19 soldados de habla hispana, listos para partir en octubre de 2016 como observadores del alto al fuego en Colombia, el despliegue se canceló por supuestas preocupaciones sobre la seguridad de la fuerza.

El jefe del Estado Mayor de la Defensa, general Jonathan Vance, el principal comandante militar del país, dijo que la misión fue analizada, pero “las preocupaciones sobre la seguridad de la fuerza son una buena razón para decidir sobre el por qué hacemos y no hacemos todo lo que la ONU nos pide”.

Finalmente, Canadá terminó por desplegar dos oficiales de policía para apoyar la misión política especial en territorio colombiano. En última instancia, le correspondía al gabinete federal decidir si participar o no en la misión, agregó el reporte.

La misión de la ONU en Colombia era valorada como uno de los despliegues más benignos disponibles para Ottawa en términos de mandato y riesgo.

Más de 450 soldados desarmados, en 40 localidades, actuaron como supervisores del desarme de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), un proceso que está más en línea con la percepción del público canadiense sobre el mantenimiento de la paz.

Es sorprendente que hayamos capacitado al personal y no lo desplegáramos, opinó Walter Dorn, profesor de estudios de Defensa en el Real Colegio Militar, ubicado en Ontario.

Argumentó que el hecho de no enviar uniformados a una de las misiones más auspiciosas de la ONU ponía en duda la promesa de los liberales de regresar al mantenimiento de la paz de una manera significativa.

Antes había dicho: “Estamos presionando a otros para que también hagan promesas y se revisen las existentes [pero] Canadá no está liderando con el ejemplo”.

Luis Brizuela Brínguez/Prensa Latina

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