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Berlín, Alemania. La gira internacional del presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, en la zona de los Balcanes–del 26 de febrero al 1 de marzo– inició en Macedonia, lo llevó a Albania, Serbia, Bosnia Herzegovina, Montenegro y el estado de facto del Kosovo. El objetivo del presidente saliente de la organización supranacional europea incluye consolidar la agenda política hacia la incorporación de los países que formaron parte de la desaparecida Yugoslavia. En particular el caso de la república de facto del Kosovo, la cual cumple sus primeros 10 años de existencia es uno de los puntos más conflictivos.

Jean-Claude Juncker se dirigió a Belgrado, Serbia, el martes 27 de febrero, donde se reunió con el presidente Aleksandar Vucic y la primera ministra Ana Brnabic. Previamente el ministro de Relaciones Exteriores alemán en funciones, Sigmar Gabriel, estuvo de gira en Serbia –a mediados de febrero 2018– promoviendo análogamente la “normalización” de las relaciones de Serbia con su provincia rebelde.

En ese marco de la expansión de la Unión Europea (UE), dos países balcánicos ya accedieron a ese estatus deseado: Eslovenia y Croacia. De los países surgidos de la fragmentación de Yugoslavia quedan Bosnia y Herzegovina, Serbia, Macedonia y Montenegro –y el Estado secesionista del Kosovo que formalmente es parte de Serbia–, que aún están a la espera de entrar en las negociaciones para formar parte para, previsiblemente, el año 2025 de acuerdo con los planes de la Comisión Europea.

Adicionalmente, Albania figura entre los pre-candidatos para la adhesión. Los criterios pendientes para ello son, entre otros, litigios fronterizos o liberalización de los mercados, la lucha contra la corrupción, además de estándares mínimos relacionados con derechos humanos.

Durante su visita en Tirana, Juncker enfatizó: “Estaremos al lado de Albania para ayudarle a prepararse a la adhesión, pero para que otros países puedan entrar a la UE, será necesario que todos los países hayan encontrado soluciones a sus problemas fronterizos, y eso antes de la fecha de adhesión”.

Los litigios fronterizos pendientes entre Montenegro y el Kosovo o entre Macedonia y Grecia, por mencionar sólo algunos, pesan hasta la fecha en las relaciones entre las naciones.

Las negociaciones

De particular interés fue la escala de Juncker en la capital kosovar, donde se encontró con su presidente y exlíder del Ejército de Liberación de Kosovo, Hashim Thaci.

El régimen kosovar se encuentra en plenas negociaciones con Montenegro sobre su frontera común, aún sin definir. En un panorama de bloqueo por parte del parlamento en Pristina, sin una aprobación del acuerdo este tema está lejos de ser resuelto, aunque Podgorica ya lo aprobó por su lado.

Finalmente, la falta de avance en las relaciones con Serbia así como la persistente negativa de Belgrado de reconocerlo como Estado, al igual que Rusia, China, y cinco países de la UE entre otros, no ayudan a la candidatura hacia la UE.

En una entrevista otorgada a Euronews el pasado 2 de marzo, el luxemburgués insistió que “la construcción europea no se hace en contra de los otros. Para nosotros es un proceso de integración.” Pese a ello, afirmó que si bien Serbia no lleva a cabo la política de sanciones contra Rusia, inscrita dentro de la política exterior común de la Unión Europea, “en cuanto se hayan acercado a la UE tendrán que alinearse, pero eso no es una cuestión a corto plazo”.

El presidente serbio Aleksander Vucic advirtió a sus conciudadanos que tendrán “que tomar decisiones difíciles” acerca de la provincia rebelde que cumple 10 años de su declaración unilateral de independencia.

Tanto Alemania –como primera potencia de la UE– como el ejecutivo de la Unión Europea han estado presionando a las clases políticas balcánicas para acceder a las demandas de Bruselas, compitiendo con otros países que tienen influencia histórica, Estados Unidos y Rusia. En el último incluso se puede decir que los espacios tradicionales de alianza entre Serbia y Rusia no solamente pasan por el factor religioso, sino también por una pertenencia eslava que les une históricamente.

Cuanto antes la UE logre asegurarse su parcela de influencia en los Balcanes Occidentales, más éxito se puede prometer en alejar la influencia rusa de Serbia, pero también de Macedonia, entre otros. Cada tanto hace falta renovar las promesas a los últimos candidatos rezagados: esa fue la misión de esta gira del luxemburgués.

Mientras tanto, la Unión Europea sigue apostando por apoyar a un régimen separatista en Pristina y exige su reconocimiento por parte de Belgrado, además de una ruptura con Moscú, para que Serbia pueda incluso considerar entrar al bloque europeo.

Axel Plasa/corresponsal

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