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La política partidista enfrenta un irreversible grado de descomposición al ser arrasadas las ideologías por el pragmatismo y la búsqueda del poder por el poder, dejando en último término el análisis y debate de los grandes problemas nacionales, así como la voz de la sociedad.

Lo que ahora hace crisis comenzó a incubarse sexenios atrás, como aconteció con la llegada al poder del ilegítimo Felipe Calderón Hinojosa que sumó a su gabinete a personajes antes ligados a la ubre presupuestal priísta como Javier Lozano Alarcón, quien tras su arribo a la administración panista no se cansó de denostar a su cuna política.

Como si se tratara de un espectáculo circense de tres pistas, los políticos se maquillan y visten del color que mejor acomode a sus intereses, no dudando ni un segundo en sacar la ropa sucia al tendedero de los medios. Parece que a esta caterva de saltimbanquis cambiar de partido les resulta tan fácil como mudar de ropa interior.

Ante una azorada ciudadanía, la clase política se recrimina en la plaza pública, sin rubor, el cobro de favores como acontece con un confundido y extraviado Felipe Calderón que exige al secretario del Trabajo de su sexenio, Lozano Alarcón, apoye la candidatura de su esposa, Margarita Zavala.

Ahora, al gris exmandatario, su amigo de escuela le paga con la misma traición de la que tanto echaron mano juntos, como aconteció con el golpe ejecutado a hurtadillas por ambos políticos de baja estofa en contra del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), tras la extinción de Luz y Fuerza del Centro, el 11 de octubre de 2009.

Para desgracia de Calderón, su exsubordinado, el oportunista Lozano Alarcón, está de vuelva en el Partido Revolucionario Institucional y difícilmente se plegará a las órdenes del que fuera su jefe. El exfuncionario mostró una vez más el cobre y lo endeble de su efímera fidelidad panista.

No será motivo de asombro si uno de estos días el pianista fracasado le recuerda a Calderón cómo consiguió el cargo de asesor externo de Iberdrola, la firma que en su sexenio obtuvo jugosas concesiones con la venta de energía eléctrica al gobierno federal, y la entrega de diversas obras y proyectos; o en su defecto, si Calderón habla de la sumisión de su exfuncionario con monopolios de la comunicación, como Televisa.

Pero el anterior es sólo uno de tantos casos que surgen con miras a la elección presidencial de julio próximo donde, por cierto, los partidos se olvidaron muy pronto de la tragedia derivada del sismo del 19 de septiembre de 2017 cuando todo un pueblo agraviado les exigió ceder sus prerrogativas a las tareas de reconstrucción.

Algunos medios dan fe de la manera inhumana en que muchos ancianos que se quedaron sin techo, como los del multifamiliar de Tlalpan, han muerto por las malas condiciones de los refugios donde los ubicaron las autoridades. Víctimas de las bajas temperaturas y la insalubridad en esos lugares, gente de la tercera edad ha fallecido sin merecer la mínima atención de ninguno de los partidos con registro que buscarán ganar la Presidencia y miles de cargos de elección en todo el territorio nacional.

Una vez más, la clase política de todas las siglas y colores desoyeron el clamor del pueblo y, peor aún, ahora trasciende que los recursos asignados para las labores de auxilio a los damnificados pretenden ser manejados y asignados por los asambleístas para fines totalmente distintos como lo es la compra de voluntades mediante la entrega de computadoras, chamarras y otros artículos, en varias delegaciones.

Las carretadas de ambiciosos que pelean con uñas y dientes su parcela de poder han disfrutado de las mieles presupuestales y por eso buscan denodadamente llegar a un cargo que les permita vivir de manera holgada y a costillas del trabajo y los impuestos que pagamos millones de mexicanos.

Lamentable que en el llamado periodo de precampañas se repitieron los mismos esquemas donde los contendientes sacaron a relucir toda su estulticia. Se gastaron millonarios recursos donde los únicos beneficiados son como siempre fueron los medios masivos de comunicación. Y aún faltan los 2 meses de campaña por venir.

Ninguno de los aspirantes dio, o al menos intento hacerlo, una explicación de cómo van a resolverse los grandes problemas que enfrenta el país. Todos aseguran poder sacarlo adelante pero nadie dice cómo hacerlo.

Indudable que el tema de la corrupción los salpica a todos. Ningún partido se salva de tener en sus filas a una buena dotación de prevaricadores cuyas pillerías han sido profusamente comprobadas y difundidas, pero no pasa nada.

A la hora de compartir culpas sucede que nadie se hace responsable, por ejemplo, de la aprobación de las reformas estructurales que como la energética han desmantelado a Petróleos Mexicanos, entregando las riquezas del subsuelo a las trasnacionales.

Inmersos en las encuestas ya hablan de debates y hacen cálculos, suman y restan pero se olvidan de invitar a debatir a los directamente afectados por su torpeza política; es decir, los ciudadanos a los que ahora nuevamente piden su voto.

Y no hay vuelta de hoja: los partidos y sus candidatos irán a los comicios con plataformas y propuestas huecas, sin sustento ni consensos, pues resulta sumamente difícil que en las alianzas y coaliciones puedan reconciliarse los intereses de la anulada izquierda con los de la recalcitrante derecha.

Hay que preguntarles a los hacedores de promesas ¿desde cuándo los objetivos a alcanzar de la clase empresarial son los mismos que los de la clase trabajadora?

En tanto, millones de electores ya no les creen en lo absoluto. Y parece hasta gracejada que como muñecos de ventrílocuo, los políticos un día digan una cosa y al siguiente otra, dependiendo del partido que cubra sus expectativas de poder.

Los ciudadanos saben perfectamente que tras esta desatada fiebre de saltimbanquis, lo que mueve a la clase política es la búsqueda del poder por el poder. No importa si es en el partido azul, en el rojo, el naranja, en el turquesa o en la mezcla de dos o de tres. El asunto es no quedar fuera del presupuesto. Al fin que los problemas que aquejan a millones de mexicanos pueden esperar, de acuerdo a la visión de estos políticos que no sólo perdieron la dignidad y el rumbo sino hasta la vergüenza.

La nación tiene sobrados motivos para que el próximo primero de julio, niegue su voto a esta ambiciosa y corrompida partidocracia.

Martín Esparza Flores*

*Secretario general del Sindicato Mexicano de Electricistas

[OPINIÓN]