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Cada 16 minutos muere un estadunidense. Mientras empresas “inocentes” como Rolls-Royce, Mitsubishi Heavy Industries, Hewlett-Packard, Kawasaki Heavy Industries, Samsung Techwin, Hyundai WIA y, entre otras, Walmart, se enriquecen

Alphonse Gabriel Capone, alias Scarface (cara cortada), uno de los máximos criminales durante la ley seca, marcó un hito en la historia de las armas en Estados Unidos. Se le vincula con la matanza de San Valentín el 14 de febrero de 1929, cuando se acribilló a 7 personas dentro de la fábrica SMC Cartage Co, de Chicago.

Ochenta y nueve años después, el 14 febrero 2018, el día de San Valentín en Parkland, Florida, Nikolas Cruz, de 19 años de edad, disparó con un fusil semiautomático y mató a 17 personas, en lo que constituye la balacera más letal en un plantel escolar de Estados Unidos.

“Al sustancioso e incuestionable negocio que constituye la industria armamentística en Estados Unidos y en el mundo”, con su estela de muertos y heridos, se suman elementos históricos, culturales y tecnológicos de la sinopsis homicida [Cuadro1], y el factor económico”, reflexiona Shirley Stephanie Hermann Alejandre, catedrática del Centro de Estudios Superiores Navales (Cesnav) de la Armada de México.

Advierte que numerosas industrias se asocian o diversifican su mercado con directrices beligerantes: Rolls-Royce, Mitsubishi Heavy Industries, Hewlett-Packard, Kawasaki Heavy Industries, Samsung Techwin, Hyundai WIA, entre otras. “Particularmente, en el caso de Estados Unidos, Walmart se posiciona como el minorista más importante de armas de fuego desde 2011”.

En 2013, los ingresos de las principales productoras de armas ascendió a 402 mil millones de dólares, y en 2015, los dos principales países productores y exportadores son Estados Unidos y Rusia seguidos por Francia, China y Alemania, según el Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz (Stockholm International Peace Research Institute), que anualmente publica un exhaustivo estudio con lo referente al arsenal global, conflictos armados, operaciones de paz, seguridad internacional, gastos militares.

Durante 2016, la empresa Lockhead Martin tuvo ganancias por 40 mil 500 millones de dólares; Boeing, por 29 mil 600 millones; United Technologies, 57 mil 200 millones; Textron, 13 mil 800 millones; Raytheon, 27 mil 800 millones; Northrop Grumnan’s, 24 mil 500 millones; y L3 Technologies, por 10 mil 510 millones de dólares. Este tipo de empresas se están volviendo un puntal en las políticas de crecimiento para la administración de Donald Trump, señala por su parte el doctor Arturo Ponce Urquiza.

El también catedrático del Cesnav explica en entrevista que el boom de la industria armamentista en Estados Unidos obedece al reto monumental que estableció Donald Trump para asegurar el crecimiento sostenido de empresas del sector militar en los últimos años “y que es de donde provienen los avances más significativos de lo que el presidente de Estados Unidos denomina como su propia “revolución industrial”, que le permite estar a la vanguardia tecnológica”.

La armamentística se ubica dentro del top 5 de las industrias con mayor movilidad de capital en el ámbito internacional, al lado del narcotráfico, la prostitución, la banca y la farmacéutica. Aunado a lo anterior, señala Schirley  Hermann, no se debe subestimar la derrama que concibe el comercio ilegal, que no se puede contabilizar al ciento por ciento porque coexiste en la ilegalidad.

Según datos de la Fundación Nacional Deportiva de Tiro (National Shooting Sports Foundation, NSSF), en 2014, el impacto económico final de la industria de armas de fuego en Estados Unidos alcanzó 42 mil 956 millones 599 mil 500 dólares. Para 2011 el número aproximado de armas de fuego en el país ascendía a los 310 millones, superando en número al total de su población.

“Se observa que, vinculado al contexto cultural, histórico y político, el aporte económico consolida el apego a la tradición armamentística. El marketing de las armas se proyecta en todos los escenarios, en cintas hollywoodenses, composiciones musicales, publicidad, más de 5 mil exposiciones y ferias anuales, lo cual evidencia la naturalidad con que el ciudadano promedio asume el tema en cuestión”, subraya la especialista del Cesnav.

En el análisis Las armas de fuego en la identidad nacional estadunidense,  publicado por el Instituto de Investigaciones Estratégicas de la Armada de México, Schirley Hermann indica que Estados Unidos cuenta con una extensa lista de recintos que hacen gala de su artillería, como el Museo Nacional de Armas o el Museo Nacional del Crimen. En este último se exhibe la historia de grandes gángsters. “La tendencia supone inmortalizar a los bandoleros: al eternizar leyendas criminales, surgen prototipos aspiracionales”.

Otra disposición fabulesca, establece apodar a los asesinos para ascenderlos al “salón de la fama” (tal como lo indica la canción de The Police), como Alphonse Gabriel Capone, alias Scarface (cara cortada); Charles Whitman, The Texas tower sniper (el francotirador de la torre de Texas); Patrick Henry Sherill, Crazy Pat (loco Pat); James Eagan Holmes, The Joker (el joker de Aurora); Chris Harper Mercer, The Umpqua shooter (el tirador de Umpqua); Stephen Craig Paddock, The Lone wolf (el lobo solitario) o Devin Patrick Kelley, alias The Texas church gunman (el pistolero de la iglesia de Texas).

Por si fuera poco, agrega la catedrática del Cesnav, un tema que va ganando espacios enérgicamente pone en la mesa la posibilidad de producir armas caseras de forma legal. Cualquier sujeto dotado de una computadora y una impresora en tercera dimensión, tendría la facultad de diseñar sus propias armas, de diferente calidad, pero con la misma eficacia destructiva.

Schirley Hermann considera que no se debe apreciar la cultura armamentística de Estados Unidos de forma unilateral, al explicar que una serie de elementos deviene en el derecho de portar armas de fuego entre la población civil como “el contexto histórico y la significación económica, componentes ineludibles que sustentan debates para amparar o contravenir el libre ejercicio de poseerlas”.

En ocasiones, añade, dicha libertad ha conferido un uso “irracional” de artillería, perpetrando auténticas “cacerías humanas” al accionarse contra personas fuera de campos beligerantes, en la cotidianidad de días y lugares habituales, como la reciente matanza en la escuela de Parkland, Florida, el día de San Valentín.

“Resulta un tema sensible por la tradición que envuelve al estadunidense en lo relativo a poseer armas. Para algunos, hubiese sido improbable la independencia de Estados Unidos, su avance territorial, la supervivencia de su ‘raza’ y su hegemonía económica sin la incorporación de armas en sus batallas; para otros, dicha implementación simboliza la decadencia humana.”

Las armas han asistido al desarrollo de aquel país desde la época Colonial contra los franceses, españoles y americanos nativos, hasta la rebelión de los colonos ingleses contra su propia corona, el 19 de abril de 1775, en la épica batalla de Lexington, donde los insurrectos derrotaron al que hasta entonces se erigía como el mejor ejército armado del mundo.

Este acontecimiento trascendió, para legitimar en lo sucesivo el uso de armas, entre la milicia como entre los ciudadanos, fijando el derecho de poseerlas en la Segunda Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos de América, cuyo texto sentencia: “Una milicia bien regulada será necesaria para la seguridad de un Estado libre, el derecho del pueblo a poseer y portar armas no debe ser infringido”.

El avance armamentístico en ese país destaca en la era Trump, con un derecho no sólo reconocido y amalgamado, en el que el debate de las armas se centra en las regulaciones y en la ampliación de las facultades ya ganadas. Es ingenuo siquiera pensar en un discurso oficial que planteé el desarme civil y la prohibición de armas, pues desafiaría la historia que cimienta la identidad nacional.

Situándonos en el perfil del francotirador, destaca Shirley Stephanie Hermann, es en sociedades industrializadas y consumistas donde es más proclive a efectuar sus ataques, y que, contrario a los objetivos que tiene cada multihomicida, esta figura pretende transmitir con aires de superioridad “un comunicado a la sociedad estadunidense”.

Sin embargo, considera que la viabilidad de una reforma radical que prohíba la compra-venta de armas, resulta inimaginable. Sería pensar en erradicar parte de la cultura estadunidense, pero es pertinente legislar en pro de un objetivo común que dé certeza tanto a quienes están a favor como a los que se oponen a las armas.

Sipnosis homicida. Asesinatos masivos emblemáticos en Estados Unidos

1 de agosto de 1966/Austin, Texas

Un estudiante de la universidad de Texas, Charles Whitman, después de acabar con la vida de su madre y esposa, se dirigió a su colegio, subió a la torre del reloj y durante 90 minutos disparó contra civiles. El saldo de este incidente, considerado el primer tiroteo masivo en la historia de los Estados Unidos, fue de 17 muertos y 31 heridos.

18 de julio de 1984/San Ysidro, California.

James Oliver Huberty, un desempleado en bancarrota que desarrolló aversión por los hispanoamericanos, una tarde, después de ir al zoológico con su familia y de regresarla a casa, condujo hasta un restaurante de comida rápida, donde disparó ininterrumpidamente a lo largo de 82 minutos. El saldo fue de 21 víctimas mortales y 19 heridas.

26 al 29 de diciembre de 1987/Russellville, Arkansas.

Ronald Gene Simmons, excombatiente en Vietnam galardonado, tenía problemas económicos, acusado de incesto y violación en contra de su hija Sheila con quien tuvo un hijo. Después de la cena de Navidad mató a su esposa, hijos y nietos. Después de pasar el fin de semana con los cadáveres, manejó hasta un centro comercial donde compró otra arma, se detuvo en un despacho de abogados y mató a la asistente; posteriormente, se dirigió a una compañía petrolera donde mató a otro hombre. Finalmente, se entregó sin resistencia a la policía. Simmons fue responsable del deceso de 16 personas, 14 eran de su familia. El Asesino de Russellville fue sentenciado a muerte por medio de inyección letal en 1990.

17 de enero 1989/Stockton, California

Patrick Purdy, un trastornado de 24 años de edad, hizo estallar su camioneta cargada de explosivos en la escuela de refugiados Cleveland Elementary School, aprovechando la ocasión para entrar hasta el patio de la escuela donde jugaban los niños y comenzó una ráfaga de 60 tiros con un rifle AK-47. Mató a cinco niños e hirió a otros 30, después se suicidó.

20 de abril de 1999/Littleton, Colorado.

La escuela secundaria Columbine fue el escenario de una masacre que dejó 15 muertos y 24 heridos. El plan de los adolescentes homicidas Eric Harris y Dylan Klebold, que habían alojado bombas en las instalaciones del colegio, era fusilar a los cientos de heridos que dejaría el estallamiento de los explosivos sembrados previamente, pero las bombas instaladas nunca detonaron. Entonces, con armas de asalto, los asesinos mataron a 13 personas que se cruzaron por su camino y finalmente se suicidaron.

Febrero a octubre de 2002/Estados Unidos

John Muhammad y Lee Malvo, musulmanes apodados los Francotiradores de Washington DC, habían montado una estrategia para extorsionar al gobierno y cobrar 10 millones de dólares. Su intención era sembrar terror en la nación, matando al azar, de a uno, sigilosamente y en varios episodios. Los francotiradores se turnaban para disparar o conducir un vehículo sin asiento trasero, removido para lograr posicionarse y matar “cómodamente” desde un orificio retocado en la cajuela. Una vez disparada el arma silenciada, se perdían entre el tráfico de autos. Asesinaron a 21 personas.

16 de abril de 2007/Blacksburg, Virginia

Seung-Hui Cho, inmigrante surcoreano diagnosticado con autismo en la infancia e ingresado a un hospital siquiátrico en su juventud, fue el protagonista de una de las peores masacres por armas de fuego. La matanza comenzó a las 7 de la mañana en uno de los dormitorios del Instituto Politécnico de la Universidad Estatal de Virginia, dejando dos víctimas mortales. El episodio, que duró 9 minutos, terminó con la vida de 33 personas, entre estudiantes, profesores y trabajadores. Cuando la policía llegó, Cho ya se había disparado en la sien.

20 de julio de 2012/Aurora, Colorado

Se proyectaba la película Dark Knight Rises/Batman: El caballero de la noche asciende en una sala de cine. James Eagan Holmes, un joven de 24 años, estudiante de medicina, interrumpió la función, lanzando gas lacrimógeno y emprendiendo una orquesta de disparos contra los espectadores. El saldo fue de 12 víctimas mortales y 70 heridos

14 de diciembre de 2012/Newton, Connecticut

A las 9:30, Adam Lanza de 20 años de edad, propagó un tiroteo en los pasillos y aulas de la escuela primaria Sandy Hook. Por la mañana había ingresado de forma premeditada al colegio, donde su madre se empleaba hasta antes de ser hallada sin vida en su domicilio ese mismo día; se afirma que Adam fue su victimario antes de cometer el crimen de Newton. Cuando los policías arribaron al lugar del multihomicidio, Lanza se quitó la vida. Esta masacre dejó 27 muertes.

1 de octubre de 2015/Roseburg, Oregon

El centro de estudios superiores Umpqua Community College fue el espacio que Chris Harper Mercer, un estudiante de 26 años de edad, halló idóneo para concebir una masacre la mañana de ese día. Según sobrevivientes, Mercer preguntaba a las víctimas antes de atacar, si éstos eran cristianos, cuando la respuesta era afirmativa tiraba a matar. Asesinó a 9 personas antes de suicidarse.

12 de junio de 2016/Orlando Florida

“Pulse” un bar gay, fue el sitio donde Omar Seddique Mir Mateen, un custodio de seguridad privada, dirigió la hasta entonces la cacería humana más mortífera en la historia de Estados Unidos. Mateen, musulmán de 29 años, antes de consumar el asesinato colectivo, llamó al 911 para advertir lo que tramaba. En la agresión, que duró más de 2 horas, mató a 49 e hirió a 53 personas

1 de octubre de 2017/Las Vegas, Nevada

Hasta 2017, el homicidio múltiple más lesivo del tipo, había sido el del bar “Pulse”, sin embargo, el estadunidense Stephen Craig Paddock arrebató el título a Omar Mateen. Paddock, un tahúr sociópata adinerado, inversionista inmobiliario y contador retirado, de 64 años, habría planeado a detalle el crimen que terminó con la vida de 58 personas e hirió a otras 500 en el festival musical “Route 91 Harverst” tras disparar a 20 mil espectadores en la explanada de la calle Strip, en Las Vegas

4 de noviembre de 2017

El peor homicidio colectivo en la historia texana. Devin Patrick Kelley, de 26 años, un elemento cesado de la fuerza aérea, mató a 26 feligreses e hirió a otros 20, cuando irrumpió en una misa de la iglesia bautista del condado.

14 de febrero de 2018/Parkland, Florida

Nikolas Cruz de 19 años, disparó con un fusil semiautomático y mató a 17 personas, en lo que constituye balacera más letal en un plantel escolar de Estados Unidos.

José Réyez

[BLOQUE: INVESTIGACIÓN][SECCIÓN: SOCIEDAD]