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La revista Contralínea publicó la investigación de sus reporteros sobre la miseria en los municipios. Después fue un libro coordinado por su director, Miguel Badillo. De esto hace más de 5 años. Pero esta terrible desgracia nacional ha ido en aumento, particularmente desde que la política federal adoptó el neoliberalismo económico, a la par del Tratado de Libre Comercio (TLC), cuando Salinas de Gortari se robó las elecciones en 1988. Ese salinismo ha imperado hasta ahora con Peña, pues varios de sus alfiles están en el primer plano: Otto Granados, la Ruiz Massieu, los Carreño, González Anaya, etcétera, y tienen a más de la mitad de los mexicanos, empezando por los indígenas, en los tres grados de la pobreza, la extrema y la hambruna.

Así que otra vez el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) sale con la canción de siempre: los municipios están en dramática situación social, casi al borde de la muerte por hambre. De los más de 2 mil municipios –supuestamente células de la democracia– 2 mil agonizan. Y 190 que se encuentran en el centro del país, prácticamente están sin alimento; muertos de hambre en sus últimos momentos de sobrevivencia, abandonados por el peñismo, los desgobernadores y sus presidentes municipales, como nos informan los reporteros Diana Baptista (Reforma), Pedro Villa (El Universal) y Angélica Enciso (La Jornada): 8 de diciembre 2017.

En su informe 2015, el Coneval nos dice que la mayoría de los municipios siguen en pobreza. O sea que los mexicanos de esas regiones están en los límites de morir de hambre y de todos los males que acarrea esa miseria. Es un informe desde los agujeros donde se asoman los que en breve serán enterrados; y que sin metáfora alguna, son muertos-vivientes. No se trata de piedad ni lástima, sino de obligación gubernamental (sobre todo de la federal), que no cumplen; pues esos obesos gobernantes comen de manera gratuita –y hasta desperdician alimentos– porque les pagan con cargo a los dineros de esos municipios en total desgracia. Dice Coneval, sin embargo, que comparado su análisis con el de 2010… ¡hubo-avances en el combate a la pobreza! Es falso. El avance es que hay más pobres rayando con la hambruna.

El Coneval quiere engañarnos, pero los mexicanos ya no creemos a los funcionarios, porque sabemos a ciencia cierta cómo las instituciones maquillan las cifras; porque la pobreza, la extrema pobreza y la hambruna han aumentado. Esos “puntos porcentuales” con los que evalúan cuantitativamente, son mediciones tramposas por más que demuestren que dos y dos son cuatro. Pues no basta con reducir aritméticamente la pobreza, profundizada por la política del neoliberalismo económico peñista. Pues las cifras del Inegi en 2017 arrojan más de 50 millones de pobres… ¿entonces, por qué contabilizó Coneval menos pobres?

Pero el señor Peña, quien ya ingresó al montón de presidentes que ha padecido la nación, ha enviado un hipócrita deseo para este año 2018, basándose en sus “5 años de esfuerzo para transformar al país como nunca en décadas”. Pero es claro que los hechos demuestran todo lo contrario, y sus 11 “reformas” han sido medidas de política económica conforme al neoliberalismo de un capitalismo donde obtuvieron ventaja los capitalistas extranjeros con uno que otro nativo, para hacerlas culminar con su temeraria ley de seguridad, aplazada en su total ejecución para que los once ministros de la Corte la aprobaran por mayoría. Por eso el general Cienfuegos de antemano se comprometió a respetar el fallo constitucional, pues ese poder judicial, como el Congreso, están sometidos al “señor presidente” en calidad de general de cinco estrellas.

Los cinco años de Peña han sido un desastre social: más pobres. Y una violencia sangrienta a la par de violaciones a los mínimos derechos humanos; ya que, con ley de seguridad o sin ella, los militares fueron sacados de los cuarteles por órdenes de Peña, sin que hayan podido someter a los delincuentes. Y mucho menos al narcotráfico. Y con o sin mando único, las policías quedaron reducidas a retaguardia militar. Económicamente, el peñismo significó billonario endeudamiento, con millones en la informalidad a pesar de que Peña ha tocado las campanas a vuelo con la “creación de 3 millones de empleo”, aunque con salarios de hambre.

La corrupción e impunidad son las “transformaciones profundas” de que se vanagloria Peña. Casi todos los funcionarios son ladrones. Y sus representantes son los Javier y César Duarte, los Borge, los Medina, los Padrés, etcétera. El peñismo ha corrompido todo. Y, políticamente, ha estado marcado por los desatinos de los mexiquenses: Miranda, Videgaray, Ruiz Esparza, Navarrete. ¡Lozoya!, Korenfeld, Robles, Castillejos y el mismo Peña. Ya usó la metáfora de que ha mantenido el barco a flote, pasando por alto que quienes reman son 50 millones de pobres. Y que hay síntomas de motín a bordo por la terrible inseguridad, los 43 de Ayotzinapa, los fusilados por los militares, etc., etc., a lo cual no ha dado soluciones, mientras prepara la huida al concluir su devastador sexenio.

Desea Peña “un año pleno de salud, trabajo y felicidad”. Pero sus 5 años han sido peor que un terremoto y contradicen sus deseos. Millones de mexicanos padecen desigualdades, no tienen derecho a salud y no tienen trabajo. Y de esto depende la felicidad real. Desear no es cumplir con las obligaciones de un buen gobierno y los hechos negativos imperan abrumadoramente. La incapacidad política de Peña ha llevado al país a someterse más a los intereses estadounidenses y a los odios de un Trump tan loco como el norcoreano Kim Jong-un. Y el “vicepresidente” Videgaray –con su casa blanca en Malinalco–, viaja costosamente a Washington para empeorar esas relaciones. Así que sólo hay desastres, problemas, corrupción, impunidad; y control peñista de los tres poderes federales.

Álvaro Cepeda Neri

[BLOQUE: OPINIÓN][SECCIÓN: CONTRAPODER]

 

Contralínea 578 / del 19 al 24 de Febrero 2018