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El asesinato del periodista Javier Valdez –ocurrido este 15 de mayo al medio día en Culiacán, Sinaloa– pone de manifiesto la alarmante situación de la libertad de expresión en México, advierte Amnistía Internacional. El homicidio del director y fundador de Río Doce y periodista de La Jornada y El Noroeste es el quinto en lo que va del año, refiere.

A través de un comunicado de prensa, la organización internacional señala que Valdez Cárdenas murió por los disparos de arma de fuego que recibió a unos metros de su oficina, ubicada en Sinaloa, en el Norte de México.

Amnistía Internacional destaca que éste es el segundo asesinato de un periodista de La Jornada en 2017 y, indica, “ningún medio debería tener que enfrentar esta terrible situación”.

Para Tania Reneaum, directora de Amnistía Internacional México, “ser periodista en este país parece más una sentencia a muerte que una profesión. El continuo derramamiento de sangre, del cual las autoridades prefieren hacer caso omiso, genera un profundo vacío que afecta el ejercicio de la libertad de expresión en el país”.

Agrega que “el país se ha convertido en una zona de alto riesgo para los profesionales que, como Javier, informan con valentía de situaciones relativas al crimen y la seguridad. El asesinato de Javier pone de manifiesto que ningún periodista, sin importar el alcance de su medio, está a salvo. Este crimen, como los demás, debe investigarse de manera independiente e imparcial y todos aquellos sobre quienes pese la sospecha de ser responsables deben comparecer ante la justicia”.

Amnistía Internacional recuerda que “Javier era conocido por su trabajo sobre el crimen organizado y el narcotráfico. En 2011, recibió el Premio Internacional a la Libertad de Prensa, otorgado por el Comité para la Protección de Periodistas”.

Finalmente cita estadísticas de la organización Artículo 19, que señalan que 105 profesionales de medios de comunicación han sido asesinados en México desde 2000, y refiere que Reporteros sin Fronteras ha declarado que, en 2016, México fue el tercer país con el número más elevado de muertes de periodistas  en el mundo, superado únicamente por Siria y Afganistán.