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Caracas, Venezuela. Abril se inscribe en la historia venezolana como un mes de colores y calores populares. Colores rojos y calores rojos, los del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), estremecieron al país en 2002 cuando la intentona golpista contra el presidente Hugo Chávez.

Igual suerte le toco al presidente Nicolás Maduro cuando la derecha intentó un nuevo derrocamiento del Gobierno Bolivariano. Otra vez, como en abril del 2002, la victoria fue a favor de la paz; para la democracia participativa y protagónica; para la integridad y la independencia nacionales, según definió Elías Jaua, ministro de Educación y dirigente del PSUV.

Sin embargo, la maquinación anti-venezolana delineada en Estados Unidos y ejecutada por dirigentes de la llamada Mesa de la Unidad Democrática (MUD), dejó un saldo amargo de 31 fallecidos, muchos asesinados por francotiradores, pistoleros y grupos extremistas.

Un artículo de opinión que publico Jaua en la Agencia Venezolana de Noticias (AVN) señaló que abril del 2017 “nos deja nuevos aprendizajes en el campo de la guerra de cuarta generación que estamos confrontando”.

El dirigente chavista abordó las diferentes formas de enfrentamiento diseñado a gusto de los que atentan contra la Revolución Bolivarina.

“En la mañana movilizaciones pacíficas para lavarle la cara ante el mundo a la violencia terrorista; en la tarde manifestaciones violentas (guarimbas) como respuesta a la “represión”; y en la noche bandas armadas, saqueando y enfrentando a los cuerpos de seguridad con la finalidad de provocar el estallido social”, indicó.

Ciertamente, lo que están buscando “es un esquema de simulación política y provocación de la violencia que derive en un Golpe de Estado o en una guerra fratricida”, siempre culpando al Gobierno de la violencia y apoyándose en una burda manipulación mediática.

Burda porque se conoce quien la alienta, la paga y la ejecuta pero, a la vez lamentable, porque el mensaje que recibe el mundo es que en este país se “está cayendo el mundo” y hay un caos total, lo que buscan presentar y con ello justificar una intervención injerencista en los asuntos internos de Venezuela, según denuncian las autoridades de Miraflores, la sede del Gobierno.

En las últimas semanas, la propaganda parece influir en amigos y enemigos de Venezuela; en ocasiones, los amigos llaman y dan aliento, “cuenta con nosotros”, “estamos con ustedes””, “cuídense”, pero la realidad es otra.

Los enemigos del chavismo consiguieron algo de sus objetivos al presentar una situación de caos, fuera de control que influye en el exterior.

Pero, cuán lejos de la realidad está esa simbólica imagen. Sí,  hay tensión pero el Gobierno y la mayoría del pueblo que lo apoya mantienen el control de la situación ante un enemigo clasista que intenta mostrarse muy numeroso y apenas supera algunos millares en la mayoría de las protestas que convoca casi a diario.

Según puntualizó Jaua en su análisis “se trata de tergiversar realidades para inculpar a los organismos de Seguridad del Estado o a las fuerzas revolucionarias de asesinatos con la finalidad de mostrar al gobierno de Venezuela como violador de los derechos humanos”.

Más aún, maestros exageradores de los hechos “construyen realidades para provocar algún desenlace violento”. Así ocurrió la madrugada del viernes 21 del mes en curso, cuando se divulgó por las redes un supuesto estallido social en marcha en toda Caracas.

Corrió como pólvora “la supuesta toma de Fuerte Tiuna (instalación militar); la activación del sistema de defensa anti aéreo del Palacio Presidencial; la renuncia del Presidente y la huida del país de los dirigentes revolucionarios”.

Hasta algunos opositores se creyeron esta patraña y en el exterior, ni hablar, la manipulación logró crear el caos, lo cual fue creído por algunos ingenuos que se desvelaron pensando que había llegado el fin de la Revolución Bolivariana.

Pero, nada, en abril los enemigos de Venezuela no lograron quebrar o destruir la constitucionalidad del país y se afianzó aún más la unidad cívico militar que tantas veces proclaman el presidente Maduro y el general en Jefe Vladimir Padrino López.

Concluyó abril y abrió mayo con un relámpago que hace tambalear a los enemigos del chavismo.

Actuando en total apego a la máxima ley del país, el presidente convocó a la realización de una Asamblea Nacional Constituyente, algo que se da en escenarios de solución de una crisis política.

Así lo declaró a Prensa Latina el diputado del Bloque de la Patria, Juan Marín, quien también integró la asamblea que redactó la Constitución vigente, la de 1999.

Esta acción es vista por analistas como forma de confrontar dos escenarios, uno que tratan de imponer sectores opositores con su guerra económica, amenazas de intervención extranjera y golpe de Estado, y otro donde el pueblo construye su propio destino.  Es la mejor forma de asumir qué modelo saldrá adelante, lo que le corresponderá decidir al pueblo.

Marín alertó que sectores de la oposición van a tratar de descalificar el llamado del presidente Maduro, algo que adelantó el diputado opositor Julio Borges.

Sobre este particular, el gobernador del estado Miranda y dirigente del partido derechista Primero Justicia, Henrique Capriles, rechazó la convocatoria del poder constituyente originario que realizó Maduro.

Capriles llamó al pueblo a desobedecer este decreto. “Frente al fraude constitucional de constituyente que acaba de anunciar el dictador, pueblo a la calle y a desobedecer semejante locura!”, expresó en la red social Twitter, desconociendo la Constitución y alentando la violencia en el país.

Por otra parte, en una reacción inmediata al anuncio, el académico venezolano Sergio Rodríguez Gelfenstein subrayó que esta iniciativa es una forma de enfrentar la crisis actual cuando es evidente que “el juego está trancado” ante la negativa opositora a acudir a una mesa de diálogo reiteradamente convocada por Maduro.

Si abril dejó ronchas en la oposición por los golpes recibidos y dolor entre los venezolanos amantes de la paz, mayo anuncia tempestad porque los enemigos del chavismo no se conformarán y proseguirán su negativa a dialogar.

Pero el gobierno está dispuesto mantener la paz, y el llamado a una Asamblea Nacional Constituyente es la activación del último recurso constitucional para enfrentar una situación que pone en peligro la supervivencia del Estado, según diversas fuentes.

Tras un abril tumultuoso, mayo inicia con pronóstico donde la fuerza popular se hará sentir y como dijo Zulay Aguirre, coordinadora nacional del programa Soy Mujer, los sectores de la oposición no desean que se convoque a una Asamblea Nacional Constituyente, debido a que tienen miedo de medirse con el poder popular.

 “Llegó la hora de que ellos (la oposición) se enfrenten al pueblo de a pie, al pueblo de las comunidades, a los Consejos Comunales, a las comunas, a la juventud. A eso es a lo que a ellos le tienen miedo. Ellos le tienen miedo al pueblo”, dijo la activista en declaraciones a Venezolana de Televisión.

Luis Beatón*/Prensa Latina

*Corresponsal Jefe de Prensa Latina en Venezuela.