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Berlín, Alemania. Las relaciones diplomáticas entre Tel Aviv y Berlín sufrieron en días pasados un importante revés en el marco de la visita oficial del ministro de relaciones exteriores alemán, Sigmar Gabriel, al Estado de Israel.

El primer ministro Benjamin Netanyahu decidió cancelar su encuentro con el representante de la diplomacia alemana unilateralmente, tras conocerse que el último se reunió el 25 de marzo  con las organizaciones civiles Rompiendo el silencio y B’tselem, críticos con el gobierno hebreo y su política para con los territorios ocupados. Finalmente el diplomático alemán, quien no había  reaccionado ante el “ultimátum” del jefe de gobierno de cancelar su agenda o ver su encuentro con él en riesgo, optó por proseguir y asumir una postura inflexible con los resultados presentes. Con la decisión pragmática de cancelar el encuentro, se repite el escenario que vivió el primer ministro belga Charles Michel semanas antes. La histórica alianza germano-israelí está a niveles mínimos, siendo que Alemania es uno de los más importantes socios de Israel en Europa.

La “osadía” de Gabriel, desde la perspectiva de Bibi, fue ni más ni menos que reunirse con los grupos de la sociedad civil. Sobre todo, el validar la perspectiva de los ocupados, que llevan las organizaciones Rompiendo el silencio y B’tselem. Con testimonios de soldados retirados y testigos oculares reconstruyen violaciones de derechos humanos en los territorios ocupados de Cisjordania. No obstante que tengan un alto grado de aceptación y de imparcialidad en la sociedad, su postura es tomada desde el poder en Israel como antiisraelita y traidora al Estado. Que Sigmar Gabriel les dedicara tiempo de su visita oficial, lejos de crear unanimidad, fue tomado como una provocación y una acción hostil al gobierno hebreo.

“La política del primer ministro Netanyahu es no reunirse con visitantes extranjeros que en viajes diplomáticos se reúnan con grupos que difaman a los soldados israelíes como criminales de guerra”, según informó a la prensa la oficina del primer ministro. Si bien el exsecretario General de la SPD, hoy ministro de asuntos exteriores, sí se encontró con el presidente Reuven Rivlin, la parte sustanciosa de su visita en el plano político fue abortada con la negativa de Bibi. En vez de una conferencia de prensa de Netanyahu y Gabriel, el último se tuvo que conformar con una en solitario en el recinto del hotel donde se hospedó. No obstante, el diplomático afirmó que este malentendido  “no cambiará de ningún modo mi relación con Israel y la relación de Alemania con Israel”. Lo cierto es que la política de asentamientos ilegales en territorios ocupados por parte del Estado de Israel, en el marco de la actual coalición de gobierno le ha dado más peso que nunca, y ha puesto en entredicho la solución de dos Estados, que es cuasi unánime dentro de la comunidad internacional.

El gobierno alemán es probablemente el que menos cartas tiene para criticar al moderno estado hebreo, por su pasado y su responsabilidad para con el pueblo judío en la etapa del Nacionalsocialismo de Adolfo Hitler del Siglo XX. Por  lo tanto siempre se ha considerado que las relaciones diplomáticas fueran a prueba de fuego, y en los hechos Angela Merkel, así como sus antecesores en el cargo, han sabido pesar su relación “especial” y eso incluye el no criticar por nada su política actual.

Hoy mismo parece ser que pese a todo lo anteriormente dicho, Berlín se permite cuestionar la política de ocupación al reunirse con representantes de organizaciones no gubernamentales críticas. Si su alto representante diplomático no puede reunirse con voces críticas al gobierno, es probable que estemos en un impasse nunca antes visto. Sigmar Gabriel no piensa aceptar los términos del gobierno israelita y rompe así con las reglas no escritas anteriormente.

El nuevo aislacionismo de Israel en la comunidad internacional no es una novedad. Aunque Benjamín Netanyahu, quien asumió en 1996 por primera vez el puesto de primer ministro, ha aplicado este rasero previamente, hoy parece ser una apuesta  muy peligrosa el poner en duda tanto la relación con Bélgica desde la última visita de Charles Michel, y ahora con Alemania. Si prosigue con su plan, es posible que sus aliados naturales se reduzcan a un mínimo histórico nunca antes visto. Alemania es un aportador de fondos económicos importantes, de los que sacan provecho sustancioso. Si éste fuera a cesar, un acto de gran repercusión política, estaríamos ante una vuelta de hoja en las relaciones de Israel y la vieja Europa. El presidente Reuvin ya lo dijo en esta ocasión que las relaciones germano-israelíes nunca fueron fáciles. Pero tampoco se han visto tan perjudicadas desde la misma creación ad hoc del Estado de Israel en los años 1947-1948.

Si a Bibi no le gusta escuchar más halagos y cumplidos, sería hora que reconsiderase sus aliados dentro la coalición gobernante. No se puede contentar a los colonos de los asentamientos, y al mismo tiempo abogar por un proyecto de dos naciones. No es posible hacerse amigos entre los ultraortodoxos judíos y mantener buenas relaciones diplomáticas con Occidente al mismo tiempo, incluso cuando se trata de Alemania.

El alza en las tensiones entre Israel y Alemania es un peligroso precedente hacia una potencial ruptura de un statu quo de más de 40 años. Hasta ahora las alianzas con Occidente le han servido a Israel de garantía a su existencia y seguridad por encima de toda crítica interna o externa. Rodeado de países hostiles a su causa, a excepción de Egipto y Jordania, su margen de maniobra depende de la salud de esas mismas. Habrá que ver cómo el reciente deterioro de sus relaciones con Europa occidental afecta al país hebreo a la brevedad.

Axel Plasa

[BLOQUE: OPINIÓN][SECCIÓN: ARTÍCULO]

Contralínea 537 / del 01 al 07 de Mayo 2017

2 Comments

  1. Ulises Dehesa / abril 30, 2017 at 11:14 pm

    Adi Adi González

  2. Iliana Ibarra / mayo 1, 2017 at 5:26 am

    No lo creo Merkel es judía. Y no Son socios son subordinados que no es lo mismo; Alemania después del holocuento quedo humillada y sometida a los judíos.

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