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Unos 50 mil millones de dólares salen de África cada año en transferencias financieras ilícitas (evasión de impuestos, corrupción y actividades delictivas como narcotráfico). Con esta fuente oculta se podrían alcanzar los montos necesarios de los Objetivos de Desarrollo Sostenible

Thalif Deen/IPS*

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Organización de las Naciones Unidas, Nueva York, Estados Unidos. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) calcula que necesita entre 3.5 billones y 5 billones de dólares por año para la ejecución de su ambiciosa Agenda de Desarrollo Posterior a 2015, que incluye los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) aprobados por gobernantes de todo el mundo en septiembre pasado.

Pero una pregunta fundamental sigue sin respuesta. ¿Cómo hará la ONU para convencer a los países ricos y las compañías trasnacionales de ayudarla a recaudar los billones necesarios para cumplir esas metas, que incluyen la erradicación de la pobreza y el hambre para 2030?

Según el foro mundial, existe al menos una “fuente oculta” de financiamiento para el desarrollo, sobre todo para el continente más pobre del mundo: las transferencias financieras ilícitas (TFI) procedentes de África, calculadas en más de 50 mil millones de dólares anuales.

James Zhan, director de Inversión y Empresas en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD, por su sigla en inglés), señaló que la lucha contra las TFI es esencial para que África pueda cumplir con los ODS.

Se calcula que entre 2002 y 2012 salieron de África 530 mil millones de dólares en forma de TFI, afirmó.

“Ése fue un costo enorme para el desarrollo del continente ya que esos recursos se podrían haber invertido en el desarrollo económico y la transformación estructural de África”, subrayó.

Esas transferencias socavan las instituciones, drenan al Estado de recursos económicos muy necesarios, reducen la base de recursos destinados al desarrollo y generan cargas fiscales nacionales más elevadas para cubrir el déficit de fondos, explicó Zhan.

Los ODS también abarcan la educación de calidad, la mejora de la atención de salud, la igualdad de género, la energía sostenible, la protección del medio ambiente y la asociación mundial para el desarrollo sostenible.

Bhumika Muchhala, investigadora de la Red del Tercer Mundo, dice a Inter Press Service (IPS) que las tres causas principales de las TFI son la evasión de impuestos al comercio, las actividades delictivas y la corrupción gubernamental.

Muchhala manifiesta que la evasión y la elusión fiscal, así como la manipulación de los precios en las transferencias de las empresas trasnacionales –en particular en el sector de la minería– constituyen el principal problema, junto con prácticas de lavado de dinero y actividades delictivas, como el tráfico de drogas y de mano de obra.

Como destacan movimientos sociales, organizaciones no gubernamentales, académicos y políticos, esto no sucede por accidente, añade. Muchos países y sus instituciones facilitan activamente y cosechan enormes ganancias con el robo de grandes cantidades de dinero de los países en desarrollo, afirma.

“Esto deshace décadas de desarrollo económico y sabotea las posibilidades de crecimiento de las generaciones futuras más allá de la necesidad de la ayuda económica”, expresa Muchhala.

Tras una investigación realizada en 2014, un Grupo de Alto Nivel sobre TFI de África concluyó que la lucha contra este tipo de transferencias ya no era una opción, sino una absoluta necesidad.

El grupo especial, establecido por la Comisión Económica para África de la ONU, pidió a la Unión Africana que, junto con sus instituciones asociadas, elabore un marco de gobernanza mundial para determinar las “condiciones en que los activos se congelan, gestionan y repatrían”.

El presidente del Consejo Económico y Social de la ONU, Oh Joon, sugirió a los delegados de una mesa redonda, celebrada en octubre, que África, al igual que otras regiones, tendría que movilizar los recursos dentro del propio Continente.

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La salida ilegal de fondos representa una importante pérdida de reservas de divisas, erosión de la base imponible legal y oportunidades perdidas de inversión de las rentas de los recursos naturales, agregó.

Como se calcula que las TFI del Continente ascienden a 50 mil millones de dólares por año, la eficacia de la movilización de los recursos nacionales se reduciría sobremanera si esas transferencias continuaran, argumentó.

Ante la Asamblea General de la ONU en septiembre, el presidente de Senegal, Macky Sall, declaró que las TFI procedentes de África prácticamente superaron la asistencia oficial para el desarrollo que recibe el Continente, y que equivale aproximadamente a entre 50 mil millones y 55 mil millones de dólares anuales.

“Si se recuperara el 17 por ciento de esos activos, los países africanos podrían pagar la totalidad de sus deudas y financiar su propio desarrollo”, pronosticó.

Zhan informó que África fue la única región en la que las TFI representaron cerca del 5 por ciento de su producto interno bruto.

El funcionario instó a la transparencia y la rendición de cuentas a través del fortalecimiento de la sociedad civil y pidió que se fomenten las reformas institucionales y la creación de comisiones anticorrupción.

Los gobiernos africanos tienen la gran responsabilidad de lidiar con el problema, pero también la tiene la comunidad internacional, recordó.

Las empresas trasnacionales y la inversión extranjera directa también son una parte importante de la solución. Organismos de la ONU, como la UNCTAD, podrían asesorar a los gobiernos africanos a diseñar políticas de inversión y manejar la evasión fiscal y las prácticas ilícitas de las corporaciones, recomendó Zhan.

Muchhala dice a IPS que muchas organizaciones destacan la urgente necesidad de reformar las políticas de intercambio de la información y de transparencia en la Unión Europea y Estados Unidos, mientras que la Red de Justicia Fiscal, un movimiento social integrado por diversas organizaciones no gubernamentales, hizo hincapié en la necesidad de combatir la evasión y la elusión fiscal.

En este sentido, una campaña para la creación de un organismo fiscal internacional integrado por los Estados miembros de la ONU, realizada durante la tercera conferencia de Financiación para el Desarrollo celebrada en Adís Abeba, Etiopía, en julio pasado, no prosperó debido a la resistencia de los países industrializados.

Aunque eso fue una gran decepción, la presión del Sur en desarrollo y de movimientos sociales para que se cree un organismo fiscal internacional persistirá tanto dentro como fuera de la ONU, asegura Muchhala. (Traducción de Álvaro Queiruga)

*Investigación del proyecto de medios de IPS América del Norte, Global Cooperation Council y Devnet Tokio

[BLOQUE: INVESTIGACIÓN] [SECCIÓN: LÍNEA GLOBAL]

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Contralínea 463 / del 16 al 22 de Noviembre 2015

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