Muerte y drogas en Colima

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Colima es un pequeño estado de la República –física y poblacionalmente–, en el cual su universidad es de gran importancia. Lo mismo para acoger o desarrollar actividades (hace años se fundó la cátedra Manuel Buendía y se efectuaron sesiones acerca de los cambios que, todavía, necesita el derecho a la información, por ejemplo) que para proyectar a diversos políticos, los cuales han llegado, incluso, al gobierno del estado. De los más importantes en los últimos tiempos ha sido Fernando Moreno Peña, que encabezó el Ejecutivo local de 1997 a 2003.

Ese individuo fue primero dirigente estudiantil de la universidad colimense, luego rector y finalmente mandatario. Pero no se crea que hace 12 años, al terminar su encomienda, se fue a gozar de sus millones, sino que continuó haciendo de las suyas, lo mismo influyendo en las sucesiones de su terruño que llevando a cabo trampas en otros estados, y varios informadores dicen que ligado a grupos mafiosos.

El sucesor de Moreno fue Gustavo Vázquez, quien participó en dos elecciones, ya que en la primera se le descubrió un fraude monumental. En la siguiente logró el triunfo, pero le duró poco, ya que en 2005 la avioneta en la que viajaba estalló y no hubo, como es regular en nuestro país, una investigación a fondo, no obstante que con el entonces góber viajaban seis personas más. Recordemos el caso de Juan Camilo Mouriño.

Después se encumbró en el poder Silverio Cavazos, el cual fue ultimado a tiros en 2010. Su esposa, Idalia Gómez Pimentel, acusó a Fernando Moreno de estar detrás de ese nuevo magnicidio. Un sobrino de este último, Samuel Rodríguez Moreno, fue implicado en el asunto, pero el caso no pasó a mayores, no obstante que poco tiempo después asesinaron a Lorena Vázquez y Cecilia Rocha Vázquez, hermana y sobrina del citado Silverio.

La muerte iba rodando por todos los caminos que conducían a un sitio donde un volcán y una playa hermosa son referentes en la historia mexicana.

No se crea que la operación política de Moreno Peña era únicamente en Colima, con una población de 900 mil personas. También el priísta hacía de las suyas lo mismo en Jalisco y Nayarit –donde influyó en elecciones locales y federales– que en Michoacán. En la tierra de los Cárdenas contribuyó ampliamente para que llegara Fausto Vallejo, el exgobernador que utilizaba a su hijo Rodrigo (el Gerber) para tener relaciones y acuerdos con Servando Gómez, la Tuta (líder de los cárteles La Familia Michoacana y Los Caballeros Templarios). Y recordemos que al júnior se le encarceló pero salió tras pagar una irrisoria multa de 7 mil pesos (sic que se siente devaluado).

Hace poco se le mandó a Fernando a supervisar y controlar las elecciones en Guanajuato. La mayoría de los precandidatos se inconformó porque las encuestas estaban hechas a modo para que triunfaran los que habían llegado a acuerdos múltiples con el enviado priísta Moreno Peña. Además, la empresa que realizó la auscultación estaba ligada al multicitado colimense.

Desde tiempo atrás, los comicios en la tierra de Miguel de la Madrid eran ganados por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) con márgenes de cuatro puntos o más. Pero en la más reciente, este año, el priísta José Ignacio Peralta, quien compitió contra el panista Jorge Luis Preciado, únicamente obtuvo un margen raquítico: 503 votos; o mejor dicho: .018 por ciento del total (o que ha traído una controversia electoral que todavía no se resuelve, a pesar que la toma de posesión es el 1 de noviembre).

Ello fue así porque Peralta, que era subsecretario de Comunicaciones y Transportes y muy ligado a Luis Videgaray, el poderoso secretario federal de Hacienda y Crédito Público, no está relacionado con los grupos políticos de Colima.

En este contexto, el 13 de octubre, en el restaurante Los Naranjos, Fernando Moreno Peña fue baleado por dos individuos. Seis impactos lo dejaron mal herido. El gobernador Mario Anguiano, ligado a la víctima, reiteró igual que hace años que se aplicará todo el peso de la ley y se aprehenderá a los responsables; al parecer ya están identificados (sic envejecido que ha escuchado lo mismo desde hace 4 décadas).

No debemos olvidar que Manzanillo es un puerto donde la cocaína y las anfetaminas se envían por montones a Estados Unidos, no obstante que hayan existido operativos para impedirlo. Y que hace tiempo los hermanos Valencia, José de Jesús, Adán y Luis, eran considerados los reyes del cristal en México. Ellos están desde hace tiempo recluidos en Estados Unidos, pero el negocio continúa, hoy ampliado a Michoacán, Nayarit y Jalisco.

En Colima, donde hay sitios increíbles como el pueblo de Comala, que es el reverso de la medalla de lo que nos describe Juan Rulfo en El llano en llamas, la relación narcos-universidad-priísmo ha traído una situación desfavorable para toda la entidad y estados vecinos.

José Luis Preciado, el panista que se enfrentó a Ignacio Peralta, dice que es necesaria la atracción del atentado por la Procuraduría General de la República. Sabemos de la inoperancia de esa institución, aunque desde luego es mejor que las “investigaciones” en la multicitada entidad, donde los capos de las drogas y los políticos han creado un entramado singular.

En la caricatura del Fisgón (La Jornada, 14 de octubre de 2015) encontramos la clave de lo que padecemos actualmente: si alguien mata un periodista, es porque el informador tenía nexos con los narcotraficantes; si es el caso de un político, nadie sabe nada (sic que se rasca la cabeza para dejar pasar).

Jorge Meléndez Preciado*

*Periodista

[BLOQUE: OPINIÓN] [SECCIÓN: ARTÍCULO]

Contralínea 460 / del 26 de Octubre al 01 de Noviembre 2015

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