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Las autoridades de Macedonia neutralizan un grupo armado cuyos jefes estaban bajo vigilancia desde hace al menos 8 meses. Evitaron así un nuevo intento de golpe de Estado, planificado por Washington para el 17 de mayo pasado. El objetivo de la intentona era extender a Macedonia el caos ya instaurado en Ucrania para cortar el paso a un oleoducto ruso hacia la Unión Europea

Thierry Meyssan/Red Voltaire

Damasco, Siria. La operación de Kumanovo. En la madrugada del 9 de mayo de 2015, la Policía de Macedonia emprendió una operación contra un grupo armado sospechoso de preparar una serie de atentados después de haberse infiltrado en el país.

Antes de iniciar el asalto, la Policía había procedido a evacuar los civiles residentes en el lugar.

Ante la resistencia de los sospechosos, que abrieron fuego contra los policías, se desató un combate durante el cual se registraron 14 muertos entre los terroristas, ocho muertos entre los miembros de las fuerzas del orden y un número aún indeterminado de heridos. Al menos 30 personas fueron arrestadas.

Intento de golpe de Estado

Es evidente que la Policía de Macedonia estaba muy bien informada antes del inicio de la operación contra el grupo armado. Según el ministro del Interior, Ivo Kotevski, el grupo estaba preparando una operación de gran envergadura para el 17 de mayo, es decir, durante la manifestación convocada por la oposición de lengua albanesa en Skopje.

La identificación de los sospechosos permitió comprobar que casi todos eran exmiembros del Ejército de Liberación de Kosovo (UCK, por su sigla en albanés).

Entre esas personas se encuentran:

• Sami Ukshini, más conocido como el Comandante Sokoli, cuya familia desempeñó un papel histórico en el seno del UCK.

• Rijai Bey, conocido como exguardaespaldas de Ramush Haradinaj. Haradinaj es conocido a su vez como traficante de drogas, jefe militar del UCK y primer ministro de Kosovo. Rijai Bey fue juzgado dos veces por el Tribunal Penal Internacional para la entonces Yugoslavia, bajo la acusación de crímenes de guerra. Resultó absuelto ya que nueve testigos fundamentales fueron asesinados durante el juicio.

• Dem Shehu, actual guardaespaldas del líder de lengua albanesa y fundador del partido Unión Democrática para la Integración (BDI, por su sigla en albanés) Ali Ahmeti.

• Mirsad Ndrecaj, más conocido como el Comandante de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte), nieto de Malic Ndrecaj, quien fuera comandante de la 132 brigada del UCK.

Los principales jefes de la operación planeada por el grupo armado, entre los que figuraba Fadil Fejzullahu (muerto en el asalto), son personajes vinculados a Paul Wohlers, embajador de Estados Unidos en Skopje.

El embajador de Estados Unidos en Skopje es hijo del diplomático estadunidense Lester Wohlers, quien tuvo un papel importante en la propaganda atlantista y dirigió el servicio cinematográfico de la Agencia de Información de Estados Unidos (USIA, por su sigla en inglés). El hermano de Paul, Laurence Wohlers, es actualmente embajador en la República Centroafricana. El propio Paul Wohlers, expiloto de la Marina estadunidense (US Navy), es un especialista en contraespionaje. Fue director adjunto del Centro de Operaciones del Departamento de Estado, es decir, del servicio a cargo de la protección y vigilancia de los diplomáticos estadunidenses.

Como para que no queden dudas sobre quién se halla detrás del grupo armado de Kumanovo, el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, hizo una intervención pública incluso antes de que terminara el asalto. Pero Stoltenberg no condenó el terrorismo ni respaldó al gobierno constitucional de Macedonia. Lo que hizo fue convertir el grupo terrorista en una oposición étnica legítima:

 “Es con gran inquietud que estoy siguiendo los acontecimientos de Kumanovo. Expreso toda mi simpatía a las familias de las personas muertas o heridas. Es importante que todos los dirigentes políticos y responsables de comunidades se esfuercen juntos por restaurar la calma y que hagan que se realice una investigación transparente para determinar lo sucedido. Llamo encarecidamente a cada cual a mostrar contención y a evitar toda nueva escalada, en interés del país y de la región en su conjunto.”

Para no entender habría que estar completamente ciego.

En enero de 2015, la exyugoslava República de Macedonia desmantelaba un intento de golpe de Estado a favor del jefe de la oposición, el socialdemócrata Zoran Zaev. Cuatro personas eran arrestadas y las autoridades confiscaron el pasaporte de Zaev mientras que la prensa atlantista comenzaba a denunciar una “deriva autoritaria del régimen” (sic).

Zoran Zaev goza del respaldo que le aportan públicamente las embajadas de Estados Unidos, del Reino Unido, de Alemania y de los Países Bajos. Sin embargo, en el intento de golpe de Estado sólo existen indicios, hasta ahora, de la participación de Estados Unidos.

El Partido Socialdemócrata (SDSM) de Zoran Zaev había convocado a la realización de una manifestación. Esa formación política tenía previsto distribuir 2 mil máscaras para impedir la identificación de los terroristas que estarían entre los manifestantes. Durante la manifestación, el grupo armado y enmascarado atacaría varias instituciones para iniciar una revolución similar a la de Maidan, en Kiev, Ucrania.

El golpe de Estado estaba coordinado por Mile Zechevich, exempleado de una de las fundaciones del multimillonario George Soros.

Para entender el marcado interés de Washington en derrocar el gobierno de Macedonia, tenemos que referirnos a la guerra de los gasoductos y recordar que la política internacional es como un tablero de ajedrez, donde cada pieza que se mueve tiene repercusiones sobre las demás.

La guerra del gas

Desde 2007, Estados Unidos está tratando de cortar los vínculos entre Rusia y la Unión Europea. Obligando a Bulgaria a anular su participación, Washington logró sabotear el proyecto South Stream. Pero el 1 de diciembre de 2014, para sorpresa de todos, el presidente ruso Vladimir Putin iniciaba un nuevo proyecto al convencer al presidente turco Recep Tayyip Erdogan de firmar un acuerdo con Rusia, a pesar de que Turquía es miembro de la OTAN. Lo previsto en el nuevo proyecto era que Moscú abastecería de gas a Ankara, que a su vez abastecería a la Unión Europea, burlando así el embargo antirruso decretado por Bruselas. El 18 de abril de 2015, el nuevo primer ministro griego Alexis Tsipras daba su aprobación para que el gasoducto pasara por su país. Por su parte, el primer ministro de Macedonia, Nikola Gruevski, había negociado discretamente el asunto en marzo. Y Serbia, participante del proyecto South Stream, había expresado al ministro de Energía de Rusia, Alexander Novak, al recibirlo en Belgrado en abril, que estaba dispuesta a participar en el proyecto Turkish Stream.

Empeñado en detener el proyecto ruso, Washington emprendió diferentes acciones:

En Turquía apoya al Partido Republicano del Pueblo (CHP, por su sigla en turco) contra el presidente Erdogan con la esperanza de lograr que este último perdiera las elecciones; en Grecia, el director del Buró de Recursos Energéticos de Estados Unidos, Amos Hochstein, llegó a Atenas el 8 de mayo para intimar con el gobierno de Tsipras y convencerlo para que renuncie a su acuerdo con Gazprom; en Macedonia, Washington tenía previsto bloquear la ruta del nuevo gasoducto poniendo en el poder a una de sus marionetas; y en Serbia está reactivando el proyecto de secesión de Voivodina, que es precisamente el punto del territorio serbio que garantizaría la conexión del gasoducto con Hungría.

Último señalamiento, pero no por ello menos importante: el Turkish Stream alimentará Hungría y Austria con gas ruso, lo cual pondría fin al proyecto alternativo que Estados Unidos ya tiene negociado con el presidente Hassan Rohani ?en contra de la opinión de los Guardianes de la Revolución? para ofrecer aprovisionamiento en combustible con el gas iraní.

Thierry Meyssan/Red Voltaire

 

 

 

Contralínea 438 / del 25 al 31 de Mayo 2015